THE REMNANT

“Tucho” descubre el pastel

El escritor en las sombras de Francisco también escribió: “Sáname con tu boca. El arte de besar

Víctor Manuel Fernández, conocido por sus fans como “Tucho”, está muy ligado con Francisco, su compañero argentino. Tan unido que a los tres meses después de su elección Francisco nombró a Tucho obispo; para a continuación, un mes después (Junio de 2013), nombrarlo arzobispo titular de la sede titular de Tiburnia, el nombre de una antigua ciudad romana desaparecida en lo que hoy es el estado de Carintia, Austria.

Tucho es, literalmente, el arzobispo de ningún lugar. Pero este impresionante título le va a dar las credenciales necesarias para servir como hombre clave en el trabajo de redacción de tres libros, en donde a tontas y a locas, se presenta dolorosamente la “visión” liberal, de los jesuitas de la era Francisco y de la era ya pasada de moda de los años setenta, sobre la Iglesia y del mundo:  Evangelii Gaudium, Laudato Si y Amoris Laetitia (AL), todos estos muestran el toque de Tucho.

Respecto de AL, Sandro Magister ha demostrado de manera concluyente que los pasajes clave del infame capítulo 8, y que tratan de introducir la ética de ciertas situación dentro del Magisterio, están simplemente parafraseando a ciertos pasajes en obras anteriores de Fernández sobre el tema, debido a “circunstancias concretas”, ” realidades concretas ” y a “condiciones subjetivas” que supuestamente limitan la libertad de la voluntad;  las personas que viven en una condición objetiva de pecado mortal a causa de  un “nuevo matrimonio ” después de un divorcio, o debido a la simple cohabitación, no sólo pueden ser subjetivamente inocentes, sino que también podrían vivir una vida de gracia santificante, incluso si están por debajo de un “objetivo ideal”.

Este mismo tema fue condenado explícitamente por Juan Pablo II en el párrafo 103 de la Veritatis Splendor:

«Sería un error gravísimo concluir… que la norma enseñada por la Iglesia es en sí misma un “ideal” que ha de ser luego adaptado, proporcionado, graduado a las —se dice— posibilidades concretas del hombre: según un “equilibrio de los varios bienes en cuestión”. Pero, ¿cuáles son las “posibilidades concretas del hombre”? ¿Y de qué hombre se habla? ¿Del hombre dominado por la concupiscencia, o del redimido por Cristo? Porque se trata de esto: de la realidad de la redención de Cristo. ¡Cristo nos ha redimido! Esto significa que él nos ha dado la posibilidad de realizar toda la verdad de nuestro ser; ha liberado nuestra libertad del dominio de la concupiscencia.

Y si el hombre redimido sigue pecando, esto no se debe a la imperfección del acto redentor de Cristo, sino a la voluntad del hombre de substraerse a la gracia que brota de ese acto. El mandamiento de Dios ciertamente está proporcionado a las capacidades del hombre: pero a las capacidades del hombre a quien se ha dado el Espíritu Santo; del hombre que, aunque caído en el pecado, puede obtener siempre el perdón y gozar de la presencia del Espíritu»

De acuerdo con Tucho,  -y por lo tanto de acuerdo con Francisco- en “ciertos casos” (todos ellos según el código Novus Ordo) los adúlteros públicos podrían ser admitidos a la Confesión y a la Santa Comunión sin un compromiso de enmendar su vida. Como bien saben Tucho y Francisco, esto significaría la deposición de todas las enseñanzas y disciplinas anteriores de la Iglesia que les eran contrarias, comenzando por la de Juan Pablo II.

Magister ha sido implacable en su comentario mordaz sobre la obra de Tucho y su manifiesta falta de credibilidad como teólogo. Magister escribe que: «Fernández pasa casi más tiempo en Roma que en Buenos Aires, atareadísimo haciendo de escritor fantasma de su amigo el Papa, sin haber aumentado mientras tanto sus credenciales de teólogo, en absoluto brillantes desde el principio. »

Para ilustrar este punto, Magister observa con sarcasmo totalmente apropiado que  «De hecho, el primer libro que reveló al mundo el genio de Fernández fue: “Sáname con tu boca. El arte de besar”, publicado en 1995 en Argentina con esta presentación al lector escrita por el propio autor:

Te aclaro que este libro no está escrito tanto desde mi propia experiencia, sino desde la vida de la gente que besa. Y en estas páginas quiero sintetizar el sentimiento popular, lo que siente la gente cuando piensa en un beso, lo que experimentan los mortales cuando besan.

Para eso charlé largamente con muchas personas que tienen abundante experiencia en el tema, y también con muchos jóvenes que aprenden a besar a su manera. Además consulté muchos libros, y quise mostrar cómo hablan los poetas sobre el beso. Así, tratando de sintetizar la inmensa riqueza de la vida, salieron estas páginas a favor del beso. Espero que te ayuden a besar mejor, que te motiven a liberar lo mejor de tu ser en un beso“.»

Una y otra vez los absurdos aparentemente diabólicos que caracterizaban la época post-conciliar de la Iglesia nos traen a la mente las palabras de Monseñor Lefebvre cuando vio una de las primeras presentaciones de la nueva misa orquestada por Bugnini: “¿Es esto real?”

En una suave entrevista con Andrea Tornielli, Tucho no pudo contener su euforia sobre el sabotaje ético del que fue capaz cuando preparaba AL (obviamente, a petición de Francisco y con su pleno conocimiento y aprobación). Cuestionado sobre el Capítulo 8, Tucho confirmó lo que ya sabemos. Lean y reflexionen sus palabras con mucho cuidado:

«Hay que aclarar dos cosas. La primera: lo que el Papa dice en el octavo capítulo no debe reducirse a la cuestión de los divorciados vueltos a casar. Es muy importante abrir nuevas puertas, ya sea la teología moral o a la pastoral, para que seamos más compasivos,  para que estemos más transformado por la primacía de la caridad y más cercanos a la realidad de las personas. Luego, el Papa no quiere desarrollar más la cuestión de la comunión para los divorciados vueltos a casar, ya que él quería que esto fuese sólo un pequeño indicio de que se abre una puerta pastoral, y no una cuestión fundamental.

La mayor parte de las páginas de Amoris Laetitia se dedican a promover el crecimiento del amor, y esa es la intención del Papa. Por supuesto que es un paso adelante muy importante después de la Familiaris Consortio. Pero es mejor permitir que los obispos, en diálogo con el Papa, reflexionen sobre este tema. Para la totalidad de la Iglesia los temas principales son otros. El tiempo pondrá las cosas en su lugar, y así el Papa entiende que: “El tiempo es mayor que el espacio.” Ciertos cambios harán más ruido pero todo termina por colocarse en su lugar.»

Tucho emite esta predicción, o más bien amenaza, en relación con AL: “Los frutos de este don del Espíritu Santo se verán mejor en el curso del tiempo, pero no podemos negar que se han abierto nuevas posibilidades para la Iglesia, que tenemos que aprovechar mucho mejor sin perder tiempo alguno.

Lo que tenemos aquí es a una persona deshonesta que escurre el bulto, elevado a una inadecuada posición de absurda prominencia por su amigo el Papa. Tucho, la mayor autoridad del mundo en besos, está tan lleno de sí mismo, que no puede resistir decirnos que la Santa Comunión por adúlteros públicos está en las cartas que serán tratadas a su debido momento durante el juego que Francisco está jugando con la Iglesia. Por ahora, sin embargo, es “sólo una pequeña pista que abre una puerta pastoral.” Y los obispos progresistas en la mesa de póker  harán el resto  -ya que estos, en “diálogo” con el astuto distribuidor de la Cátedra de San Pedro, llevan la mano ganadora-. El juego está amañado. Por supuesto, los tradicionalistas sabían esto desde el momento en que escucharon las palabras “Sínodo sobre la Familia.”

Incluso Fernández tiene que admitir que esta estafa se está enfrentando con una seria oposición, que el intenta a reducir como “la reacción de algunos grupos católicos que se niegan a aplicar el documento, con todas las riquezas que contiene, sólo porque están molestos con el Capítulo 8“. Ahora, ¿por qué los católicos están enfadados con un documento papal que promueve situaciones éticas, que socavan todo el edificio moral de la Iglesia y que incluso reducen la ley natural a un” ideal objetiva “(¶ 303) o a una” inspiración objetiva” (¶ 305)? ¡Menudo tiquismiquis farisaico! ¿Qué pasa con todos esos preciosos capítulos “dedicados al crecimiento del amor”, que aparecen antes de que AL destruya toda la moralidad en el capítulo 8?

Pero, Tucho se regocija, ya que “gracias a Dios esta no es la actitud de la gran mayoría del pueblo de Dios… La gran mayoría del pueblo de Dios ha acogido al documento…” De hecho, a la gran mayoría del “pueblo de Dios “no le importa nada AL puesto que ya están viviendo en un estado de “apostasía silenciosa” y a los que AL está intentando acomodar escandalosamente bajo la apariencia de “piedad” y de “discernimiento pastoral”.

En cuanto a los católicos informados que todavía siguen las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio, la procreación y la moral sexual en su totalidad, la gran mayoría de ellos ven AL como el desastre que realmente es. Incluso Jeffrey Mirus, uno de los más resueltos  de entre los “normalistas”, finalmente ya ha tenido suficiente con los intentos de Francisco por equiparar la adhesión estricta y sin excepciones a las leyes morales con el rigorismo de los fariseos, una estratagema sofística que es en sí misma farisaica: “Es triste de ver lo que es esencialmente una forma de alojamiento mundana y la comodidad que se manifiesta tan claramente en las tendencias personales de un hombre que ha sido hecho un sucesor de Pedro …. Incluso dando el beneficio de la duda, hay un patrón que se repite aquí y que nos obliga a admitir que Francisco comparte algunas de las desafortunadas tendencias personales de los nuevos fariseos.”

En la misma entrevista con Tornielli, Fernández intenta escabullirse de su anterior declaración en otra entrevista (con el Corriere della Sera) en donde el “El papa podría incluso irse a vivir fuera de Roma, tener un dicasterio en Roma y otro en Bogotá, y quizá conectarse por teleconferencia con los expertos en liturgia que residen en Alemania. ” Sin nombrar a Fernández, el cardenal Müller ya ha señalado que su idea “es fundamentalmente equivocada y también herética. De esta manera, basta leer la constitución dogmática ‘Lumen Gentium’ del Concilio Vaticano II para reconocer la absurdidad eclesiológica de estos juegos mentales. La sede del Papa es la Iglesia de san Pedro en Roma”.

Al ser cuestionado sobre el asunto con Tornielli, Fernández afirma ahora que “que quería decir más bien ‘ fuera del Vaticano ‘ y no fuera de Roma. Una mentira obvia, pues ya había indicado expresamente que el Papa, si lo deseaba, “ podría incluso irse a vivir fuera de Roma, tener un dicasterio en Roma y otro en Bogotá.”

Pero cuando Tornielli preguntó que si esto significaba que Fernández reconocía que la ciudad de Roma en verdad “tiene una característica de sacralidad”, Tucho lo eludió de nuevo, indicando que uno debe “hablar de Roma como una diócesis, no como una ciudad…. Lo que pretendo destacar es el núcleo del problema: el Papa debe ser el obispo, el padre y el pastor de una Iglesia local… ¿Cuál es la calificación teológica para esta necesidad por la que la diócesis del Papa debe ser la de Roma? No lo sé.

Es decir, Tucho, al ser un ideólogo de América Latina, se niega a admitir que la Iglesia se centre en Roma por ordenación divina. Según él, es una casualidad el que el Papa sea obispo de una diócesis que se encuentra por casualidad en Roma. Sin embargo, y continuando con su doble discurso, agregó: “Pero es mejor comenzar con la realidad histórica y concreta … No tenía la intención de menospreciar de ninguna manera el vínculo que desde el comienzo de la historia cristiana, une a Pedro ya sus sucesores con Roma.” Excepto que él había hecho esto precisamente.  Pero nada más lejos del maestro de besar el admitir que cometió un error y directamente retractarse de su error. Era mejor negar que él quería decir exactamente lo que dijo.

Este es el “teólogo” en el que Francisco tiene puesta su máxima confianza. ¿Y por qué no? La teología en este caso es irrelevante. Tucho es experto en el arte del engaño, que lo cualifica para realizar la función que se le ha asignado. De momento, debe quedarle bien claro a todo católico vigilante, que el engaño es el programa de este pontificado, del que sólo Dios puede librar a la Iglesia.

Christopher A. Ferrara

[Traducido por Miguel Tenreiro. Artículo original.]

 

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Edición en español de The Remnant, decano de la prensa católica en USA