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Traición de Judas. Negación de San Pedro

Composición de lugar. Oye cómo Jesús dice a Judas al besarle: “Amigo, ¿a qué has venido?”

Petición. Jesús mío, quiero primero morir que seros traidora.

Punto primero. Dos discípulos, hija mía, afligieron sobremanera el Corazón de Jesús en su Pasión: Judas vendiéndoles, y Pedro negándole. Como el diablo hubiese puesto ya en el corazón de Judas Iscariote el designio de entregar a Jesús, fue Judas a hablar con los príncipes de los sacerdotes y ancianos del pueblo sobre el modo con que se lo entregaría, y ellos se alegraron mucho oyéndole, y le prometieron dinero, y como era avaro, díjoles: “¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?” Y ellos convinieron con él en treinta monedas de plata, y Judas les dio su palabra, y desde entonces esperaba oportunidad de entregarles a Jesús sin ruido… Y estando Cristo nuestro Señor en el huerto con sus once Apóstoles, llegó Judas con un escuadrón de soldados con su tribuno, y con otros magistrados y ancianos, y muchos criados de los Pontífices y fariseos, a los cuales dijo Judas: “A quien yo besare, ese es Jesús; prendedle, y llevadle con cautela.” Y acercándose a Jesús , besóle, y díjole: “Dios te salve, Maestro.” El Señor le respondió: “Amigo ¿a qué has venido? ¿Y cómo, Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre?…” Pondera y detesta, hija mía, la enorme perfidia de Judas traidor. Mira a lo que conduce una pasión no reprimida; cómo busca lograr su perverso intento aun fingiendo amistad… Admira la caridad y mansedumbre de Jesús, sus trazas amorosos por convertir a este traidor… No tiene asco de que boca tan maldita llegue a su divino rostro, y le llama amigo, y le nombra por su nombre para que se convierta y se ablande aquel corazón duro… ¡Oh dulcísimo Jesús! ¡cómo no admitirás mis lágrimas y besos, aunque pecadora, pues admitiste no sólo los de la Magdalena arrepentida, sino los de Judas traidor!… Bendita sea tan infinita misericordia.

Punto segundo. San Pedro, elegido por Jesucristo para cabeza y fundamento visible de su Iglesia, para vicario suyo, uno de los Apóstoles más animosos y amantes del Señor, que blasonaba que no se escandalizaría aunque todos se escandalizasen, y estaba dispuesto a ir con Jesús a la cárcel y aun a la muerte y dar la vida por Él; no obstante, le niega tres veces como Jesús le había predicho, y fue de esta manera… Después que hubo cortado Pedro la oreja de un siervo a prender a Jesús, y haber dado permiso Jesús para que le prendiese, porque era arribada la hora y el poder de las tinieblas; viendo los Apóstoles lo que pasaba, que prendían a su Maestro, todos huyeron, dejándolo solo en manos de sus mas fieros y encarnizados enemigos. Mas después que todos los Apóstoles huyeron, Pedro volvió a seguir a Cristo, pero desde lejos, y con Él iba otros discípulos, el cual por ser conocido del pontífice entró dentro del patio, y entrando también Pedro, se juntó con los demás criados al fuego, porque que hacía frío. – A esta sazón llegó una mujercilla, criada del pontífice y portera de la casa; la cual, mirando a Pedro y reconociéndole por discípulo de Cristo, dijo a los que estaban allí: “este con Jesús andaba.” Y volviéndose a Pedro, dijo: “¿Por ventura tú no eres discípulo de este Hombre? Sin duda; tú con Jesús Nazareno estabas.” Respondió Pedro: “No soy su discípulo, ni le conozco, ni sé lo que dices…” Viendo a Pedro otra criada, dijo: “Éste estaba con Jesús Nazareno.” Y negó otra vez con juramento, diciendo: “No conozco tal Hombre.” Y los que estaban al fuego decían a Pedro: “Tú eres uno de ellos, porque eres galileo, pues tu lenguaje te descubre.” Otro decía: “Yo le he visto en el huerto con Él.” Entonces Pedro volvió a negar, y a maldecir y a jurar, diciendo: “yo no conozco a este Hombre que decís.” Y en seguida cantó el gallo segunda vez, y al mismo tiempo, volviendo el Señor sus ojos a Pedro, miróle, y acordándose Pedro de lo que Cristo le había dicho, salióse a fuera, y lloró amargamente…

¡Ah, hija mía! ¿Quién no temblará al ver caer a la voz de una mujercilla a la principal columna de la Iglesia?

Punto tercero. Pedro, por la secreta presunción y confianza que tenía de sí mismo, por haber seguido de lejos a Cristo y haberse entibiado en su fervor, y por meterse en ocasiones de pecar y malas compañías, niega a su Maestro con juramento y maldición, y en castigo de sus tres presunciones permite Dios las tres negaciones… Mas, ¡cuál poderosa es la mirada con piedad de Cristo, hija mía! Ella convirtió a Pedro, y le hizo llorar amargamente su pecado toda la vida, en tal grado, que se dice de él que tenía los lagrimales de sus ojos surcados y cavados por la muchedumbre de las encendidas lágrimas que por ellos vertía… ¡Oh, Jesús mío! Ya que por mi cobardía, respetos humanos, presunción y flaqueza os he negado, peor que Pedro, tantas veces, dadme gracia para llorar amargamente mis pecados, y alcanzar de ellos completo perdón y no ofenderos más.

Padre nuestro y la Oración final

Fruto. Temeré los pecados de malicia, mirando el fin desastroso de Judas, y me animaré a alcanzar misericordia con la conversión de San Pedro.

San Enrique de Ossó




Meditación
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Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.

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