¿Cuántas veces durante nuestra vida, por breve que pueda ser, hemos recitado el Gloria Patri?¿Cómo saberlo y cómo llevar la cuenta? Ni siquiera con los más sofisticados ordenadores sería posible. Ciertamente son muchas veces, un número incalculable. Dios, quien cuenta nuestros días y nuestras obras, aquellas buenas y aquellas malas, ¡sólo Él lo sabe! Como cristianos, recitamos este rezo después de cada decena del Rosario, antes de enunciar un nuevo misterio y de iniciar la contemplación. También en la conclusión de los salmos que terminan todos en Gloria he aquí la bella doxología: “sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen”.

Aquel sicut erat, queridos amigos, nos sugiere el título para una nueva columna de nuestro diario si si no no, fundado, hace más de 40 años, por aquella alma santa que fue don Francesco Maria Putti. Como don Villa, también don Putti ha sido un ejemplar y orgulloso anti-modernista y su obra continúa, gracias a las Discípulas del Cenáculo por él fundadas, que han heredado la singular misión.

[mks_pullquote align=”right” width=”300″ size=”24″ bg_color=”#000000″ txt_color=”#ffffff”]Se reza, se canta y se vive de manera disconforme a la fe de siempre; porqué es más difícil que nunca, encontrar la Iglesia de siempre.[/mks_pullquote]“A sicut erat non torrat mai!”. Así cantan muchos coros polifónicos sardos, compuestos, básicamente, por voces masculinas, poderosas y viriles; pero, de esta expresión, compartimos el contenido. ¿Nada será como antes? Quizás, la mayoría de las veces, sea verdad; pero nosotros nos obstinamos a remarcar que es extremamente necesario -hoy más que nunca, por tantas cosas y por la fe en particular- retornar al pasado, a los orígenes del cristianismo, al Credo de los Apóstoles.

En el pasado, cuando no existía la confusión y la falta de fe que reinan tranquilamente hoy en día, había una gran uniformidad en la profesión de la verdadera fe. Entonces, el lenguaje de la jerarquía en la Iglesia, era unánime y las directivas de los pastores eran las mismas, dictadas por el Pontífice Romano; también el pueblo cristiano tenía uniformidad al rezar, al cantar y al vivir.

Entonces, hasta aproximadamente 1961, se podía decir que lex orandi, lex credendi. Pero ahora, 55 años después, ¡no se puede decir que sea así! Se reza, se canta y se vive de manera disconforme a la fe de siempre; porqué es más difícil que nunca, encontrar la Iglesia de siempre.

Y esto se verifica no sólo en Italia, no sólo en Europa, sino en todos los continentes, bajo todas las latitudes, en el hemisferio norte y en el hemisferio sur. Es prácticamente imposible encontrar la “ciudad fortificada” y la “nación santa”. Sin embargo, no faltan las excepciones y, más allá de que se hayan abandonado los estudios dogmáticos y el tomismo, más allá de que no se lea a los Padres de la Iglesia, más allá del desbarajuste general, el Dogma de la fe permanece en un “pequeño rebaño”.

Ahora, que muchos han dado la espalda al Creador; ahora, que el mundo niega al Salvador y le ultraja con los pecados más terribles; ahora, que muchos reciben la Eucaristía sin fe y con poco respeto, debemos ofrecer toda la reparación posible al Corazón Divino y Sangrante de Jesús, al Corazón Inmaculado y Dolorido de María, al Corazón Castísimo y paternalmente Piadoso de San José. De verdad arrepentidos, retornemos todos al Señor y no pequemos más, humillémonos y pidamos perdón, antes que nos invadan aquellos que sienten odio por aquello que es más sacro, antes que sea demasiado tarde y que sintamos los disparos a derecha y a la izquierda.

Presbiter senior

[Traducido por Fernando Suárez]

SÍ SÍ NO NO
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