“… Y además obtener la victoria de nuestra Santa Madre Iglesia sobre sus enemigos, la conversión de los pecadores, el regreso a la fe católica de los herejes y, especialmente, de Inglaterra, por la que oraste tanto…”, de la tradicional novena a San Pablo de la Cruz en su festividad el 28 de abril, según el antiguo santoral, en Filotea ossia l’anno santificato (devocionario y meditaciones, el año santificado, pág, 313, Roma 1923).

De forma extraña, como en el caso de su beatificación el 19 de septiembre de 2010, también con ocasión de su canonización el 13 de octubre de 2019, hasta donde podemos ver, el fascinante trasfondo que llevó a la conversión de San John Henry Newman (1801-1890) fue casi ignorado por la aplastante mayoría de los medios predominantes seculares y no seculares, impresos y electrónicos. Aun así, y como puede entenderse, su conversión no le vino de la nada, sino que puede ser vista como el resultado de un proceso de un siglo que podemos datar, por lo menos, desde 1694, el año en que San Pablo de la Cruz (1694-1775), fundador de los Pasionistas, nacía en Ovada, un pueblo de la provincia de Alessandria del Piamonte. ¿Pero qué tiene que ver San Pablo de la Cruz con San John Henry Newman? Muy brevemente: todo.

En 1845, John Henry Newman fue recibido en la Iglesia Católica por un pasionista, el Beato Padre Domenico Barberi (1792-1849), también conocido como Domenico della Madre di Dio, que era precisamente hijo espiritual de San Pablo, el cual le había ordenado establecer una misión pasionista en Inglaterra. Incidentalmente, por coincidencia o designio, la canonización del Beato Newman ha tenido lugar en octubre de 2019, proclamado como mes misionero extraordinario para celebrar el centenario de la carta apostólica del papa Benedicto XV Maximum illud, con el fin de promover una mayor conciencia de la missio ad gentes (misión a todos los pueblos).

Mas ¿por qué una misión en Inglaterra? Lo que la mayoría puede desconocer es que, por razones misteriosas, el regreso de Inglaterra a la grey católica se convirtió en una de las mayores preocupaciones apostólicas de San Pablo, hasta el punto de que hizo de él uno de los principales propósitos de su apostolado. Como cuenta su biografía del padre pasionista Luigi-Teresa di Gesù Agonizzante (S. Paolo della Croce, Roma 1952), durante su primer viaje a Roma en 1721, rezó ante la imagen milagrosa de Nuestra Señora Salus Populi Romani en la basílica de Santa María la Mayor, e hizo voto de propagar la devoción a la pasión de Nuestro Señor por el mundo (pág. 69). La posición central de Inglaterra en esta misión, como revela la biografía (págs. 248-249), no podía explicarla el mismo santo en términos humanos, como si una fuerza misteriosa le empujara en esa dirección. Como no era voluntad suya hacerlo, debía ser ciertamente mandado por Dios. Rezó por la conversión de Inglaterra durante cincuenta años, primero y sobre todo durante la misa matinal. Un día, durante una de estas misas, se cuenta que tuvo una visión de media hora de la Inglaterra del futuro, así como que otro día, al fin de su misa, exclamó: “¡Oh, lo que he visto esta mañana! ¡Mis hijos, los pasionistas, en Inglaterra!”, al tiempo que se deshacía en lágrimas de consuelo. De hecho, el sueño del santo de establecer una misión pasionista comenzó a hacerse realidad cuando el venerable padre pasionista Domenico Barberi arribó a Inglaterra en 1841.

Por eso, si el papa Francisco ha podido canonizar a John Henry Newman, debemos agradecérselo a San Pablo porque, si fue indirectamente responsable de su conversión, fue el Beato Domenico Barberi el responsable directo de ésta. De hecho, como se cuenta en la biografía del padre pasionista Federico della Addolorata (Il beato Domenico della Madre di Dio, Isola dei Liri 1963), el padre Barberi desempeñó un papel importante en la conversión de Newman (pág. 398) y fue él quien recibió al entonces destacado sacerdote e intelectual anglicano dentro de la Iglesia Católica el 9 de octubre de 1845 (págs. 383-385).

“La significación de Domenico Barberi para John Henry Newman no puede sobreestimarse”, dijo el padre provincial de Inglaterra  P. John Kearns en Independent Catholic News online (15 de octubre de 2019). “Incluso antes de llegar a Inglaterra, el Beato Domenico mantuvo una correspondencia importante y alentadora con el Movimiento de Oxford y, de este modo, se hizo conocido y apreciado para el nuevo santo”. Se dice que Newman afirmó que “todavía necesitaba ver algo en la Iglesia Católica que no pudiera encontrar en su propia tradición; es decir, a alguien que fuera pobre y descalzo entre los miembros más abandonados de la sociedad. Esto lo vio en Domenico y, así, no fue por accidente que John Henry pidiera al pasionista que le recibiera en la Iglesia Católica Romana. Newman decía que había algo especial en Domenico, tanto que con sólo mirarle le hacía consciente de la presencia de Dios” (op. cit.).

Como reseña el P. Alexander Lucie-Smith en Catholic Herald (28 de agosto de 2017), esto es lo que el propio Newman decía del pasionista italiano:

“El padre Domenico era un misionero maravilloso y un predicador lleno de celo. Tuvo mucho que ver en mi propia conversión y en la de otros. Su simple aspecto tenía algo de sagrado. Cuando se me ofrecía a la vista su silueta, me movía en lo más profundo de la forma más extraña. La alegría y afabilidad de sus modales en medio de toda su santidad eran un sermón santo en sí mismos. No es de sorprender que yo me volviera converso y penitente suyo. Tenía un gran amor por Inglaterra”.

A pesar de ser conocido por su amabilidad y su sentido del humor, el P. Lucie-Smith continúa:

“Era el celo su principal característica, lo que llevaba las almas a Dios. En verdad creía con todo su corazón lo que quería que la gente también creyera, y sus conversos lo sabían. Por eso había tantos”.

De hecho, el Beato Barberi tuvo que pagar un alto precio por los frutos de su apostolado durante sus años en Inglaterra, donde estableció tres iglesias y varias capillas, predicó innumerables misiones y recibió a cientos de conversos. En el corazón de su acción había unos secretos muy simples: oración incansable y penitencia rigurosa. Después de todo, esta es la receta básica para un apostolado exitoso; no hay atajos. Baste pensar en san Juan Bautista María Vianney (1786-1859), comúnmente conocido en inglés como San Juan Vianney y a menudo citado como el Cura de Ars, que empezó su misión en Ars con una parroquia completamente vacía, amarga consecuencia de la crisis religiosa desencadenada por la Revolución Francesa. Pero con sus incesantes oración y penitencia, de forma lenta pero segura, la iglesia comenzó a llenarse, con el resultado de las interminables y crecientes horas pasadas en el confesionario para los penitentes que venían de toda Francia y más allá.

De un modo muy similar, la penitencia y el sufrimiento consiguientes que soportó el Beato Barberi fueron la base de su éxito, en cuanto al creciente número de fieles y conversos de su comunidad inicial de Aston and Stone. Esta penitencia tenía muchas facetas, que incluyen la frecuente hostilidad verbal y física de la gente común, los ministros protestantes e incluso los católicos del lugar, cuyo mayor temor era que estos “intrusos” pudieran encender la chispa de un nuevo aluvión de persecuciones. Ante los jóvenes que le tiraban piedras y barro mientras caminaba en su hábito de pasionista, reaccionaba besando cada piedra que le golpeaba y metiéndosela en el bolsillo. Dos de ellos se vieron tan edificados que decidieron hacerse católicos. Y aquí, de paso, no podemos sino pensar en un episodio similar durante la Breccia di Porta Pia, o la captura de Roma el 20 de septiembre de 1870, cuando el ejército piamontés acabó con la existencia de los Estados Pontificios bajo la Santa Sede después de más de un milenio: uno de los oficiales que dirigía la carga sobre la Ciudad Eterna terminó arrepintiéndose y se hizo sacerdote.

Pero los sufrimientos del Beato Barberi antes de la conversión de Newman son sólo una de las caras de la medalla; la segunda son los sufrimientos que soportó el propio Newman después de su conversión. “Uno de los aspectos más importantes de su vida es el largo y dificultoso viaje que hizo hacia la totalidad de la fe de la Iglesia Católica”, dijo el cardenal Vincent Nichols, obispo de Westminster y cabeza de la Conferencia Episcopal Inglesa, en una carta pastoral del 29 de septiembre (cfr. Catholic News Agency, 30 de septiembre de 2019), “le costó muy cara. Aun así, fue una parte esencial de su testimonio”.

Sus palabras tuvieron eco el 14 de octubre de 2019, con ocasión de la misa de acción de gracias por la canonización de Newman, celebrada en la basílica de San Juan de Letrán de Roma por el obispo británico de Hexham and Newcastle, monseñor Robert Byrne. De hecho, como refiere el Catholic Herald (15 de octubre de 2019):

“La conversión de Newman en 1845 a la fe católica fue controvertida en Inglaterra y resultó en la pérdida de muchos amigos, incluida su propia hermana, que no volvió a hablarle nunca”.

Pero para compensar, “hizo mucho para promover la causa cristiana el traer la Congregación del Oratorio a Inglaterra, fundar una universidad en Irlanda y un colegio en Edgbaston”, afirmó monseñor Byrne durante la misa (cit.). “Trabajó sin descanso como párroco y tuvo un cuidado paternal hacia su comunidad del Oratorio. Guió a incontables gentes con cartas de dirección y consejo espiritual. Dio luz a los que buscaban la verdad y sigue haciéndolo por medio de sus publicaciones sobre teología, filosofía, sermones y oraciones”.

En otras palabras, la importancia y el impacto de su legado fueron inmensos, como su alteza real misma, el Príncipe de Gales, reconoció en su artículo del Osservatore Romano el 12 de octubre de 2019 en honor del santo recientemente proclamado. Como inmenso es probablemente el número de los que, especialmente entre los pueblos de habla inglesa, han abrazado la fe católica gracias a su perdurable legado, tanto que se dice que muchos de ellos han asistido a su canonización (ver “Newman converts come home to Rome for canonization” [“Los conversos de Newman van a casa, a Roma, para la canonización”], Catholic News Agency, 13 de octubre de 2019).

En una entrevista de ZENIT del 23 de septiembre de 2019, se menciona a Joseph Pearce, un erudito británico y converso al catolicismo que ha publicado numerosos libros sobre los grandes intelectuales cristianos, Newman incluido:

“El número de conversos que deben su conversión, por la Gracia, a Newman, al menos en parte, es demasiado grande para ser contado. Como tales, unos pocos bastarán para ilustrar este punto”.

Entre otros, mencionaba a “Gerald Manley Hopkins, discutido como el mejor poeta de la era victoriana, que fue recibido en la Iglesia por Newman en 1866”; la conversión de Oscar Wilde en su lecho de muerte “… que se debió en parte a la seductora presencia de la perdurable influencia de Newman”; “Hilaire Belloc y J.R.R. Tolkien, estudiantes ambos del Colegio del Oratorio de Birmingham, que había sido fundado por Newman… El papel de Newman en su formación cristiana contribuyó a la fortaleza fiel que animó sus vidas como escritores católicos de la mayor importancia”; “pueden mencionarse otros, como Graham Greene, Evelyn Waugh y Muriel Spark, entre los muchos documentados en mi libro “Literatos conversos” (Ignatius Press), que debieron su conversión, al menos en parte, a la benigna influencia de Newman”. Finalmente, “debo mencionar que la bella y profunda “Apologia pro vita sua” de Newman tuvo un papel significativo en mi propio camino a la conversión”.

La entrevista de arriba tuvo lugar al tiempo de la visita de Benedicto XVI al Reino Unido, durante la cual beatificó a Newman en Birmingham el 19 de septiembre de 2010. Esta visita, casi olvidada hoy, resultó en un éxito extraordinario que dejó pasmados tanto a los simpatizantes como a los detractores. “Durante los cuatro días de actos, millones de personas de Inglaterra y Escocia abrieron de verdad sus corazones al Papa y a su mensaje de fe y razón en medio del lodazal de una cultura decadente”, recalcó Pearce en su entrevista (cit.). “A Newman se le considera justamente como el padre del renacer católico y el poder sísmico de su conversión continúa reverberando a lo largo del mundo anglohablante”.

No es exagerado afirmar que el venerable padre Barberi, con sus hermanos pasionistas y antes que ellos san Pablo de la Cruz (que, como ya se ha dicho, rezó por la conversión de Inglaterra durante cincuenta años y dejó este compromiso como legado espiritual a su congregación), deben ser también reconocidos por este arrollador éxito. De hecho, el Beato Padre Barberi no se limitó a aceptar todas las pruebas que inevitablemente se asociaban a su apostolado, sino que “hizo voto de renunciar a todo consuelo material y espiritual y se ofreció a sí mismo al Señor por la conversión de Inglaterra” (cf. Independent Catholic News Online, cit.), y de este modo consumió su vida a este fin en suelo inglés. No sorprende, pues, que su tumba en Saint Helen, en Sutton, se haya convertido en lugar de peregrinación. Es también el santuario del siervo de Dios, el pasionista P. Ignatius Spencer (otro de los conversos de Barberi y antepasado de la princesa Diana) y de la madre Elizabeth Prout, la fundadora de la rama femenina pasionista en Inglaterra. Es interesante que su trayectoria espiritual fuese similar a la de Newman: se convirtió al catolicismo al principio de sus veinte años bajo la influencia del padre Barberi y de otro pasionista, el padre Gaudentius Rossi, pero su conversión fue al principio recibida con gran hostilidad por parte de sus padres, los cuales, sin embargo, acabaron también por convertirse al catolicismo.

Alberto Canosa / Rome Reporter

(Artículo original, traducido por Natalia Martín)