CORRISPONDENZA ROMANA

Vaticano-Estados Unidos: el partido está abierto

Los Estados Unidos corren el riesgo de ser el mayor gran tropiezo del Papa Francisco en su Pontificado. El reciente tira y afloja entre la Santa Sede y los Obispos norteamericanos así lo confirma. La Conferencia Episcopal norteamericana se reunió el 12 de noviembre en Baltimore para discutir y aprobar las directrices sobre la prevención de los abusos del clero y la creación de una comisión de investigación independiente. Sin embargo, en la víspera de la apertura de los trabajos, el Cardenal Di Nardo recibió la solicitud de la Santa Sede de suspender toda decisión en la materia, para esperar la cumbre de la Conferencia Episcopal del mundo, convocada por el Papa Francisco para mediados del mes de febrero. Cuando el Cardenal DiNardo comunicó la decisión a sus hermanos, no pudo esconder su decepción, hablando de “insistencia” de la Santa Sede en su indebida exigencia.

Según Andre Tonielli, portavoz informal del Papa Francisco, la razón de la decisión vaticana nacería del hecho de que los documentos de los Obispos norteamericanos fueron enviados a Roma únicamente en vísperas de la asamblea general. “En el transcurso de pocas horas quien examinó los textos en el Vaticano relevó dos géneros de problemas: la falta de conformidad con cuanto establece el Código de Derecho Canónico y una cierta generalización de algunas de las normas establecidas para juzgar la rendición de cuentas, es decir la responsabilidad personal de cada obispo en la gestión de los casos de abuso (…) Por otra parte, el voto del Episcopado norteamericano respecto a esta nueva directriz tuvo lugar cuando ahora están faltando poco más de dos meses para la cumbre convocada por el Papa Francisco sobre los abusos, en la cual tomarán parte todos los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo. El Cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación de los Obispos escribió, por orden del Papa, una carta dirigida al presidente de los obispos norteamericanos, el Cardenal Daniel DiNardo, pidiéndole posponer la votación (la votación, no la discusión).” (https://www.lastampa.it/2018/11/17/vaticaninsinder/santa-sede-e-chiesa-usa-sinodalit-e-tradizione-SyhfRdfZ1Mq2wp0JYfRtL/pagina.html)

Sin embargo, conforme un minucioso reportaje de Ed Condon en la Catholic News Agency, las cosas corrieron de un modo muy diverso. Dos cardenales “liberales” próximos al Papa Francisco, Cupich de Chicago y Wuerl, Arzobispo Emérito de Washington, en conexión con la Congregación de los Obispos, trabajaron desde hace tiempo sobre un plan alternativo al proyecto de sus hermanos. “El plan propuesto por la Conferencia había instituido una comisión independiente guiada por laicos para indagar sobre las acusaciones contra los Obispos. El plan de Cupich-Werl en lugar de ello envía las acusaciones contra los Obispos para ser investigadas por el mismo Arzobispo Metropolitano, conjuntamente con la comisión de revisión de la arquidiócesis. El mismo Metropolitano podría ser indagado por los mismos obispos sufragáneos más ancianos. Fuentes de Roma y de Washington DC dijeron a Catholic News Agency (CNA) que Werl y Cupich trabajaron juntos durante semanas sobre el plan alternativo y lo presentaron a la Congregación vaticana de los Obispos antes de la asamblea de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos en Baltimore.” (https://www.catholicnewsagency.com/news/cupich-and-wuerl-collaborated-on-alternative-sex-abuse-proposal-10934).

Tal como escribe Marco Tosati, que tradujo al italiano el artículo, “se sabe que Cupich y Wuerl y la Congregación para los Obispos trabajaron durante meses a espaldas de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, para sabotear las dos propuestas en las que estaban trabajando los norteamericanos. Y de lo que por cierto Roma era continuamente informada. De esta forma cae así la penosa justificación -que sirvió también a las grandes agencias de prensa internacionales, propensas a las versiones oficiales- según las cuales Roma había sido tomada de sorpresa por la propuesta de los obispos. No, simplemente estaba preparando un plan suministrado por elementos del grupo de poder próximo a McCarrick.” (https://www.marcotosatti.com/2018/11/17/usa-roma-te-la-do-io-la-sinodalita-la-trappola-ai-vescovi-usa-preparata-da-wuerl-cupich-e-il-vaticano/).

Los 80 Obispos que en Baltimore habían votado contra el bloque vaticano respecto a las decisiones de la Conferencia Episcopal Norteamericana, quizás no previeron las consecuencias. Lo escribe, en un comentario sobre Breitbart, Ben Harnwell, que destacó los riesgos de carácter internacional de la interferencia vaticana sobre los Obispos de los Estados Unidos (https://www.breibart.com/faith/2018/11/15/pope-francis-undermines-vatican-diplomatic-immunity-with-usccb-intervention/). Según Harnwell, al ordenar a los Obispos norteamericanos de abstenerse de votar medidas destinadas a combatir los abusos sexuales del clero, el Papa Francisco podría haber inadvertidamente cometido el acto más costoso y grave de su Pontificado. También Carlos Esteban, en Infovaticana (https://infovaticana.com/2018/11/18/el-veto-vaticano-al-episcopado-de-eeuu-pone-a-la-iglesia-americana-a-merced-de-la-autoridad-civil/), remitiéndose al artículo de Harbwell, observa que el veto vaticano al Episcopado estadounidense coloca a la Iglesia norteamericana a merced de la autoridad civil: Según el Foreign Sovereign Immunity Act del año 1976, el gobierno de un estado soberano no puede ser llevado a juicio en los Estados Unidos, excepto en casos excepcionales. Y uno de estos, la “excepción por acoso” fue aquella alegada en el 2010 por el abogado William McMurray en el caso O´Bryan contra la Santa Sede, en una corte de Kentuki, en la cual, en nombre de un grupo de víctimas de abusos clericales, solicitó la declaración ante tribunal del entonces Pontífice Romano, Benedicto XVI. Una vez perdida la causa, la Corte de Apelación anunció que un nuevo proceso podría haber sido iniciado solo si los demandantes hubieran podido probar que los Obispos norteamericanos actuaron por orden del Vaticano. Y esto, según Harnwell, es exactamente lo que hace así peligrosa la intervención con la cual el Vaticano vetó el documento de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos. Sometiéndose a las órdenes perentorias del Vaticano, los Obispos parecen admitir que dependen de la Santa Sede en las cuestiones operativas relativas a la política de los abusos cometidos por el Clero en los Estados Unidos. Es perfectamente concebible que en el futuro los abogados de las víctimas hagan uso de esto y es difícil que ello no lleve a un dramático aumento de las acciones legales, que podrán exponer a la Santa Sede a riesgos de indemnización por millones de dólares en créditos.

Aldo Maria Valli, informa en su blog que una class action -acción de clase- contra la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos y la Santa Sede ha sido presentada en los Estados Unidos por los cuatro abogados que representan a seis hombres que afirman haber sido abusados sexualmente por sacerdotes cuando eran menores. “Con la demanda legal colectiva, los querellantes demandan a la Iglesia católica un resarcimiento por los daños sufridos, una declaración pública de arrepentimiento y una iniciativa de reparación de acuerdo con el sentido de responsabilidad y de transparencia. La causa, de ochenta y cuatro páginas, está fechado el 13 de noviembre y afirma que el Vaticano y los Obispos norteamericanos, aún sabiendo cuanto ocurría en algunas diócesis y parroquias, durante años y años, de modo continuo, negaron que fueran abusos y enterraron los casos y transfirieron la responsabilidad de una parroquia a otra, colocando en riesgo a otros menores. A través de ´acciones ilícitas, inacciones, omisiones, encubrimientos y engaños´, se lee, se determina una ´conspiración del silencio´ que provocó graves daños personales, mentales, psicológicos y financieros a los querellantes”. Y por parte de los exponentes de la Iglesia se trató de un comportamiento no episódico sino adoptado sistemáticamente”. (https://www.aldomariavalli.it/2018/11/19/negli-usa-una-class-action-contro-vaticano-e-vescovi/).

Los denunciantes consideran a la Iglesia Católica de la misma manera que a una “empresa” y citan al Vaticano ante los Tribunales como Estado extranjero, sea como “organización no registrada”, sea como “vértice de una organización religiosa internacional”. El partido, entonces, está abierto.

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