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Un candidato cristiano contra la tiranía sanitaria (Entrevista a César Félix Sánchez)

No todos los días el cilicio y la devoción mariana de un político se convierten en una noticia internacional. Es el caso del empresario católico peruano Rafael López-Aliaga Cazorla (n. 1961), prontamente etiquetado por la gran prensa como «ultraconservador» de «extrema derecha», lo que no ha impedido que alcance, según las encuestas, el segundo lugar en las preferencias para las elecciones del 11 de abril en la tierra de santa Rosa de Lima. Sobre este tema y, en general, sobre los deberes políticos de los católicos, conversamos con nuestro colaborador, el profesor peruano César Félix Sánchez.

Adelante la Fe: La primera pregunta que me surge es la siguiente: ¿tiene sentido todavía votar para un católico tradicional? ¿Luego del fraude contra Trump en Estados Unidos?  ¿No tiene la democracia liberal una lógica intrínsecamente oligárquica, sea partitocrática o mediática, que comienza por manipular al pueblo y acaba por aniquilarlo?

No puedo estar más de acuerdo con esta última observación tuya. La democracia liberal es, podríamos decir, la fase inicial de un cáncer que culmina indefectiblemente en el totalitarismo. Pero entre la metástasis y esta fase inicial es, evidentemente, preferible la fase inicial, donde pueden todavía tener efecto algunos tratamientos para demorar la llegada del Anomos.

Es cierto también que, en determinadas circunstancias, votar puede ser inútil o incluso contraproducente. Si la corrupción de las sociedades y de sus políticos llega al extremo, votar puede acabar siendo una farsa que más bien contribuya a apuntalar al régimen tiránico, dándole una máscara de legalidad.  Ya la Sede Apostólica, in meliora tempora, decretó el non possumus a los católicos italianoscontra los revolucionarios piamonteses usurpadores.

En el caso del Perú actual, creo que no hemos llegado todavía a esa circunstancia. Las mayorías nacionales todavía son instintivamente conservadoras. La historia del Perú reciente puede resumirse en la lucha entre la sociedad y un estado fallido que,  especialmente desde los tiempos de Ollanta Humala y más aún de Martín Vizcarra, pretende “fortalecerse” y monopolizar toda representación política, social y simbólica. Detrás de este aparato burocrático se encuentra una élite progresista surgida de la prensa y la academia. El resultado electoral de 2016, en que los peruanos optaron masivamente por opciones conservadoras, puso a este sector en pie de guerra e hizo que sus designios laicistas, globalistas y controlistas se acrecienten.

En conclusión, si en el Perú se puede todavía evitar mediante el voto la destrucción de millones de vidas por el aborto, la destrucción de la familia y del hombre  por el llamado matrimonio gay y la ideología de género y la pérdida de la soberanía por la tiranía sanitaria globalista, el voto se convierte en un deber.

¿Qué es lo primero que debe tener en cuenta un católico a la hora de votar?

En primer lugar, en el plano del orden natural, un católico –y cualquier otra persona, incluso no creyente- tiene que tener claro a la hora de votar que, como en todo acto moral, las pasiones deben estar subordinadas a la inteligencia y a la voluntad. Votar no es un concurso de simpatías sensibles, pasionales: no estamos eligiendo una mascota, un compañero de juegos infantiles o un plato de comida. Así, debemos votar por quien defienda mejor los principios morales, al margen de que nos caiga bien o mal sensiblemente, al margen de que nos sea simpático o antipático.

En segundo lugar –y aunque esto es algo obvio también hay que repetirlo, porque muchos lo olvidan–  tenemos que recordar que somos católicos. Somos católicos no solo en misa, sino cuando votamos, porque el voto es un acto moral, que no puede desligarse de nuestro deber moral fundamental de hacer el bien y evitar el mal y de cumplir los mandamientos de la ley de Dios.

¿Cuáles son esos principios morales?

Como hemos dicho, son los del decálogo. Pero, en el caso de la política, por su condición social, hay algunos preceptos que obligan más, por razón de que su violación implicaría un mayor daño al prójimo: por ejemplo: el quinto mandamiento no matar. Hace algún tiempo, Benedicto XVI resumió lo que podríamos denominar el mínimo posible que puede exigirse de un político, para que apoyarlo sea aceptable para un cristiano: defensa de la vida humana inocente desde la concepción hasta la muerte natural; defensa de la familia natural, constituida sobre el matrimonio  entre hombre y mujer; y defensa del derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo a su conciencia.  Estos  principios no son un mero conjunto de normas arbitrarias: tienen que ver con la misma naturaleza de las relaciones entre las personas y el estado. Es a partir de la vida y de la familia que el hombre puede ejercer sus demás deberes y derechos.

Un orden político que despenalice, legalice, financie y fomente el aborto –que todo esto, como se demuestra en la historia de los países que lo han legalizado, a la larga, acaba viniendo junto– es un orden político radicalmente ilegítimo, porque abole la ley de Dios y, en la práctica, estatiza a la persona humana, pues se convierte en quien decide quién es persona y quién no, al margen de lo que diga la ley divina, la biología, la tradición e incluso, como en Argentina, la voluntad popular.

Algo semejante puede decirse de la eutanasia. Y también del llamado matrimonio homosexual, que no es más que la estatización totalitaria de la familia, que, por voluntad de los políticos, acaba convertida en una realidad flexible, indefinida, ya no basada en el matrimonio fecundo entre el hombre y la mujer, sino en los antivalores de la revolución sexual.

En las elecciones generales de este año en el Perú, el candidato más comprometido con la defensa de estos principios sería López Aliaga, ¿no es verdad? ¿Y cuáles son los menos comprometidos?

Sí, sin lugar a dudas, es Rafael López-Aliaga, de Renovación Popular. No solo se ha manifestado contrario al aborto, a la eutanasia y al matrimonio homosexual (lo ha hecho incluso en términos bastante claros), sino también es un católico practicante, de rosario diario.

Verónika Mendoza, de Juntos por el Perú, y Julio Guzmán, del Partido Morado, son, por el contrario, los más comprometidos con imponer la agenda de la cultura de la muerte y de la ideología de género en el Perú. Mendoza, como se sabe, es líder de un frente neomarxista y Guzmán es el clásico títere creado en laboratorios de márquetin por el globalismo. Quien vote por ellos conociendo sus programas peca mortalmente. Y el que vota por ellos sin haberse dado el trabajo de verificar sus posiciones en estos puntos, también.

¿Y Hernando de Soto, el famoso activista internacional del liberalismo económico?

Hernando de Soto ha dicho que va a someter a referéndum estos temas. Es una curiosa manera de lavarse las manos, pues esta propuesta suya nace luego de ver el crecimiento de López-Aliaga en las encuestas. Antes, por ejemplo, en una entrevista del 28 de agosto del año pasado en Canal N, dijo lo siguiente, respondiendo a una pregunta sobre el matrimonio homosexual y la despenalización del aborto: “En ese sentido, yo no soy conservador en el sentido político de la palabra (….) No, en ese sentido, definitivamente yo soy progresista, yo estaría, mucho más, por ejemplo, en los Estados Unidos del lado liberal o de izquierdas”(5:48-5:55).  Es decir, De Soto se define en esos temas como «liberal o de izquierdas» en el sentido norteamericano. Cabe decir que en Estados Unidos, como lo demuestran las ideas y actos de notorios liberals como Bernie Sanders, Kamala Harris y Alexandria Ocasio-Cortez, este sector se caracteriza por su fanatismo pro-abortista y pro-homosexualista que llega, incluso, a atentar contra la libertad de la religión, como se ha visto en muchos casos.  Así que, o De Soto miente torpemente sobre sí mismo o es un radical progresista en estos temas morales tan importantes. En ambos casos, su confusión moral lo incapacita para ser una opción legítima para un católico. Lamentablemente, cuando vemos sus vínculos tan profundos con gánsteres trasnacionales del progresismo como la familia Clinton, a la que es muy cercano políticamente, no queda espacio para dudas sobre su verdadera índole.

Pero hay figuras católicas que lo apoyan…

Sí, lamentablemente. Y es evidente que están muy equivocadas y que, más temprano que tarde, se acabarán arrepintiendo. Lo más triste de todo es que es muy probable que De Soto no pase ni siquiera a la segunda vuelta y, por tanto, esas figuras solo cumplen la función de restarle algunos puntos a López Aliaga y sembrar la confusión entre los votantes cristianos. Esperemos que lo hagan involuntariamente y no siguiendo alguna consigna oculta…

Fuera de los llamados principios no negociables, ¿no existen otros elementos a tener en cuenta a la hora de elegir un candidato?

Por supuesto. Y aquí es aún más claro por qué conviene votar por López Aliaga. Los políticos son, como sabemos, incorregibles. Y, aunque López Aliaga no fuera la alternativa óptima, el solo hecho de que planea reducir el estado burocrático y ratero que nos ha llevado al colapso en la pandemia ya de por sí es muy bueno.  Porque reduce el margen de daño que los políticos futuros (e incluso él) puedan hacerle a la sociedad. Por otro lado, a diferencia de todos los demás candidatos, López Aliaga ha sido el primero y único en protestar contra la tiranía sanitaria, es decir, ese proceso revolucionario de características totalitarias que, con el pretexto de la pandemia, ha servido para cercenar los derechos de los peruanos en un grado inaudito en Latinoamérica y en el mundo. En una entrevista en otro medio, describí con detalle el grado de destrucción al que nos habían llevado durante esta emergencia la torpeza e ideologización de los gobiernos de Vizcarra y Sagasti, fieles siervos de China (el escándalo de las vacunas de Sinopharm lo prueba) y de la OMS. De esta última institución, calificada por el viceprimer ministro japonés Taro Aso como la “Organización China de la Salud” por su complicidad con el régimen totalitario de Beijing en la expansión del virus y la ruina del mundo, López Aliaga ha prometido desligarse, mientras que los demás candidatos se mantienen dóciles a sus injerencias. Así, ya sea, en primer lugar, por su defensa de los principios no negociables, como por su defensa solitaria de la soberanía nacional contra el globalismo y de una economía libre, López Aliaga es la opción adecuada.

He estado revisando en las redes sociales las principales críticas que circulan en el Perú contra López Aliaga. Por ejemplo, su alianza con Antauro Humala y los etnocaceristas, esos peculiares nazis andinos bastante anticristianos, al parecer…

Ahí hay una inexactitud. No se trata  de seguidores de Antauro ni de etnocaceristas, sino de reservistas de las fuerzas armadas. Y aunque ha sido ya aclarado,  el mito de la unión de López Aliaga con Antauro ha seguido circulando, demostrando la gran ceguera e incomprensión de muchos sectores peruanos burgueses (incluso católicos) respecto a la realidad nacional.

Los reservistas son aquellos peruanos que sirvieron en las fuerzas armadas, que arriesgaron su vida contra el terrorismo para tener la paz y el crecimiento que hemos tenido en estos años. Luego de su licenciamiento, buscan  reunirse en diversas asociaciones para proteger sus intereses y defender las causas patrióticas. Decir que  reservista es sinónimo de extremista o de etnocacerista es un gran insulto hacia estos compatriotas tan sacrificados.

Debería ser motivo de alegría que estos personajes se unan a la defensa de las libertades políticas y económicas legítimas y de los valores del Perú en Renovación Popular, especialmente porque son defensores de la soberanía nacional. Pero como siempre, aquellos que odian al pueblo peruano y que se dejan acomplejar por influencers no lo comprenden ni comprenderán jamás.

Otro asunto se refiere a los cuestionamientos a su actividad económica. Me refiero a lo de la famosa deuda de la SUNAT (el fisco peruano)  o  a sus negocios con Soros…

Es claro que López Aliaga no es san Luis rey ni Carlomagno, es un financista que ha trabajado con bancos y fondos de inversión. Y esos ámbitos no son precisamente una recoleta franciscana. Pero igual que Trump y Salvini, a veces de esas periferias existenciales surgen personajes que sorprenden por su audacia a la hora de defender determinados elementos del orden natural y de la tradición cristiana. Son como el Buen Ladrón en estos tiempos de Pasión de la Iglesia y del Mundo. Por el contrario, de las sacristías y de los conventos surgen en nuestros días émulos de Anás y de Caifás. Por ejemplo, Verónika Mendoza, la candidata podemita peruana, es sobrina de un famoso clérigo alsaciano de la Teología de la Liberación, el abbé François Fritsch. El ordinario de Lima, por su parte, colaboró con el globalista anticristiano Vizcarra durante toda su gestión e incluso, luego de su vacancia por incapacidad moral, pidió, con vigor digno de mejores causas, su restauración inmediata en el poder. ¡Hubo incluso conventos de clausura que se unieron con cacerolazos a las protestas contra la vacancia, siguiendo la consigna de Julio Guzmán, títere globalista pro-homosexual y abortista!

Sobre lo de Soros….

En alguna ocasión habrá tenido seguramente inversiones conjuntas con los fondos de inversión de Soros. Pero una cosa es una cooperación hasta cierto punto inadvertida en asuntos comerciales y otra una relación de financiamiento económico con fines políticos en ONGs de izquierda como es el caso del Instituto de Defensa Legal (IDL), que, ¡paradojas del destino!, ha sido quien ha denunciado esta supuesta relación de negocios antigua.

¿Y el tema del fisco?

Como ya aclaró el mismo López Aliaga, la supuesta deuda corresponde a: 1) Empresas que ya no existen con deudas que ya prescribieron, 2)  Empresas que ya no le pertenecen y 3) El resto está judicializado, es decir, López Aliaga está en un juicio con la SUNAT respecto de esa deuda, igual que miles de otros peruanos.  Pero queda la duda: ¿cómo un empresario supuestamente exitoso como López Aliaga le mete un juicio a la SUNAT?  Y es una buena pregunta, porque, teniendo en cuenta su fortuna, López Aliaga podría pagar esa deuda mañana mismo…..dos veces.  Lo cierto es que no lo hace por un tema de principios.   Todos los que han hecho empresa en el Perú, saben lo enredado, confuso y extorsivo que puede ser el Estado. Esto, no lo saben, obviamente, los que nunca han trabajado por su cuenta,  nunca han trabajado a secas o viven del Estado.

Precisamente, en el plan de gobierno de Renovación Popular se plantea la Ley del Contribuyente, una ley largamente esperada, que buscará unificar, simplificar y reducir el confuso sistema de impuestos peruanos, para favorecer a los emprendedores, especialmente a los pequeños, que siempre acaban siendo los más perjudicados por el fisco.

Y están también las denuncias de Beatriz Mejía respecto a su supuesta afición a la bebida…

Este ataque se origina en una columna de opinión publicada en el diario Expreso por Beatriz Mejía, antigua candidata al congreso por el partido de López Aliaga en enero de 2020.

Según, su versión: López Aliaga habría “tomado” de más en una cena con ella. Y aunque luego reconoció en una entrevista en canal N esa misma noche, que López Aliaga en ningún momento le había faltado el respeto ni había demostrado ningún descontrol, señaló que sus declaraciones eran para “prevenir a la Cristiandad” en contra de ser manipulada políticamente.  Considerando que Beatriz Mejía ha hecho su carrera política básicamente viviendo de las Iglesias evangélicas, este cargo parece bastante paradójico. Poco tiempo después, salieron nuevamente a la luz audios que el periodista de El Comercio Martín Hidalgo había revelado el año pasado: en ellos el hijo de Mejía exigía 100 000 dólares a López Aliaga como sueldo por, supuestamente, “trabajar” para “entregarle”  las iglesias evangélicas.  López Aliaga, evidentemente, rechazó tan delirante estafa. Desde ahí aparentemente viene el odio de parte de Beatriz Mejía a López Aliaga.

Luego, la periodista Mónica Delta reveló un atestado policial incompleto, en el que supuestamente se demostraba que López Aliaga fue intervenido por la policía en estado de ebriedad en el 2019. Y aunque López Aliaga demostró 1) que el atestado decía en la página 4 que no estaba en estado de ebriedad pues tenía 0.17 y el límite es 0.5 y 2) que Mónica Delta no sabe sumar ni restar porque creía que 0.5 es menor que 0.17, el mito ha estado circulando en las redes sociales, junto con vídeos tergiversados.

¿Qué nos demuestra eso? Nada más que la desesperación de tantísimos poderes misteriosos que malgobiernan el Perú y que, como ocurrió en la pandemia, pretenden desinformar y manipular a la población. Que el Tío Porky, como ha sido apodado, sea su gran enemigo al que atacan siempre habla muy bien de él.

Curiosamente los evangélicos son el bastión más importante de López Aliaga…

Por supuesto. Como lo demostraron las memorables manifestaciones de Con mis hijos no te metas, el pueblo evangélico del Perú carece de los respetos humanos que suelen desmovilizar a algunos sectores católicos que, por temor a “quedar mal”, acaban siempre paralizados o, peor aún, combatiendo contra las buenas causas. Paradojas de estos tiempos tan extraños: a veces los pentecostales parecen más católicos que algunos  católicos.

Al parecer López Aliaga es una suerte de consagrado célibe del Opus Dei. Viendo las noticias del reciente caso del obispo Bonnemain, también miembro de la Obra, en Suiza, ¿no existe el riesgo de una enésima traición por ese lado?

Todo cabe dentro de lo posible. Si López Aliaga traiciona los principios y programas que ahora defiende, la culpa será toda suya. Pero si nosotros, en un contexto donde todavía esa traición es un futurible, votamos por cualquier otro candidato peor, la culpa será toda nuestra.

Releía hace poco un manifiesto de la asociación Una Voce de Argentina de marzo de 1977, escrito por el recordado ingeniero Gorostiaga (Revista Roma n. 47), y allí se afirmaba que no puede haber restauración de la patria sin restauración de la misa. A la luz de la coyuntura peruana ¿qué opinas al respecto?

Estoy totalmente de acuerdo. No hay restauración posible ni de la patria, ni de la Iglesia, ni del hombre sin la restauración de la liturgia tradicional católica. Pero aquí estaríamos construyendo un praembula restaurationis. Déjame explicarte: cuando se entroniza la revolución litúrgica en Sudamérica a partir de 1970, los países donde un sector del clero –muy minoritario- pudo resistir fueron aquellos que estuvieron bajo gobiernos militares o civiles de signo anticomunista. Así, tenemos el caso de Argentina, Brasil, Chile y, hasta cierto punto, Colombia. Ante una estructura eclesiástica empapada de progresismo, los sacerdotes podían, hasta cierto punto, encontrar un amparo indirecto, algo de oxígeno, en el general ambiente anticomunista propugnado por los gobernantes en el orden temporal. En el caso del Perú, tuvimos una suerte de cesaropapismo progre en aquella década: un gobierno militar izquierdista colaboraba con una jerarquía progresista bastante oportunista. De esta manera, los clérigos refractarios, como el padre Nicolás Herrera, tuvieron que andar a salto de mata. Incluso el núcleo peruano de la TFP, que, aunque pequeño en número, hacía un daño considerable al gobierno de Velasco, tuvo que exiliarse. La posibilidad de una reacción católica más sólida quedó desmantelada. Algo parecido se vive ahora, con esta reedición empeorada del aggiornamento setentero de la mano de Francisco. En el Brasil de Bolsonaro se ha visto un renacimiento de las iniciativas y de la vida católica. Incluso los obispos carreristas o progresistas piensan dos veces antes de iniciar persecuciones contra los clérigos y laicos más conservadores, porque descubren con miedo la auténtica popularidad que han ganado, gracias a Bolsonaro, las posiciones antiprogresistas. Podría ocurrir algo semejante en el Perú de triunfar López Aliaga.

Por otro lado, la gracia no anula la naturaleza, sino que la asume y la perfecciona. Un orden político que respete el orden natural y que defienda los vestigios de unidad católica que se conservan todavía en el Perú (como el artículo 50 de la Constitución actual) es también un signo humilde del reinado social de Jesucristo y la semilla de su esplendor futuro.

Finalmente, ¿qué crees que pase, más allá del vaivén y la incertidumbre de las encuestas?

Aunque varias encuestas y encuestólogos señalan que es probable que López Aliaga pase a la segunda vuelta contra el candidato populista de izquierda Yhony Lescano, en el Perú todo puede suceder. La campaña de demolición contra él, desatada por los conglomerados mediáticos de El Comercio y La República es brutal y diaria.

Hay que tener en cuenta ciertas características del pueblo peruano. Lo que temo es que muchos católicos que piensan como López Aliaga, sea por evitar las confrontaciones que creen que ocurrirán si gana, o sea por haber sido contagiados por los medios de una antipatía sensible hacia su persona, podrían votar por otro. Este es un riesgo especialmente palpable en las clases medias y la burguesía católicas. Por otro lado, en lo que respecta al pueblo sencillo, existe una suerte de esclerosis informativa. Muchos ni siquiera saben cuáles son las propuestas de los candidatos sobre temas morales. E incluso podrían votar, sin conocer su  verdadera índole, por izquierdistas cuyo apoyo al aborto o al matrimonio homosexual desconocen. Cabe señalar que estas aberraciones son rechazadas todavía mayoritariamente en el Perú, especialmente entre los más humildes. Queda rezar. Pido a los sacerdotes y fieles, lectores de Adelante la Fe, que pongan al Perú y a Rafael López Aliaga en sus intenciones estos días.  ¡Muchas gracias!

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