A pesar de ser cura de unos  pueblos  escondidos en las inmensas marismas del Guadalquivir, cuando uno menos lo espera aparecen transeúntes, vaga mundos, caminantes, peregrinos de Santiago… En estos años he podido ver como Dios va guiando a las almas hasta llegar a un pequeño pueblo donde se cuida y se ama a Jesucristo. Muchos van buscando la soledad, la claridad del cielo, rutas perdidas del camino de Santiago… Y de repente escuchan las campanas. Esos que van casi perdidos por las marismas comienzan a ir tras el sonido de las campanas como si de la Estrella de Oriente se tratara. Y cuando llegan se encuentran un Iglesia con un Sagrario más lindo y más limpio que los chorros del oro, y un curita con dos monjitas allí adorando a su Señor.

La mayoría se quedan sentados al fondo de la Iglesia, observando y escuchando el canto de la oración de Vísperas, o la Santa Misa, o reciben la bendición con el Santísimo… Casi todos, sin saber muy bien por qué terminan pidiendo confesión o consejo. A unos tienes que darles comida calentita y hospedaje, a otros indicaciones de cómo llegar a la civilización, unos se quedan por unos días otros por semanas…

De todos ellos siempre se aprende algo, pero hace unas cuantas semanas la providencia de Dios trajo hasta mi parroquia a un frailecillo de esos que se ven tan poco: con su habito, su vida de piedad y amor a Dios, la mirada y la vida recogida para su Señor…  Mientras le preparaba la cena le preguntaba de que congregación era, por qué llevaba como una custodia colgada en el pecho en vez de una Cruz… Y me explicaba como su vida estaba destinada a la adoración al Santísimo Sacramento y a que mucho conociesen este regalo del cielo. Era un hijo de San Pedro Julian Eymard. Me comentaba cosas asombrosas y preciosas de la vida que llevaban los frailes sacramentinos de la antigua observancia, de cómo amaban con todas las veras de su alma a Jesús Sacramentado y de cómo en esta vida todo es cuestión de amor a Jesucristo. La penitencia, la oración, la santidad… Todo es cuestión de cuanto uno está dispuesto a amar a Dios, hasta donde quieres amarlo. Por amor a Jesucristo uno hace lo que sea, cruzar el mundo y ayunar dos veces en semanas a pan y agua. Y como más atrapa el Señor nuestros corazones es cuando nos dejamos mirar por Él en la Eucaristía.

¡Cuánta necesidad de Sagrario y de Adoración Eucarística deberían tener los cristianos!

Antes de comenzar a cenar le dije al frailecillo que si no le importaba ponerme por escrito el método de adoración que ellos utilizaban cuando hacían una hora santa. Y esto fue lo que me dejó escrito, espero os ayude mucho:

El método de la adoración de San Pedro Julián Eymard

En la Santa Misa, Jesús se ofrece como sacrificio al Eterno Padre por los hombres, sus hermanos y por todos los pobres pecadores

PRIMERA PARTE: ADORACIÓN. (15 Minutos)

Unión con toda la corte celestial y la Virgen María

Contemplar la grandeza de la Eucaristía

Acto de fe: Adoración con el cuerpo y con el alma.

Adorar a Jesús mediante Jesús mismo, por el hecho de hacerse presente.

SEGUNDA PARTE: ACCIÓN DE GRACIAS. (15 Minutos)

Gratitud como acto de amor a Él.

Se entregó  a la muerte por nuestra Salvación y para quedarse con nosotros en la Eucaristía, su presencia real.

Por su estado sacramental como amor perpetuo.

Gratitud por la vida, vocación, gracias…

Por todos los beneficios concedidos a la humanidad.

Una gratitud Sacramental y terrena.

TERCERA PARTE: PROPICIACIÓN. (15 Minutos)

Adorar  por los que no adoran. Jesús abandonado en la Eucaristía, en el Sagrario.

Por las traiciones e insultos, ingratitudes, profanaciones y sacrilegios.

Llorar a sus pies por los pecados propios y por los de todo el mundo.

Unión a Cristo por la Cruz.

CUARTA PARTE: SÚPLICA. (15 Minutos)

Adorar al Señor que ruega sin cesar al Padre por nosotros.

Pedir por la Iglesia, el Papa, los obispos, Sacerdotes, religiosos, laicos, el Pueblo de Dios…

Pedir por las vocaciones, las familias cristianas…

Por la conversión del mundo.

Por las propias intenciones.

Suplicad: Adveniat Regnum Tuum Eucaristicum (A.R.T.E.)

Padre Francisco Javier Domínguez