Sólo les queda la ley”. Efectivamente, los partidarios de matar a los inocentes no tienen otra cosa a la que agarrarse: solo la ley. Y no tienen otra cosa, no tienen argumentos dignos de la persona humana, porque las “soluciones” que aportan, MATAR –aborto, eutanasia-, además de ser su única aportación –su imaginación no va más allá, no dan más de sí-, es cruel por inhumana: es decir, INDIGNA DEL HOMBRE, porque MACHACA SU PERSONAL E INVIOLABLE DIGNIDAD.

Se oye a la sangre de tu hermano clamar a Mí desde el suelo (Gn 4, 10). Así habla, así nos lo revela Dios mismo desde las primerísimas páginas de la Biblia, en los mismos albores de la Humanidad. Y nos revela también que Él mismo se hace valedor y, por tanto, Justicia, de la víctima frente al agresor.

Las palabras que dirige a Caín, que acaba de matar a Abel son terroríficas: por ser Dios mismo quien habla, y por su significado y simbolismo: Maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Aunque labres el suelo, no te dará más su fruto. Vagabundo y errante serás en la tierra (íd., 11-12).

Sí. Caín se convierte en un maldecido por Dios, en un hombre maldito, un maldito entre los hombres, señalado ante todos por haber matado a su inocente hermano. Y su sangre clamó a Dios, “dador de vida”. Porque se había convertido en un asesino de su hermano, inocente; y, por eso mismo, grato a Dios.

Ni la misma tierra puede acogerle –ni responderle a favor de sus trabajos- porque había acogido la sangre de su hermano, que Caín había derramado injustamente.

¡Que en pleno siglo XXI, con los avances de la Medicina, con el raudal de dinero que manejan las administraciones públicas, especialmente en el primer mundo –y que dilapidan tan torpe e inmoralmente los mismos poderes públicos-, la única solución ante un problema que no lo es -un problema “inventado” única y exclusivamente por la inhumanidad del corazón de los hombres-, sea matar…! ¡Y, para más iniquidad, “legalizar” “eso” precisamente…, para cubrirse las espaldas y actuar con absoluta impunidad…!

¿Por qué se llega a esto? ¿Desde qué presupuestos? Yendo a la raíz verdadera del tema, no hay más respuesta que la soberbia del hombre que pretende organizarse la vida, personal y socialmente, como si Dios no existiera. Y pasa lo que pasa. Y lo que pasa es esto: “El Tribunal Europeo de Derechos Humanos permite dejar morir al francés Vincent Lambert -tetrapléjico, en estado vegetativo-, acción que no viola su derecho a la vida”.

Y esto, a petición de su esposa y de sus hermanos: ¡ten mujer y hermanos para esto! Y en contra de la petición de sus padres y de otros dos de sus hermanos que se oponían a  que lo desconectasen, y lo dejasen morir de sed, de hambre, de dolor y de soledad.

Eso sí: en esta sociedad cruel e inhumana escuchaba por a radio oficial de este país, qué hacer si uno se encuentra un perro abandonado, o herido en una carretera, para atenderle y que no sufra, el pobrecito.

No se puede ser más cínicamente cruel que perteneciendo al TEDH: porque dice que poner una acción que se sabe que tiene como único efecto –por eso se pide, y se hace; y por eso se pronuncia el Tribunal: para que no haya persecución policial y jurídica sobre los que lo instigan y perpetran- la MUERTE de una persona…, eso, exactamente eso, NO VIOLA SU DERECHO A LA VIDA.

O sea: lo matas; pero no le quitas la vida, ni violas su derecho a la vida. Esta es la lógica del como si Dios no existiese: QUE EL HOMBRE SE QUEDA SIN REFERENCIAS Y SIN REFERENTES. Y, entonces, cabe todo, porque ya no se está sujeto a la verdad de la persona humana, y al bien de la persona humana. Y lo mismo se mata fría y cruelmente a una persona que se legisla para que se les trasladen a los grandes simios los “derechos humanos”, o se llama “matrimonio” a lo de los homosexs, o se quita el nombre de “padres”, o se pretende que un niño tenga “dos padres” o “dos madres”, o se insemina a una señora igualándola a una vaca, o se le da, de por vida, a una vaca una pensión de viudedad por la muerte de su amo, que se había “casado” con ella: que se querían mucho.

Todo lógico. En línea con la lógica del como si Dios no existiese. Si no hay Dios, no hay hombre. Si no hay Dios, el hombre no tiene ningún sitio en el que refugiarse. Si no hay Dios, no hay Justicia, porque no existe el Justo. Ni hay Bien. Ni Verdad. No queda nada. No hay nada. Solo el horror.

Padre José Luis Aberasturi y Martínez