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Transcripción de la entrevista concedida por S.E. Carlo Maria Viganò a Stephen K. Bannon, ex estratega jefe de la Casa Blanca

Bannon: Ahora que la Santa Sede ha renovado su traicionero acuerdo secreto con China, acuerdo que V.E. ha denunciado en repetidas ocasiones afirmando que lo ha promovido Bergoglio con la ayuda de McCarrick, ¿qué pueden hacer en concreto los hijos de la luz  del gran despertar para socavar esta impía alianza con ese brutal régimen comunista?

Viganò: La dictadura del Partido Comunista Chino está aliada con el estado profundo mundial. Por un lado, para que puedan alcanzar sus objetivos comunes; por otro, porque el plan del Gran Reinicio les brinda una oportunidad de incrementar la potencia económica de China en el mundo, empezando por la invasión de los mercados nacionales. Al mismo tiempo que lleva a cabo ese plan en su política exterior, China tiene un plan de política interior que aspira a restablecer la tiranía maoísta, el cual exige la desaparición de las religiones (ante todo la católica) para sustituirlas por una religión de estado que desde luego tiene mucho en común con la religión universal propiciada por la ideología mundialista, cuyo jefe espiritual es Bergoglio.

La complicidad de la iglesia profunda bergogliana con ese proyecto infernal ha privado a los católicos chinos de la infaltable defensa que siempre les brindó el Papado. Hasta el pontificado de Benedicto XVI, ningún papa había firmado acuerdo alguno con la dictadura de Pekín, y el Sumo Pontífice mantenía la prerrogativa de nombrar obispos y gobernar diócesis. Recuerdo que incluso en la época de Clinton allá por los años noventa, el ex cardenal McCarrick era el enlace entre la iglesia profunda y el estado profundo norteamericano, y cumplía misiones políticas en China de parte del gobierno de EE.UU. Hay además sospechas bastante vehementes de que la dimisión de Benedicto XVI tuvo algo que ver con China, las cuales concuerdan con lo que ha salido a la luz en los últimos meses.

Así que nos vemos ante una infame traición a la misión de la Iglesia de Cristo, perpetrada por sus más altos dirigentes y en franco conflicto con los miembros de la jerarquía católica clandestina que se ha mantenido fiel a Nuestro Señor y a su Iglesia. Mis recuerdos y oraciones están con ellos y con el cardenal Zen, destacado confesor de la fe a quien hace poco Bergoglio bochornosamente se negó a recibir.

Los creyentes debemos intervenir espiritualmente con oración ferviente rogando a Dios que proteja de un modo especial a China, y denunciar además las aberraciones que comete el régimen chino. Esa actuación debe ir acompañada de una creciente concienciación de los gobiernos e instituciones internacionales que no hayan transigido con la dictadura comunista china, para que las violaciones de los derechos humanos y de la libertad religiosa de los católicos chinos se denuncie y castigue mediante sanciones y una firme presión diplomática. Ésa es la línea de actuación que ha venido siguiendo el presidente Trump con ánimo decidido. Hay que denunciar igualmente la complicidad pequinesa con los personajes políticos y religiosos que están metidos en turbias operaciones de especulación y corrupción. Esos interesados tejemanejes   constituyen una grave traición a su patria por parte de políticos y funcionarios públicos, así como una grave traición de la Iglesia por parte de sus propios dirigentes. Yo diría también que en algunos casos esa traición no la llevan a cabo personas aisladas sino las propias instituciones, como en el caso de la Unión Europea, que está dando los últimos toques a un acuerdo comercial con el país asiático a pesar de la sistemática conculcación de los derechos humanos y la violenta represión de los disidentes por parte de China.

Sería una catástrofe irreparable que Joe Biden, cuya complicidad con la dictadura china es objeto de vehementes sospechas, fuera proclamado presidente de los Estados Unidos.

Bannon: V.E. ha expresado mucha confianza en que Dios desea la victoria de Trump para derrotar las fuerzas del mal inherentes al Gran Reinicio de los mundialistas. ¿Qué diría para convencer a los incrédulos que no acaban de entender que nos encontramos ante una batalla decisiva entre los hijos de Dios y los de las tinieblas?

Viganò: Me basta con tener en cuenta quién es el contrincante de Trump y sus numerosos vínculos con China, el estado profundo y los defensores de la ideología mundialista. Pensar en su intención de condenarnos a todos a llevar mascarilla, como ha reconocido sin rebozo. Y pensar que es innegable que no es más que un títere en manos de la élite, que está lista para eliminarlo en cuanto decida reemplazarlo con Kamala Harris.

Posturas políticas aparte, tenemos que entender –y más en una situación tan compleja como la actual– que es esencial la total legitimidad jurídica de la victoria de quien fue elegido presidente, evitando toda sospecha de fraude y teniendo en cuenta la abrumadora evidencia de las irregularidades cometidas en varios estados. Un presidente que es proclamado tal por los medios de difusión masivos afiliados al estado profundo perdería toda legitimidad y expondría al país a una peligrosa influencia extranjera, como ya se ha visto en esta elección.

Bannon: Por lo que veo, entiendo que V.E. da a entender que el gobierno Trump podría contribuir a llevar a la Iglesia a un catolicismo prefrancisquista. ¿De qué forma lo haría, y cómo pueden los católicos de Estados Unidos colaborar para salvar al mundo de ese Gran Reinicio mundialista?

Viganò: La sumisión de Bergoglio al plan mundialista es evidente, así como su decidido respaldo a la elección de Joe Biden. Igualmente, la hostilidad de Bergoglio a Trump y sus repetidos ataques al presidente son palmarios. Salta a la vista que Bergoglio considera a Trump su principal adversario, el obstáculo que se debe eliminar para poder lanzar el Gran Reinicio.

Por una parte tenemos al gobierno Trump y los valores tradicionales que comparte con los católicos; por otra, el estado profundo del sedicente católico Joe Biden, que está sometido a la ideología mundialista, con su plan perverso, antihumano, anticristiano e infernal.

Si se quiere poner fin a la iglesia profunda y restablecer la Iglesia Católica, será necesario revelar hasta dónde llega la participación de altas personalidades de la Iglesia en el proyecto masónico mundialista: la naturaleza de la corrupción y los delitos que han cometido esos hombres, con los que se han hecho vulnerables a ser sobornados, algo así como lo que pasa en el ámbito de la política con los integrantes del estado profundo, empezando por el propio Biden. Por ello, esperamos que salgan a la luz todas las pruebas de tales delitos que haya descubierto el servicio secreto, en particular en lo relativo a las verdaderas causas de la dimisión de Benedicto y las conjuras subyacentes a la elección de Bergoglio, lo cual permitiría la expulsión de los mercenarios que se han apoderado de la Iglesia.

Todavía están a tiempo los católicos de Estados Unidos para denunciar la subversión mundial e impedir que se establezca el Nuevo Orden Mundial. Que piensen en el porvenir que les espera a las futuras generaciones y en la destrucción de la sociedad. Que piensen en la responsabilidad que tienen ante Dios y ante su patria; como católicos, como padres de familia y como patriotas.

Bannon: El estadounidense medio está luchando contra viento y marea para poner en evidencia el fraude generalizado y coordinado de las elecciones. ¿Qué aconsejaría a los políticos recalcitrantes sobre lo que está en juego en nuestra nación y en el mundo si aceptamos el fraude?

Viganò: La mayoría podrá negar la verdad durante un tiempo determinado, y algunos siempre, pero será imposible ocultarla siempre a todos. Eso es lo que nos enseña la historia, que inexorablemente ha revelado los grandes crímenes del pasado y a sus autores.

Exhorto, pues, a los políticos, sean cuales sean sus lealtades, a hacerse paladines de la verdad, a defenderla como un tesoro incalculable que por sí solo basta para garantizar la credibilidad de las instituciones y la autoridad de los representantes de los pueblos, de acuerdo con la autoridad que han recibido, el juramento que hicieron de servir a su patria y su responsabilidad moral ante Dios. Cada uno tenemos una misión que nos ha confiado la Providencia, y sería pecado no cumplirla. Si Estados Unidos desaprovecha esta oportunidad, en este momento, será borrado de la historia. Si permite que se difunda entre la población la idea de que lo que eligen los ciudadanos –máxima expresión de la democracia– se puede manipular y frustrar, serán cómplices del fraude y se harán acreedores del vituperio de todo el planeta, que ve en EE.UU. a un país que ha luchado por defender su libertad.

Bannon: En su carta al Presidente del pasado 25 de octubre, solemnidad de Cristo Rey, V.E. dijo que la actuación del estado profundo era la ofensiva final de los hijos de las tinieblas. Los mundialistas y los medios de difusión afines se esfuerzan conjuntamente por disimular y ocultar el verdadero y despótico plan implícito en el Gran Reinicio, calificándolo de disparatada teoría de la conspiración. ¿Qué les diría a los escépticos que alegremente desechan las señales y el plan para someter a la humanidad al dominio de las élites mundiales?

Viganò: El plan del Gran Reinicio se vale de los medios de difusión masivos, en los que tiene un aliado indispensable. Casi todas las grandes empresas de comunicación participan activamente en el estado profundo y saben que el poder que se les garantiza en el futuro depende de exclusivamente de su servil sumisión al proyecto.

Tildar de conspiranoicos a quienes denuncian la existencia de una conjura confirma como mínimo que dicha conspiración es real y que sus autores están indignados porque los han descubierto y han dado a conocer su plan a la opinión pública. Pero ellos mismos lo han dicho: nada volverá a ser igual. Y también está el lema Build Back Better, para hacernos creer que las transformaciones radicales que nos quieren imponer se han vuelto necesarias a causa de la pandemia, el cambio climático y el progreso tecnológico.

Hace algunos años se llamaba conspiranoicos a quienes hablaban del Nuevo Orden Mundial. Hoy en día, todos los dirigentes mundiales –Bergoglio incluido– hablan impunemente del Nuevo Orden Mundial y los describen con las mismas palabras con que lo hacían aquellos supuestos teóricos de la conspiración. Basta con leer las declaraciones de los mundialistas para entender que la conspiración es cierta y ver que se jactan de ser sus artífices, hasta el punto de admitir la necesidad de una pandemia para alcanzar sus objetivos de ingeniería social.

Pregunto a los escépticos: si los modelos que se nos proponen hoy son tan terribles, ¿qué será de nuestros hijos cuando la élite haya conseguido el dominio total sobre las naciones? Familias sin padre ni madre, poliamor, sodomía, niños que cambian de sexo, prohibición de la religión e imposición de un culto infernal, aborto y eutanasia, abolición de la propiedad privada, dictadura sanitaria, pandemia perpetua… ¿Es ése el mundo que queremos, el que quieren para ustedes, para sus hijos, para su familia, para sus amistades?

Debemos cobrar conciencia de hasta qué punto los promotores del Nuevo Orden Mundial y el Gran Reinicio detestan los valores no negociables de nuestra civilización grecocristiana, como la religión, la familia, el respeto a la vida y los derechos sagrados de la persona y la soberanía nacional.

Bannon: En reiteradas ocasiones V.E. ha advertido que el estado profundo y la iglesia profunda se han coaligado a fin de tramar de diversas maneras planes para derrocar a Benedicto y a Trump. Aparte Theodor McCarrick, ¿quién más está detrás de esta infernal alianza, y qué pueden hacer los católicos para socavarla y desenmascararla?

Viganò: Es evidente que McCarrick actuaba de parte del estado profundo y la iglesia profunda, pero desde luego no estaba solo. Sus actividades dan a entender la existencia de una estructura organizada integrada por personas a las que McCarrick ha ascendido y protegido mediante cómplices.

Todavía no se han aclarado las causas de la dimisión de Benedicto XVI, pero un miembro de la iglesia profunda, el cardenal Danieels q.e.p.d., jesuita como Bergoglio, admitió pertenecer a la llamada Mafia de San Galo, que básicamente se empeñó en preparar la primavera de la Iglesia de la que habló John Podesta, jefe de gabinete de Hillary Clinton, en los correos publicados por Wikileaks.

Existe, pues, una camarilla de conjurados que han operado y siguen operando en el seno de la Iglesia en pro de los intereses de la élite. La mayoría son identificables, pero los más peligrosos son los que no dan la cara, aquellos a los que nunca se menciona en la prensa. Esos no vacilarían en obligar también a dimitir a Bergoglio si no obedeciera sus consignas. Les gustaría convertir el Vaticano en una especie de asilo para papas eméritos y derribar así el pontificado y hacerse los amos; ni más ni menos lo que pasa en el estado profundo, donde –como dije– Biden es el equivalente de Bergoglio.

Hay tres cosas que son necesarias para destruir el estado profundo y la iglesia profunda:

1. En primer lugar, cobrar conciencia del plan de los mundialistas y de hasta qué punto es el instrumento para instaurar el reino del Anticristo, pues comparte sus principios, medios y fines.

2. En segundo lugar, denunciar con firmeza este infernal plan y pedir a los pastores de la Iglesia –así como al laicado– que la defiendan, rompiendo su silencio cómplice. Dios les pedirá cuentas por su dejación de funciones.

3. Y por último, es necesario rezar, pedir al Señor que nos conceda a cada uno las fuerzas para resistir –resistir firmes en la fe, como nos pide San Pedro– la tiranía ideológica que a diario nos imponen no sólo los medios sino también los cardenales y obispos que están bajo el dominio de Bergoglio.

Si somos fuertes en esta prueba; si sabemos mantenernos firmemente anclados en la piedra de la Iglesia sin dejarnos seducir por falsos cristos y falsos profetas, el Señor nos permitirá presenciar –al menos por el momento– el fracaso de la acometida de los hijos de las tinieblas contra Dios y los hombres. Si por miedo o por complicidad seguimos al príncipe de este mundo renegando de las promesas que hicimos en el Bautismo, seremos sentenciados con él a la derrota inevitable y la condenación eterna. Tiemblo pensando en los que no se dan cuenta de la responsabilidad que tienen ante Dios por las almas que Él les ha confiado. En cambio, a quienes luchan denodadamente para defender los derechos de Dios, la Patria y la familia, el Señor les garantiza su protección. Ha puesto a nuestro flanco a su Santísima Madre, Reina de las Victorias y Auxilio de los Cristianos. En estos tiempos recios, la invocamos confiados y seguros de su intervención.

Carlo Maria Viganò, arzobispo, Die Octavæ Nativitatis Domini,

1º de enero de 2021

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Mons. Carlo Maria Viganò
Mons. Carlo Maria Viganò
Monseñor Carlo Maria Viganò nació en Varese (Italia) el 16 de enero de 1941. Se ordenó sacerdote el 24 de marzo de 1968 en la diócesis de Pavía. Es doctor utroque iure. Desempeñó servicios en el Cuerpo Diplomático de la Santa Sede como agregado en Irak y Kwait en 1973. Después fue destinado a la Nunciatura Apostólica en el Reino Unido. Entre 1978 y 1989 trabajó en la Secretaría de Estado, y fue nombrado enviado especial con funciones de observador permanente ante el Consejo de Europa en Estrasburgo. Consagrado obispo titular de Ulpiana por Juan Pablo II el de abril de 1992, fue nombrado pro nuncio apostólico en Nigeria, y en 1998 delegado para la representación pontificia en la Secretaría de Estado. De 2009 a 2011 ejerció como secretario general del Gobernador del  Estado de la Ciudad del Vaticano, hasta que en 2011 Benedicto XVI lo nombró nuncio apostólico para los Estados Unidos de América. Se jubiló en mayo de 2016 al haber alcanzado el límite de edad.

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