Padre Javier: Hola Lourdes, antes que nada, quería agradecerte tu generosidad al querer compartir con todos nosotros el testimonio de tu conversión. La verdad es que es impresionante el ver como Dios es capaz de hacer lo imposible por acercarse a nosotros y traernos su salvación. ¿Cómo era tu vida hasta que te encontraste de verdad con Dios? ¿Cuáles eran tus sueños, tus metas, tus aspiraciones hasta antes de encontrarte con Dios?

Lourdes: Gracias a vosotros Padre Javier, por el maravilloso servicio que le prestáis a Dios.Antes de encontrarme con Dios llevaba una vida muy superficial, estaba sumergida en la mayor ignorancia en lo que se refiere a una vida de Fe. Era una oveja sin pastor y el camino que llevaba era un camino de perdición. Pensaba que para ser feliz sólo necesitaba ser independiente tanto en lo personal como en lo material. Por eso me labré mi propio futuro, estudié una carrera universitaria y conseguí un puesto de “trabajo estable”. Mi meta era vivir cómodamente sin tener que depender de nadie. Al mismo tiempo me divertía los fines de semanas siguiendo las modas impuestas por este mundo. En cuanto a mis sueños, tenía mucha ilusión en ser madre con la persona amada. Sin embargo, no estaba entre mis planes casarme.Hacía lo que solía hacer la mayoría de la gente que me rodeaba sin tener en cuenta a Dios. Recuerdo una frase de un hombre de Dios que dice así: “Lo común se vuelve normal y lo normal se hace ley”. Y efectivamente es así, llegué a ver normal aquello que solía hacer la mayoría de la gente.

Padre Javier: ¿Quién era Dios para ti antes de tu conversión?

Lourdes: Para mi Dios era un ser lejano, alguien al que había acudido muy pocas veces en toda mi vida. Prácticamente no lo conocía, y estaba totalmente alejada de Él. Lo más cerca que estuve de Él fueron los días que recibí clases de religión de pequeña en el colegio.

Padre Javier: ¿Tenías conciencia de pecado antes de que Dios irrumpiera en tu vida? ¿Hasta qué punto te dejaste llevar por el pecado?

Lourdes: Pues no, no tenía conciencia de pecado. Más bien pensaba que no le hacía daño a nadie. Y fíjese qué ignorancia la mía, ¡claro que le hacía daño a alguien, se lo estaba haciendo al corazón de Jesús y de María! Uno de los pecados más graves que cometí fue el haber estado conviviendo con mi pareja sin estar casados. Es más creía incluso que podía ser beneficioso para los dos, ya que pensaba que era una forma de conocernos mejor. Otra de las faltas gravísimas que cometí, tan sólo unos meses antes de mi conversión, fue el dejarme aconsejar por el mundo de la nueva era, el ocultismo, el reikiy el budismo, tratando de buscar esa falta de paz que necesitaba.

Padre Javier: ¿Sentías en tu vida vacío, sin sentido, falta de paz?

Lourdes: Sí efectivamente, sentía una falta de paz en mi interior enorme, o lo que es lo mismo una tristeza que me inundaba el alma.

Padre Javier: ¿Qué era para ti ser feliz antes de encontrarte con Dios? ¿Dónde buscabas la felicidad?

Lourdes: Para mi ser feliz, antes de encontrarme con Dios, era vivir tranquila sin problemas económicos ni personales. Pensaba que eso era suficiente, sin embargo, una vez conseguida mi meta, comprobé que seguía siendo infeliz y continué buscando la felicidad en caminos totalmente opuestos a Dios.

Padre Javier: En un viaje parece que Dios se acercó a ti y a tu pareja a través de la Santísima Virgen María. ¿Por qué decidisteis hacer ese viaje que cambiaría vuestras vidas? ¿Podíais intuir que algo iba a cambiar el rumbo de vuestra historia?

Lourdes: La Santísima Virgen María nos llevó de la mano para dar el paso más importante que cambiaría la vida de mi pareja y la mía. Fue Ella, nuestra Madre del cielo, quien nos acercó a la iglesia para encontrarnos con Dios y descubrir la llamada al Matrimonio. Todo comenzó a raíz de visitar el Santuario Mariano de Medjugorje, mencionado como el centro espiritual más grande del mundo. Decidimos hacer este viaje a Bosnia gracias a las continuas señales que me iba mostrando la Virgen María desde que empecé a rezar el Santo Rosario. La primera vez que decidí rezarlo, fue haciendo el camino de Santiago. El Señor me concedió un deseo y yo a cambio le prometí rezar el rosario con frecuencia. Unos meses después me encontraba visitando Tierra Santa y, montada en el avión de vuelta a casa, conocí a un sacerdote que me regaló una estampa de la Virgen de Medjugorje. La tuve guardada en mi cartera durante ocho meses sin saber de qué se trataba. Pensaba que era un lugar de Tierra Santa que me había dejado a tras sin visitar. Y en agosto del 2012, de forma providencial, como bajada del cielo, me llegó otra estampa con la misma imagen de la Virgen María. En esta segunda ocasión estaba recorriendo el Vía Crucis del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes con mi pareja. Se encontraba en el suelo boca abajo, concretamente en la XII estación “Jesús muere en la Cruz”. En un principio creía que era un papel publicitario porque tenía un texto escrito en francés, pero cuando le di la vuelta y vi que se trataba de la misma estampa de la Virgen de Medjugorje, me quedé perpleja. De camino a casa paramos en un pueblo del pirineo catalán (Rialp) para almorzar, y en el escaparate de un comercio había un anuncio que decía: “Peregrinación a Medjugorje”. Como se suele decir, más claro el agua. Así que ya no podía hacerme más la despistada. Empecé a intuir que algo estaba pasando en ese lugar, y tenía que descubrir de qué se trataba. Busqué por internet información sobre Medjugorje y cuál fue mi sorpresa, cuando leí que existía un grupo con el mismo nombre que rezaba el rosario en una parroquia de Sevilla. ¡No me lo podía creer! En esa misma página web conocí también el testimonio de Patrick y Anne, un testimonio verdaderamente impactante. De esta forma nos animamos mi pareja y yo a asistir todos los lunes a rezar el rosario con aquel grupo, donde además se sorteaban las tallas de la Virgen y del Cristo para que le rezásemos en casa. Nos tocaba de forma providencial todas las semanas a mi pareja una talla y a mí la otra. Esos días fueron inolvidables para mí. Un día, mientras escribía la oración de Fátima en el salón de mi casa para aprendérmela, recibí un agradable olor a rosas. Mi pareja acababa de salir de casa y por un momento pensaba que podía ser él. Sin embargo, rápidamente descarté esa posibilidad, ya que él no solía oler así. Momentos después me acordé de un testimonio muy bonito que me habían contado recientemente a cerca del olor a rosas de la Virgen María y me emocioné al sentir que nuestra Madre del Cielo pudiera estar llamándome. ¡Qué grande es el Señor! Él tuvo que valerse de estos signos para que nos diésemos cuenta que teníamos que cambiar de rumbo y descubrir Su Voluntad en nuestras vidas. Como dice su Palabra: “Buscad y hallareis, llamad y se os abrirá, pedid y se os dará, porque el busca encuentra, al que llama se le abre y al que pide se le dá”.

Padre Javier: ¿Qué fue lo que ocurrió en ese viaje y a donde te llevó?

Lourdes:Ese viaje que hicimos supuso un antes y un después en la historia de nuestras vidas. ¡No teníamos ni idea de lo que nos tenía preparado el Señor! Las primeras palabras que se me quedaron grabadas en el corazón fueron las del guía croata que nos acompañaba durante nuestra visita a Medjugorje. Recuerdo un consejo suyo que nos dio al grupo a cerca de la importancia de abrir nuestro corazón, algo que no entendía en aquel momento, pero que ahora valoro con mucha profundidad ya que fue la primera condición para convertirme. Acudimos a una charla de un Padre franciscano quien comentó que la mayoría de los novios que llegaban a Medjugorje, terminaban su relación tras descubrir sus vocaciones religiosas, convirtiéndose ella en monja o él en sacerdote. Me sorprendió mucho este comentario y dudé sobre mi relación con mi pareja. Sabía que Dios me estaba llamando, pero no sabía si me quería como monja o para formar una familia. A su vez el Padre dijo otra cosa que me llamó mucho la atención, explicó que el sentido de hacer ese viaje no era para ver las apariciones de la Virgen María, sino para descubrir el Amor de su hijo Jesucristo.En ese viaje descubrí por la Gracia de Dios mis errores y pecados. Fue a través del Sacramento de la Confesión cómo el Señor me quitó la venda que tenía puesta en los ojos. Animada por otros peregrinos que acudían a confesarse, fui tras ellos y me sinceré con el sacerdote. El sacerdote me indicó que no podíamos comulgar hasta que arreglásemos nuestra situación de pareja. Su consejo fue que eligiéramos una de estas tres posibilidades mientras recibía la Luz que necesitaba para saber mi vocación:

-vivir juntos como amigos,

-vivir en casas diferentes,

-o terminar nuestra relación

Al día siguiente, después de nuestra confesión, subimos al monte de las Apariciones. Lo subimos con el grupo rezando el rosario y parándonos en cada misterio para hacer nuestras peticiones. Entre las mías le pedí a María que me ayudara a tomar una decisión, y cuando llegamos a la talla de la Virgen María, nos pusimos de rodillas delante de Ella para rezarle. Al terminar, nos quedamos solos mi pareja y yo unos minutos, momento que aprovechó él para decirme: “¿Quieres casarte conmigo?” No tuve que pensar la respuesta, le dije un SI rotundo. ¡Y eso que había estado todo el día dudando sobre mi futuro con él! Fue una sorpresa, no me lo esperaba, pero él tampoco se esperaba que yo le fuera a contestar tan rápido. Es curioso, mi pareja pidió lo mismo que yo sin saberlo. Él le había suplicado a Dios que le ayudara a tomar una decisión, que si me quería como monja no iba a impedirlo y que si esa era su Voluntad que no se preocupara por él, porque iba a seguir rezando todos los días. Su ilusión era casarse conmigo, pero ante todo quería que yo fuese feliz. Sé perfectamente que la Virgen María estaba allí con nosotros animándonos a dar el paso que iba a cambiar nuestras vidas. María me había resuelto mis dudas sobre qué camino tomar, poniéndome delante de mí a la persona más maravillosa del mundo con la que iba a compartir el resto de mi vida. Otro de los recuerdos que me llevo en el corazón de este viaje tan especial, es el haber descubierto allí la alegría tan grande que siento cada vez que doy la Paz durante la celebración de la Santa Misa. Desde entonces me sigue pasando lo mismo en cada Misa que asisto, sonrío besando a la persona que está a mi lado y es un momento que aprovecho para acordarme de María y de Jesús con mucho cariño.

Padre Javier: ¿Dónde comenzó la conversión? ¿Qué fue lo que te hizo comenzar a caminar hacia Dios?

Lourdes:La verdadera conversión comenzó cuando volvimos de ese maravilloso viaje. Una vez en casa, me di cuenta que ya no era la misma persona, sentía ansias por Dios y por cumplir las cinco piedritas que pide la Stma Virgen María. Ya no me atraían las cosas que hacía antes y tampoco me sentía a gusto en las conversaciones que tenía con la gente que me rodeaba, solo quería hablar de Dios, de la Virgen María y de mi conversión.Meses antes, estando aún en pecado mortal, me operaron y estuve a punto de perder la vida. Me tuvieron que intervenir por segunda vez porque empecé a perder mucha sangre por dentro, hasta dos litros, y los médicos no sabían lo que sucedía. Ese día, minutos antes de entrar en el quirófano, recé el Santo Rosario. Yo no sabía rezarlo, por aquel entonces lo rezaba a mi manera desde hacía un año (todas las bolas las rezaba con un padre nuestro), pero el Señor se sirvió en esta ocasión de la nueva tecnología para que aprendiera. Y allí, en la cama del hospital, mirando un croquis por internet, recé el rosario por primera vez a la Virgen María. No tengo palabras para agradecerle a Dios tanto bien como ha hecho en mi vida.Y es que no sólo ha hecho milagros físicos a mí y a otros miembros de mi familia, sino lo más importante es la gran misericordia que tuvo conmigo, sin merecérmelo, salvándome el alma. En ese año, 2012-2013, convocado por el Papa Benedicto XVI como año de la FE, mi marido y yo recibimos por la gracia de Dios cuatro sacramentos: Confesión, Eucaristía, Matrimonio y Confirmación.

Padre Javier: ¿Qué papel tuvo el Sacramento de la Confesión en tu proceso de conversión? ¿Cómo impactó en ti este Sacramento?

Lourdes: El Sacramento de la Confesión fue y sigue siendo muy importante en mi proceso de conversión. Me sirvió para que el Señor me quitara la venda que tenía puesta en los ojos y me dejara al descubierto mis errores y pecados. A través del Sacramento de la Confesión el Señor me fue revelando muy sutilmente mis pecados y me dio el entendimiento suficiente para comprender qué tenía que hacer para salvarme. Gracias al Espíritu Santo y por intercesión de nuestra queridísima Madre la Virgen María, obtuve las fuerzas necesarias para llevar la relación con mi pareja de la forma adecuada. Las palabras más bellas que me ha dicho el Señor en una confesión han sido que me ama. ¡Guau, que impresión más grande me llevé! Ocurrió hace unos días en Fátima. Llegamos allí el 25 de diciembre con nuestra pequeña hija de 8 meses con motivo de nuestro segundo aniversario de bodas. Antes de entrar en el confesionario había estado rezando el rosario para prepararme, y cuando empecé a contarle al sacerdote, me dio la impresión de que no se estaba enterando por su avanzada edad y por su lengua extranjera. Sin embargo, cuando terminé me dejó muy impresionada con los consejos que me dio. Entre otras cosas me dijo que la confesión no era un lugar donde Jesús juzga y castiga a las personas, sino que es un lugar donde podemos ir a descansar y dejarnos amar por Él. Seguidamente me cogió de las manos, donde guardaba mi rosario, y mirándome a los ojos me dijo: “Dios te ama”. ¡Qué fuerte! Me llegaron tan adentro estas palabras que rompí a llorar de alegría y emoción. Estaba convencida de que se había dirigido directamente el Señor a mí por boca del sacerdote y de sus manos. ¡Fue impresionante! ¡Gloria al Señor!

Padre Javier: Se abrió como una sed de Dios en tu alma ¿Verdad? ¿Cuáles fueron los primeros pasos para ir al encuentro con Dios?

Lourdes: Si Padre Javier, se abrió una sed muy grande de Dios en mi alma. Por eso, me sentí impulsada a buscarlo en su iglesia y a querer colaborar con algún servicio dentro de ella. Los lunes iba a rezar el Santo Rosario con el grupo de Medjugorje, los miércoles acudía al grupo de los carismáticos en la misma parroquia, los viernes reservaba una hora para adorar al Santísimo Sacramento con la Comunidad de Jerusalen en otra localidad y un sábado al mes alimentaba mi alma con los retiros espirituales del Padre Francisco Javier. Solía acudir a muchos grupos dentro de la iglesia, por el hambre que tenía de Dios después de volver de Medjugorje. Era tanta la sed que tenía de Él, que no me importaba dedicarle muchas horas al Señor, todo lo contrario, iba a estos encuentros con mucho gozo. Al mismo tiempo era fiel a los mensajes de la Virgen María: Rosario con el corazón, biblia, confesión, eucaristía y ayuno. Con el tiempo comprendí que no podía estar en tantos grupos a la vez y busqué un sacerdote para que me acompañara en mi crecimiento espiritual. Sé que es difícil entender esto, sobre todo para quien me ha conocido antes de mi conversión, como son mi familia y mis amigos.Hoy, dos años después, continúo teniendo las mismas ganas de seguir conociendo a Dios, de aprender su Palabra y de no desviarme nunca de su camino.

Padre Javier: ¿Qué significó para tu vida el descubrir que Jesucristo baja del cielo a la tierra en cada Misa para quedarse escondido en esas apariencias de Pan y de Vino?

Lourdes: Para mí fue un gran descubrimiento teniendo en cuenta que mi educación religiosa era bastante escasa. El saber que Jesucristo baja del cielo para quedarse escondido en las apariencias de Pan y de Vino supuso un cambio de mi comportamiento, ya que hizo que asistiera con más respeto y devoción. Para entender este misterio me sirvió mucho la película “El Gran Milagro”. Es una película preciosa que narra lo que sucede en cada celebración de la Santa Misa. Así como el testimonio con el mismo nombre, donde la Santísima Virgen María le explica a una señora cómo debemos comportarnos y qué oraciones debemos decir para participar en dicha celebración de la forma adecuada.

Padre Javier: ¿Qué importancia ha tenido para ti el descubrir que Jesucristo se encuentra en el Sagrario, que puedes ir a estar con Él y adorarlo como en Belén, pero en cualquier Iglesia del mundo donde haya un Sagrario?

Lourdes: Pues es para mí una gran alegría, especialmente porque adorando a Jesucristo allí en el sagrario recibo una Paz inmensa difícil de expresar con palabras. Sobre todo cuando la Adoración la hago en grupo, es impresionante lo que recibo. Es el tesoro más hermoso, el regalo más grande que podíamos recibir del cielo. Allí en el sagrario se me olvida el resto del mundo, el Señor me reconforta y me da lo que necesito cada vez que voy a su encuentro. Hay una Palabra de Dios que dice así: “Aunque tu madre y tu padre te abandonen, yo nunca te abandonaré”.

Padre Javier: ¿Qué cambió en tu vida y en la de tu pareja desde que os encontrasteis con Dios?

Lourdes: Cuando nos encontramos con Dios y vimos nuestra verdadera realidad como pecadores, no tardamos mucho en ponernos en sus manos para que reparase nuestro pecado y nos ayudara a cumplir su Voluntad de casarnos y formar una familia.

Padre Javier: Yo tuve la dicha de casaros un 25 de Diciembre a Ti y a José. Una boda que preparasteis en un mes y pico creo recordar. Algo inusual en una sociedad en la que vivimos donde las bodas se preparan con casi dos años de antelación y por desgracia con muy poca conciencia de lo que se va a recibir. Para vosotros fue un momento muy importante de vuestras vidas, no tuvisteis miedo a nada, solo queríais hacer la voluntad de Dios y agradar a vuestro Señor ¿Que os llevó a querer emprender la aventura de vivir unidos a los ojos de Dios?

Lourdes: Tuvimos la dicha en primer lugar de poder preparar nuestra boda con su ayuda Padre Javier, ya que gracias a sus indicaciones llegamos al altar siendo conscientes de lo que íbamos a hacer, es decir, de unirnos los dos a Dios para toda la vida. Se me quedó en el corazón aquello que nos dijo usted en los cursillos prematrimoniales de que el matrimonio no era cosa de dos sino de tres y mientras que tuviéramos a Dios con nosotros, nuestro matrimonio nunca se rompería. Ese día se me quitó el miedo a casarme, me tranquilizaron sus palabras y le doy gracias a Dios por seguir ayudándonos a mantener y conservar nuestro matrimonio con el fin de que pueda ser algún día un matrimonio católico y santo. Tuvimos la dicha también de aprender en el cursillo prematrimonial con dos monjas encantadoras. Lo que nos llevó a emprender la aventura de vivir unidos a los ojos de Dios, es que queríamos ser felices y la única forma es cumpliendo su Voluntad. Tengo que reconocer que yo era rehacía a dar el paso, pero con la ayuda de la Stma Virgen María, recibí la Luz del Espíritu Santo que me iluminó el entendimiento para saber lo que quería Dios de nosotros.

Padre Javier: ¿Qué es lo más importante que viviste en tu boda y en todo el proceso que os llevó hasta el altar? ¿Qué no se te olvidará nunca?

Lourdes: Tres meses antes de nuestra boda, concretamente justo cuando volvimos de Medjugorje, seguí los consejos que recibí en mi confesión allí, y busqué un sacerdote que nos acompañara en todo el proceso que nos llevaría al altar. Este primer paso fue muy importantepara nosotros porque de esta forma no hicimos las cosas a nuestra manera sino a la manera de Dios. Por la Gracia de Dios pudimos llevar nuestra relación viviendo en la misma casa, pero como amigos hasta que nos casamos, y la semana antes de la boda estuvimos viviendo en casas diferentes. La oración, los sacramentos y el ayuno fueron fuertes instrumentos para poder dejarme guiar por Dios y cumplir su Voluntad. Uno de los más bellos momentos que viví en mi boda y que no se me olvidará nunca fue el momento de la consagración y de recibir el cuerpo de Cristo. Se palpaba la presencia del Espíritu Santo en todo momento y mi marido y yo nos pusimos de rodillas con especial reverencia. Aquel día pudimos recibir el cuerpo de Cristo con el alma limpia. Teníamos una actitud de profundo recogimiento y parecía como si estuviésemos los dos solos en la iglesia con Dios sin nadie a nuestro alrededor. Me gustó mucho el texto de la Palabra de Dios que dice: “…el amor es paciente, es amable, no es envidioso, no es jactancioso, nose engríe, es decoroso, no busca su interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra de la injusticia, se alegra con la verdad, todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta…”. Otro de los momentos inolvidables de nuestra boda fue cuando nos dimos la Paz. Me giré y saludé a cada uno de los invitados con la mano y una sonrisa que me salía del alma.

Padre Javier: ¿Qué les dirías a los matrimonios jóvenes que tienen miedo a estar abiertos a la vida?

Lourdes: Pues les diría que no tuvieran miedo y que no interrumpieran los planes que tiene Dios para ellos.Cuando uno se deja llevar por Dios, cumpliendo sus mandamientos y siéndole fiel, Él nos recompensa con creces. Para mí el poder ser madre ha sido la experiencia más bonita que me ha regalado el Señor. Él me ha hecho dos preciosos regalos desde que le abrí mi corazón, uno es mi marido y otro el otro mi hija. Actualmente me encuentro en paro, bueno más bien sin tener un trabajo remunerado, porque el trabajo de ama de casa nos es precisamente estar parada. Sin embargo, no nos hacen falta dos sueldos, gracias a Dios. Creo que la mayoría de los matrimonios jóvenes no quieren tener más de uno o dos hijos porque piensan que no van a poder llegar a pagar todos los gastos, pero en realidad tienen una mentalidad egoísta, ya que se puede vivir con mucho menos de lo que tenemos. Pienso que nos sobra más de la mitad de las comodidades que tenemos encasa y que podríamos invertir y apostar más por descubrir las maravillas que tiene el Señor preparadas para nosotros, como es el milagro de la vida.

Padre Javier: Después de todo lo que ha llovido y todo lo que ha cambiado tu vida, ¿Podrías decirme los puntos más importantes que has descubierto en tu fe y con los que ya no podrías vivir sin ellos?

Lourdes: Los puntos más importantes son la oración con el corazón y los sacramentos. Es fundamental para mí orar todos los días. La oración es como una bombona de oxígeno que me revitaliza y me da las fuerzas necesarias para comenzar el día. El rosario diario, el ángelus, la Palabra de Dios, la visita al sagrario o la adoración semanal, forman parte también de los elementos fundamentales que me alimentan el alma y con los que ya no podría vivir sin ellos. Con respecto a los sacramentos, como son la Confesión frecuente y la Eucaristía, son otros de los puntos muy necesarios en mi vida, que junto con la oración me ayudan a caminar en la Luz y a guardarme del maligno. Con estas recomendaciones, que llevo poniéndolas en práctica desde hace unos dos años, recibo el precioso don de Dios; la Paz. Es esta Paz la que me hace no tener que preocuparme por lo que comeré mañana o con qué me vestiré, ya que Dios me da siempre lo que necesito en cada momento, como bien dice su Palabra. En uno de los mensajes de nuestra Madre la Santísima Virgen María aparece lo siguiente; “El fruto de la Paz es el Amor, y el fruto del Amor, es el Perdón”

Padre Javier: A partir de tu conversión, ¿Cuáles son ahora tus aspiraciones y tus metas? ¿Cuál es el sentido de tu vida ahora?

Lourdes: Mis aspiraciones ahora, después de mi conversión, son muy diferentes a las de antes, principalmente porque ahora sé dónde se encuentra la felicidad y que sólo hay un camino para llegar a ella llamado Jesucristo (Camino, Verdad y Vida). Ese es el sentido de mi vida, ser feliz aquí en la tierra y algún día también en el cielo, amar con el mismo amor que nos ama Jesucristo.

Padre Javier:Bueno Lourdes, muchísimas gracias por esta magnífica entrevista que estoy seguro va a ayudar a muchísimas personas. Dios os bendiga a ti y tu familia.

Lourdes: Muchísimas gracias a usted, Padre Javier, por darme la oportunidad de contar lo que he visto, oído y gustado para Gloria de Dios. Mis más sinceros deseos para este nuevo año. Dios le bendiga.

Padre Francisco Javier Domínguez