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Un breve resumen contra el liberalismo anticatólico. (Publicación que todo católico de hoy debe leer)

…Son buenísimas todas las Pastorales que el Ilustrísimo Sr. Ezequiel Moreno escribió; sin embargo, excede a todas por lo muy ordenado del plan, por la claridad de los conceptos, por lo hermoso de la forma y por el nervio de la argumentación, la que publicó al principio de la Santa Cuaresma de 1904. La sola enunciación de los asuntos lógicamente eslabonados, nos dice cuánta es la importancia de esa Carta que viene a ser como la síntesis de todas las suyas.

Trata de los derechos de Jesucristo a reinar sobre todas las cosas; de lo que es ese reinado con relación al Estado; de la guerra que hace a ese reinado el liberalismo; de los destrozos que causan en él algunos que se llaman católicos; y de lo que deben hacer los católicos verdaderos para defenderlo y sostenerlo.

Había publicado nuestro Santísimo Padre Pío X su primera Encíclica, en la que declara que su único propósito en el ejercicio del Supremo Pontificado era restaurar todas las cosas en Cristo, para que Cristo sea todo, y en todas las cosas. Respondiendo a la confianza que el nuevo Jerarca de la Iglesia pone en que le auxiliarán todos los Prelados, deduce de irreprochables premisas que “Jesucristo, Rey de Reyes y Dominador de los que dominan, tiene derecho a reinar en toda tribu, toda lengua y toda nación (Apoc, V, 9). Nada está exento de su dominio, y debe reinar en los individuos, en las familias, en los pueblos, en las naciones, en las leyes y en las costumbres. Todo debe estar informado por su doctrina, y ella debe ser el fundamento de todo”.

Desarrolla luego el breve pero substancioso estudio del reino de Jesucristo y su Iglesia (porque la Iglesia es una cosa con Jesucristo y participa de sus poderes y autoridad), con relación al Estado. “Es indudable, escribe, que Jesucristo, si quisiera, podría gobernar las naciones todas, aun en lo temporal, porque Él es el Autor y Dueño de cuanto tiene ser; e indudable también que pudo y puede dar a la Iglesia los mismos derechos; pero determinó otra cosa; quiso dejar a los príncipes de las naciones el poder temporal, reservando sólo para sí el reino espiritual y todo lo que con él se relacione, porque quiere ejercer también su autoridad en las cosas temporales, en la medida que lo exijan los intereses de su reino espiritual, es decir su plan divino de la salvación de las almas; y en esto es la Iglesia superior al Estado, que debe honrarla, respetarla, apoyarla y defenderla en la obra salvadora de propagar la fe, mejorar las costumbres y aliviar a los desgraciados”. El liberalismo sienta doctrinas contrarias a las que acabamos de exponer sobre el reinado de Jesucristo y supremacía de la Iglesia sobre el Estado en las cosas de la Religión, y en todo cuanto atañe a la salvación de las almas. —No quieren esos hombres que llevan el racionalismo a la práctica, no quieren que Jesucristo reine. Algunos, no todos, llegarían a tolerar que a Jesucristo se le dejara un puesto en la conciencia del individuo, y aun en el hogar y en la familia, pero su reinado social no lo pueden sufrir en manera alguna. Es preciso, dicen, librar de la dirección de la Iglesia al Estado, y secularizar su legislación, su política, su enseñanza y toda su administración. “Las ciencias filosóficas y morales, y también las leyes civiles, pueden y deben apartarse de la ley divina y eclesiástica” (Syllabus, prop. 22.).

Después de indicada así la guerra que hace el moderno liberalismo al reinado y derechos de Jesucristo y su Iglesia, habla de los destrozos que causan en el reino de Jesucristo algunos que se llaman católicos, y dice: “El liberalismo radical rechaza a Jesucristo totalmente; el liberalismo moderado también lo rechaza, según los grados de error que admite; pero no hubieran llegado a lo que han llegado en su obra de iniquidad, sin la cooperación de ciertos católicos, que no llevan el nombre de liberal, y, sin embargo, son liberales, es decir resabiados de liberalismo, o transigentes, por lo menos con él”. Y citando palabras del santo Pío IX, escribe: “Así como no es posible la conciliación entre Dios y Belial, tampoco es posible entre la Iglesia y los que meditan su perdición. Sin duda es menester que nuestra firmeza vaya acompañada de prudencia; pero no es menester igualmente que una falta de prudencia nos lleve a pactar con la impiedad… No; seamos firmes; nada de conciliación, nada de transacción con hombres impíos, nada de transacción vedada e imposible”.

Viniendo a lo que deben hacer los católicos para defender y sostener el reinado de Cristo, exclama: “Estamos sufriendo el peso de grandes desgracias; se cierne sobre nuestras cabezas espantosa catástrofe; el error va ganando terreno; la fe, la verdadera fe, va desapareciendo, y corre peligro de desaparecer donde aún vive: y, sin embargo, del mismo campo católico se levantan y salen voces, con intención de que lleguen, sobre todo, a los Vigilantes de la casa de Israel, para decirles: ¡Silencio!… Esa palabra, en los tiempos que atravesamos y peligros que nos rodean, nos llena de pavor y espanto, porque nos representa al vivo el silencio de los muertos. — ¡Silencio!… Es lo que desean los enemigos de la Iglesia y de nuestra fe, sobre todo en los Pastores de la cristiana grey, para que cunda y se extienda el vicio, y se olvide la verdad, y queden los derechos más sagrados sin quienes los defiendan. Pero, por lo mismo que se trata de intereses tan altos y vitales, es imposible el silencio, y es necesario hablar claro, para que la verdad se abra paso y tome posesión de las inteligencias, y los fieles triunfen del error, tan insolente hoy por las consideraciones que se le tienen, tan atrevido y pujante por los favores que se le conceden, y tan endiosado y altivo por los honores que se le dan. — Los tiempos son de lucha; se libra tal vez entre nosotros el último combate entre la verdad y el error; entre los que nada creen y mueren sin esperanza, y los que vivimos alentados por la fe, y esperando una inmortalidad gloriosa y feliz. En trance tan supremo, todos tenemos el deber de salir a la defensa del reinado de Dios sobre nosotros, porque sería escandalosa cobardía no hacer nada”.

Para estar al lado de Jesucristo en estos tiempos, es preciso luchar, sufrir y estar dispuesto a todo: venga la lucha, venga el sufrimiento, venga el martirio, pero que reine Jesucristo. ¡Dichosos los que suben con Jesucristo hasta el Calvario, y allí rinden sus vidas defendiendo la verdad y anatematizando el error!”.

Reina, Señor, en esta atribulada Nación, donde todavía hay tantos que te buscan, que te confiesan, que te adoran y te aman; y perdonando sus faltas, haz que seas honrado en la vida política y en la doméstica, en los Congresos y Asambleas, en los Concejos y Tribunales de justicia, en el templo, en las calles y en todas partes. “¡SEÑOR, VENGA A NOS TU REINO!”

“SAN EZEQUIEL MORENO Y DÍAZ”

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San Miguel Arcángel
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