Queridos hermanos, todos participamos de la Santa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo en este “teatro” de nuestra vida. No sólo en este tiempo de la Santa Cuaresma. Lo hacemos a lo largo del caminar de nuestros días. Cada uno tenemos un papel en la Sagrada Pasión. No siempre somos el Cirineo, o la Verónica o las santas mujeres. Somos también Judas, o Pilatos, o Herodes, o los sumos sacerdotes, Caifás, o los fariseos

San Pedro negó por tres veces a Nuestro Señor. Pilatos se lavó las manos, sin hacer justicia. Nosotros somos como todos ellos. Si algo no nos conviene nos desentendemos, lo despreciamos.

Todos recordamos la película de Mel Gibson -La Pasión-, verdaderamente estremecedora, pero una remota muestra de los que tuvo que ser la verdadera Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, el hombre nunca podrá imaginar lo que fue, aún menos reproducirla en una película. Pero aun así, viendo la película con atención y recogimiento el Espíritu Santo ilumina al alma haciéndola sentir contrición por sus propios pecados y verdadera aflicción por los padecimientos de Nuestro Señor, que sufrió por el Amor a cada uno de nosotros, para que ninguna de sus almas se pierda eternamente.

Encerrados en nuestro pecado exigimos a Dios Todopoderoso aquello que no nos ha querido otorgar.

Con verdadero estupor vemos cómo miembros destacados de la Jerarquía eclesiástica “predican” las bondades de la homosexualidad y están a favor de la Sagrada Comunión para los divorciaos vueltos a casar. No con menos estupor y dolor del alma católica contemplamos en directo el sacrilegio en masa cometido en la Santa Misa papal en Manila. Aunque aparentemente sigue su curso, no lo es.

Se pervierte la Palabra de Dios. Se profana su Santísimo Cuerpo. Se aviva la Santa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo con más flagelos, con la corona de espinas que traspasa todo entendimiento, aumentando el peso de la Santa Cruz, y agrandando sus Sacratísimas Llagas causando dolor sobre dolor. La Santa Pasión se reaviva más allá de la Santa Cuaresma, el sufrimiento se acentúa.

¿NO HAY ALIVIO PARA NUESTRO SEÑOR? No.

Parece que hemos olvidado lo que significa el TODO de TODOPODEROSO:

Padre Eterno Todopoderoso necesito amarte, y a tu Santísimo Hijo, dame el deseo de Amor de tu Santo Espíritu Divino, y que se haga tu Santa Voluntad, que has depositado en la fe de tu Santa Madre Iglesia. Amén.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa