Viganò desenmascara el plan del Vaticano para expulsar a unas monjas tradicionalistas

Texto de Carlo Maria Viganò

Algunas aclaraciones para restablecer la verdad sobre la situación del monasterio María Templo del Espíritu Santo de Pienza:

Primera parte

Orden de los acontecimientos


Habiendo salido a la luz noticias conflictivas y contradictorias sobre la comunidad de clausura del monasterio de las benedictinas de Pienza, como pastor, me considero en el deber de intervenir para restablecer la verdad, que podrá verificar cualquiera que carezca de prejuicios y se preocupe por la suerte de esas pobres religiosas, así como a poner en evidencia la actitud de franca hostilidad hacia ellas por parte de las autoridades eclesiásticas. En esta primera parte analizaré el orden de los acontecimientos; en la segunda, el contenido de las medidas tomadas por la Santa Sede, situándolas en el contexto más amplio de la acción demoledora de Bergoglio; y en la tercera, las iniciativas que habrá que tomar.

I. Orígenes


En primer lugar, hay que empezar por el origen del monasterio. Doce de las treces religiosas que lo integran proceden de la comunidad benedictina Santa María de las Rosas de la localidad de Sant’Angelo in Pontano, que pertenece a la Federación Picena. Este monasterio de la región de Las Marcas conoció una época de reavivamiento y comenzó a acoger vocaciones femeninas procedentes del llamado Camino Neocatecumenal de Kiko Argüello. De hecho, las jóvenes de las que hablamos entraron en religión en el Camino, y más tarde los responsables del Camino las enviaron en 2013 a instituir una nueva fundación benedictina en Holanda, en la diócesis de Haarlem-Amsterdam, con el beneplácito del obispo Josef Marianus Punt. El nuevo monasterio fue aprobado el año siguiente por la Santa Sede.

Como ya había sucedido en Santa María de las Rosas y en casi todas las comunidades sometidas al control de Kiko, la autonomía de gobierno del monasterio se vio sometida en Holanda a duras pruebas por las graves e indebidas injerencias de los dirigentes del Camino. Esa jerarquía neocatecumenal paralela constituida por Argüello y sus catequistas llevó a las religiosas a decidir, colegialmente en capítulo, distanciarse del Camino.


Al cabo de cuatro años, monseñor Punt fue obligado a apartarse de las monjas bajo presiones de Kiko, que amenazaba con retirar de la diócesis a sus sacerdotes neocatecumenales. Estos, en la práctica, eran los únicos con los que podía contar el obispo, porque formaban una parte considerable de su clero. Para que nos hagamos una idea de la capacidad de interferir en el gobierno de la Iglesia que tiene una asociación de laicos que ha planificado su infiltración capilar en el cuerpo de la Iglesia haciéndose indispensable para, una vez acogidos en la Iglesia, imponer sin trabas su línea pastoral. Entonces las religiosas decidieron regresar a Italia, al monasterio de Pontano, pero el terremoto de 2016 lo había deteriorado hasta el extremo de hacer imposible su regreso a él.


Es evidente que esta decisión de las monjas, enésima prueba de la acción manipuladora de los dirigentes del citado movimiento, ha originado un vacío, abandonadas a su suerte y privadas de todo sustento y apoyo por parte de los dirigentes del Camino. Las monjas buscan entonces hospitalidad en Italia, pero los obispos diocesanos y los conventos a los que se dirigen, al saber que la comunidad procede del movimiento neocatecumenal, desconfían y se oponen. En vista de los problemas originados en las diócesis y parroquias del Camino, los kikos ya no gozan de la entusiasta acogida de otros tiempos, y esa desconfianza repercute en las monjas, que son rechazadas a causa de su origen.


II. Llegada a Italia

Esta es, pues, la situación de las monjas, que llegan a Italia con el sambenito de haber huido de la manipulación y el adoctrinamiento herético del poderoso gurú español. Con todo, su orientación modernista permite que las religiosas sean acogidas en Pienza, donde son recibidas en agosto de 2017 por el obispo Stefano Manetti, dado que desde hacía años la diócesis asistía a la inexorable extinción de la vida religiosa contemplativa. Contento de tener un monasterio de benedictinas, monseñor Manetti les asigna provisionalmente locales que no están en uso del seminario de verano, haciéndose cargo del pago de la luz, el agua y otros servicios similares, y promete a las religiosas que les buscará un edificio idóneo para que sea su sede definitiva, necesaria para la erección canónica de un monasterio sui iuris, es decir, que dependa directamente de la Santa Sede.


Las promesas de monseñor Manetti de encontrarles una sede idónea no se materializan, pero el obispo obtiene de la Santa Sede en febrero de 2019 la autorización para erigir el monasterio sui iuris, mediante lo que parece ni más ni menos que una forma de forzar el derecho canónico, que en el caso de la fundación de un monasterio sui iuris incluye la propiedad del inmueble en que tiene su sede. A tal fin, monseñor Manetti declara a las hermanas que él mismo será su garante.


Todo esto se hace con la aprobación del capítulo del monasterio del que provienen las monjas y concluye en 2019 con la elección de la abadesa, sor Maria Diletta dello Spirito Santo, que recibe la bendición abacial de monseñor Manetti.


Pocos meses después, monseñor Manetti les propone un contrato de comodato durante nueve años, revocable a voluntad, con la condición de que las monjas corran con los gastos ordinarios y extraordinarios, así como los de mantenimiento del edificio. Las religiosas se ven ante una propuesta inaceptable, tanto porque carecen de medios económicos como porque no tienen garantías de cara al futuro. Está claro que el comportamiento contradictorio y errático de monseñor Manetti obligaba a las monjas a marcharse sin que se las expulsara oficialmente. El motivo por el que la Curia estaba tan interesada en reapropiarse del seminario de verano no tardará en hacerse patente.

A este respecto, conviene recordar que un monasterio benedictino sui iuris, por depender exclusivamente de la Santa Sede, no está obligado a integrarse en una federación, o sea, en un grupo de monasterios que compartan una orientación similar en lo espiritual y en su gobierno.

La constitución apostólica Vultum Dei quaerere, promulgada por Bergoglio el 29 de junio de 2016 sirvió para modificar la práctica establecida por el venerable Pío XII mediante la constitución apostólica Sponsa Christi de 1950. Así se sentaron las bases para la instrucción Cor orans del 15 de mayo de 2018, que especificaba las medidas para aplicar la supresión y federación de monasterios. Huelga decir que la finalidad de ambos documentos consiste en acabar con la vida contemplativa y en la progresiva reeducación –precisamente por medio de las federaciones– de las religiosas. Con la excusa de inexorable crisis vocacional, Cor orans permite juntar a las religiosas de varios conventos de modo que las propiedades de dichos cenobios, que con frecuencia consisten en valiosos inmuebles históricos con una ubicación magnífica, queden en posesión de la Santa Sede. Las hermanas se vieron despojadas de su familia espiritual y trasladadas a nuevas comunidades, con la obligación de estudiar cursos de actualización. O sea, de adoctrinamiento y reprogramación fuera de la clausura. Las comunidades tradicionalistas son, claro está, las más perseguidas.

Todos estos detalles son necesarios para entender cómo, una vez de vuelta en Italia y constituidas en un monasterio con su propia abadesa, las monjas de Pienza manifestaron gran flexibilidad y disponibilidad –sin estar obligadas a ello, ya que su convento era sui iuris– a entablar contacto con las federaciones existentes con miras a estudiar cuál de ellas era la más afín a su carisma. La aparición del cóvid interrumpió el proceso, sobre todo con el confinamiento. Pero la acción devastadora de Cor orans prosigue inexorable; prueba de ello son las presiones indebidas que ejerce la Santa Sede sobre el monasterio de Pienza, que como dijimos no está obligado ni de lejos a integrarse en una federación, por ser sui iuris.

En realidad, el problema surgió cuando monseñor Manetti escogió la mencionada modalidad canónica sin dar garantías sobre la propiedad del inmueble, condición indispensable para un monasterio sui iuris. El traslado de Manetti y el nombramiento del cardenal Lojudice –amigo del Vicario General y ex rector del seminario– motivaron probablemente al obispo a tratar de organizar una situación que ya era irregular antes de la llegada de su sucesor. En el decreto de  erección de la comunidad Manetti había declarado: «De conformidad con el derecho canónico vigente, erijo en la diócesis de Montepulciano-Chiuri-Pienza el monasterio de las monjas benedictinas […] en Pienza, con todos los privilegios y gracias espirituales que gozan los ministerios de la orden mencionada, cumpliendo todo lo que exigen las normas universales de la Iglesia, en particular en lo referente a la clausura, el mantenimiento de las monjas y su asistencia espiritual». Pero sabemos que no ha sido así: las propiedades del monasterio han permanecido en la diócesis, y el sustento de las monjas por parte de ésta se limitaba al pago de las facturas de electricidad, agua y otros servicios similares. Por esa razón, el obispo no puede oficializar su apartamiento de la diócesis y se limita a presionar verbalmente a las religiosas para que se vayan.

III. Descubrimiento de un rito antiguo

En 2020, gracias a un sacerdote amigo del monasterio y algunas personas vinculadas al mundo de la Tradición, las religiosas descubren la Misa Tridentina y monseñor Manetti aplica en su favor el motu proprio Summorum Pontificum, entendiendo que la celebración ocasional de la Misa según el rito antiguo puede ayudar a la comunidad a liberarse definitivamente de su formación neocatecumenal. Al año siguiente se dirige a los benedictinos de Nursia para que ayuden a las monjas en dicha transición. Tras la promulgación de Traditionis custodes, el prelado pide a unos sacerdotes de Roma que se encarguen de que no les falte la celebración dominical de la Misa por el Rito Tridentino, con tal de que no sea la única forma litúrgica.


Entre tanto, las religiosas siguen buscando sin éxito por toda Italia un convento donde instalarse. Los que están deshabitados tienen unos costos muy elevados, o bien necesitan grandes obras de restauración que un grupo reducido de monjas no se puede permitir ni de lejos. Por otra parte, los conventos benedictinos con pocas monjas consideran problemático acoger a trece hermanas porque supondría una especie de revolución que alteraría su vida tranquila y regular. Las monjas piden al obispo que las deje donde están, y le ofrecen hacerse cargo ellas del pago de la luz, agua y esas cosas, hasta entonces costeadas en parte por la diócesis, dado que ésta les pagaba una parte importante de ellas.

IV. Llegada del nuevo obispo

En abril de 2022 llega la noticia del traslado de monseñor Manetti, que ha sido trasladado a la diócesis de Fiésole. Esta decisión de la Santa Sede conduce al prelado –tal vez para resolver una situación de grave irregularidad canónica antes de la llegada de su sucesor– a revocar de palabra la autorización concedida a las monjas para que puedan asistir a la Misa Tridentina. A partir de ese momento, monseñor Manetti ni siquiera les facilita asistencia espiritual, y las priva de la Santa Misa –incluida la forma ordinaria– aun en los días de precepto. No sólo eso; en presencia de las religiosas afirma no haber tenido jamás intención de expulsarlas, pero adelanta que el P. Antonio Canestri, que sigue siendo rector del seminario aunque éste disuelto y convertido en monasterio, y amigo de larga data del nuevo obispo, cardenal Lojudice, tiene todas las intenciones de quitárselas de encima. El tal don Antonio se presenta en el convento con prepotencia y actitud intimidatoria, llegando al extremo de vulnerar la clausura entrando en las celdas de las monjas y reivindicando la propiedad del inmueble. La intención de Canestri de sacar provecho económico es evidente.


Queda así manifiesta que las medidas disciplinarias aplicadas a las religiosas no son más que un pretexto para realizar una operación económica, por el estilo de lo que se hizo con el monasterio de Ravello en la costa de Amalfi. Además, un edificio situado sobre una colina que se alza frente al precioso valle del Orcia supone una suculenta oportunidad de engrosar las arcas de la diócesis y de la Santa Sede.

Quede claro que la cuestión económica e inmobiliaria es el factor que impulsa a muchos eclesiásticos a poner por obra Cor orans para obtener ingresos o granjearse el favor de la corte bergogliana. Ahora bien, el verdadero objetivo es más profundo, el motor que impulsa todo el accionar de este pontificado, es de matriz ideológica: ajustar la vida religiosa al nuevo paradigma pauperista, inmigracionista, ambientalista, ecuménico y sinodal impuesto por la junta del argentino. Así es ni más ni menos como se está comportando con los fieles y las comunidades tradicionalistas, que con Traditionis custodes se han visto suprimidas o han visto reducidos de un modo draconiano los derechos que les había reconocido el motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI en 2007. En esencia, es como si un gobierno incentivase a las empresas a invertir en unos sectores determinados y en cuanto empezaran a hacerlo las llevara a la quiebra suprimiendo o reduciendo los incentivos. Huelga decir que una operación semejante, además de ser una vileza moralmente reprochable, no es fruto de falta de pericia ni de incapacidad, sino de la voluntad de hacer el mayor daño posible. Si a ello le sumamos Cor orans y Traditionis custodes, el destino está inevitablemente señalado.


La aversión del cardenal Lojudice a las monjas que tanto le incomodan no tarda en manifestarse. Durante la Misa celebrada con motivo de su toma de posesión de la sede, el nuevo prelado se niega a darles la comunión arrodilladas y las humilla ante toda la ciudad obligándolas a ponerse de pie y recibir la comunión en la mano, y luego las recrimina en la sacristía diciéndoles que en su convento podrían haber hecho lo que les diera la gana, pero en público tenían que uniformarse a la norma común (práctica que infringe las normas litúrgicas, que permiten a los fieles recibir la Sagrada Forma arrodillados y en la boca).

V- Antecedentes de la visita apostólica

En septiembre de 2022 Su Eminencia comunica a las monjas que quiere ir a verlas, justo cuando se encuentran ausentes del monasterio. El secretario, informado de la ausencia de las religiosas, que han ido a un retiro espiritual, responde que su presencia no sería necesaria, dado que la visita del Cardenal tenía principalmente la finalidad de calcular el valor inmobiliario del edificio. Creo que salta a la vista la escala de prioridades que anima la acción pastoral  de los prelados bergoglianos: primero los negocios, luego la propaganda y las fotos posando con gitanos rumanos y otros inmigrantes (lo cual encantaría ya de por sí a Bergoglio), y después, si sobra tiempo, ya se prestará atención a la única comunidad contemplativa de la diócesis. Eso es ni más ni menos lo que hace el Dicasterio para los Religiosos, metido como está en lucrativas operaciones especulando con la venta de propiedades inmobiliarias, para lo cual no vacila en liquidar las escasas comunidades que han sobrevivido a la crisis postconciliar de vocaciones.

Las monjas de Pienza consiguen aplazar la visita del cardenal Lojudice al 8 de noviembre. Pero el 11 de octubre se presenta sin previo aviso en la puerta del monasterio la madre Roberta (más tarde se descubrirá que es la visitadora) con el abad de Pontida y una persona más. Ven que no hay nadie, porque las monjas estaban de retiro en otra región, de modo que está nueva incursión también resulta fallida. Pero el 1 de noviembre el abad de Pontida vuelve a la ofensiva, anuncia una visita apostólica a la abadesa y verifica que las religiosas estarán allí el 3 de noviembre.

La abadesa llama entonces al cardenal Lojudice para saber si estaba al tanto de la visita apostólica. Su Eminencia niega estar enterado de ella, pero luego se contradice reconociendo que el pasado 11 de octubre acompañó a los visitadores que se presentaron en el convento sin previo aviso. En esa oportunidad, el obispo señala que tuvo noticia de que las religiosas asisten a la Misa por el rito antiguo y todavía no se habían incorporado a ninguna federación.

Hay que tener presentes dos cosas: primero, la conversión de las monjas al tradicionalismo. Y segundo, que no se han integrado a una federación benedictina. Como dijimos más arriba, las federaciones son empleadas después de Cor orans como institutos de reeducación y adoctrinamiento con vistas a los nuevos métodos. Siendo el monasterio de Pienza sui juris, no está obligado a federarse. Esto provoca la cólera del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada, presidido por el cardenal Braz de Aviz, con motivo de un encuentro con monjas de clausura para exponerles las maravillas de Cor orans les dijo: «¡Vivid como adultas, no como adúlteras!» El cardenal brasileño es asistido en sus funciones por su secretario monseñor José Rodriguez Carballo, que es ni más ni menos el máximo responsable de la ruina económica de la Orden de Frailes Menores franciscanos –asunto en el que entre otras cosas se ha dado la muerte en circunstancias misteriosas de dos personas–. Carballo había sido ministro general de la orden antes de que Bergoglio lo ascendiera nombrándolo secretario general de toda la familia de órdenes  y congregaciones religiosas de la Iglesia Católica. Por otro lado, ¿puede haber un cargo mejor para alguien que ha demostrado ser corrupto e incapaz de gestionar la propia orden? ¿Y en qué había invertido la Orden de Frailes Menores sino en (aquí)? No olvidemos que Carballo no sólo está metido en este escándalo, sino también en la persecución de, entre otros, los Franciscanos de la Inmaculada. Y no sólo por la postura conservadora de éstos, sino también por el importante patrimonio inmobiliario del que la Santa Sede no ha conseguido apropiarse sólo porque estaba a nombre de una sociedad civil. Recién hace unos días nos hemos enterado de que Bergoglio ha decidido expropiar –así como suena– los bienes de entidades eclesiásticas, declarando que son «propiedad de la Santa Sede en su conjunto y pertenecen por tanto a su patrimonio unitario, no fraccionable ni soberano (ver aquí). Como se puede observar, la suerte de las monjas ha anticipado el destino de todas las comunidades. Hablando en plata, eso quiere decir que a partir de ahora, al haberse convertido el Papa en el propietario legal de todos los bienes de la Iglesia, puede disponer de ellos de forma autónoma, no sólo para venderlos y ganar dinero, sino ante todo para disponer de una baza jurídica con la que sobornar conventos, monasterios, diócesis, seminarios y otros institutos que hasta ahora eran autónomos y libres para decidir por sí mismos sin temor a extorsiones.

La costumbre de la Iglesia siempre ha consistido en tutelar las propiedades y bienes de los eclesiásticos, precisamente para garantizar con ello la necesaria independencia de medios que es condición sine qua non para optar por iniciativa propia y con conocimiento de causa por la fidelidad a la Sede Apostólica. El reciente motu proprio de Bergoglio, que cualquiera diría que ha sido escrito por Klaus Schwab, invierte la situación y coacciona a las órdenes religiosas y las diócesis mediante esa modalidad de cesión de soberanía que en asuntos temporales caracterizan el golpe de estado de la Unión Europea, la OMS y el Foro Económico Mundial en su relación con los diversos estados. Ignoro si mis hermanos en el Episcopado y los superiores de las congregaciones religiosas se dan cuenta de lo que significa esta decisión de Bergoglio para ellos y para su independencia, que de facto los ha despojado de toda autoridad y los ha reducido a la condición de meros funcionarios a la merced de cualquier ucase del Vaticano.

VI. La visita apostólica


El 2 de noviembre de 2022, un día antes de la fecha fijada para el encuentro, la abadesa descubre que el abad de Pontida estaba a punto de llegar, o sea por sorpresa y con claras intenciones intimidatorias. Cualquier eclesiástico sabe que una visita apostólica es una cuestión delicada que se tiene que realizar con suma caridad y procurando que resulte lo menos traumática posible, dado que siempre se trata de una inspección por parte de los superiores y motivada por una causa grave. Por eso, lo menos que se puede decir es que es una imprudencia presionar a una comunidad de jóvenes religiosas de clausura que ya han sufrido todo lo que llevamos expuesto, y para colmo presentándose un día antes, como para pillarlas por sorpresa.


Los dos visitadores, empleando métodos de probada eficacia, actúan con verdadera falta de escrúpulos, falsedad y engaño. Los interrogatorios a los que someten a las religiosas son auténticas sesiones de tortura: intentan por todos los medios agotar psicológicamente a las monjas, crear división y aprovecharse de ellas para destruir la comunidad y acabar con el equilibrio psicofísico y la serenidad de las hermanas.


Llega al monasterio el abad de Pontida P. Giordano Rota, el cual es –qué casualidad– consultó del Diocasterio vaticano para los Religiosos, y trabaja por tanto para Braz Aviz de Carvallo, ultraprogresista y notoriamente corrupto. Así pues, tenemos: el visitador elegido por Roma, ultraprogre; la visitadora, progresista; el ordinario, cardenal Lojudice, también progresista. Los tres, ni falta hace decirlo, rabiosamente filobergoglianos y alineados con la nueva ola. Y lo mismo se puede decir de las monjas que los acompañarán en su actividad inquisitorial contra las pobres monjas.


Los visitadores las interrogan a todas, llegando a presionarlas hasta durante una hora y media. Las preguntas no pueden ser más reveladoras: ¿Qué harías si fueras la abadesa? ¿Qué te gustaría que cambiara en la comunidad y en la abadesa? ¿Cómo ves el futuro de la comunidad? ¿Por qué tenéis el altar pegado a la pared? ¿A qué se debe que recéis el Padrenuestro en latín? ¿Qué son esas cosas que hay encima del altar [se refería a los relicarios]? ¿Sabes cuánto dinero tenéis? ¿Os habéis preguntado cómo es que ninguna federación ni ningún convento os ha aceptado? ¿Cómo habéis decidido quién iría a Holanda? ¿No os dais cuenta de que este edificio no reúne las condiciones para ser un convento de clausura?

Preguntas intimidatorias en las que no sólo se vislumbran las medidas de prevención que quieren imponer los visitadores, sino su aversión al carisma tradicional y lo que en últimas se proponen: encontrar un pretexto para clausurar el monasterio y apropiarse del inmueble, como que ya hemos visto hacía tiempo que era la intención del Vicario General y del propio cardenal Lojudice.

La visita apostólica –que de apostólica no tiene nada– concluye el 5 de noviembre, y entre otras se pilla a los visitadores con las manos en la masa tomando subrepticiamente fotos del altar de la capilla, que está –nada menos–pegado al tabernáculo y la cruz, así como a los productos que venden las monjas en el   atrio  como se hace en tantas casas de religiosas. Con clara intención de mantener la presión sobre las pobres monjas, los visitadores se niegan a especificar el motivo por el que los ha enviado el Dicasterio –ya que no ha tenido lugar ningún acto grave que justifique su presencia– y a darles su  valoración  final. Los visitadores tendrían que haberles dicho ambas cosas, aunque no fuera más que por laparresia de la que tanto presume Bergoglio.

VII. Nuevas intimidaciones e incursiones

Finalizada esta inspección, se aplaza la visita del cardenal que estaba prevista para el 8 de noviembre. El 15 de noviembre se presenta Su Eminencia con el Vicario General don Antonio Canestri. Nada más entrar, pregunta si son las monjas quienes preparan la mermelada que tienen a la venta, y les dicen que el alcalde de Pienza había sido informado de que la adquirían en el supermercado para revenderla con la etiqueta del monasterio. Ante la indignada respuesta de las religiosas, ofendidas por tan gratuita y ofensiva insinuación, el cardenal se da cuenta de que lo han descubierto y las acusa de reacias y hostiles. Entonces las monjas le preguntaron si necesitaba el edificio, y respondió: «Yo personalmente, no».

Hay que destacar que la insistencia sobre los productos del monasterio no tienen nada que ver con la visita apostólica, y da la impresión de ser un pretexto al que recurrieron por falta de motivos canónicos válidos. Por otro lado, recurrir a cuestiones materiales en las que está metido el alcalde debió de exarcerbar la situación extendiéndola a la esfera civil, que hasta ese momento no tenía razón alguna para intervenir. En todo caso, las religiosas no han cometido ninguna irregularidad al vender mermelada, rosarios, velas y otros productos confeccionados por ellas para beneficiarse de la generosidad de sus escasos benefactores y amigos, necesaria para su subsistencia.

El mediodía del 13 de febrero Raffaele Mennitti, Vicario para la Vida Consagrada de la diócesis de Montepulciano-Chiusi-Pienza, y don Pablo, secretario personal del cardenal Lojudice, se personaron en el convento y entregaron a cada religiosa una carta en un sobre cerrado afirmando desconocer el contenido de la misma. En el próximo artículo de esta serie examinaré el texto de esa carta que la Santa Sede envió al monasterio.

A las cuatro de esa misma tarde, ambos sacerdotes regresaron junto con la presidenta de la Federación Picena, madre Vacca, y la vicaria de dicha federación, madre Di Marzio, que pretenden entrar para que la madre Vacca puede hablar con cada una de las religiosas. Entonces la abadesa, madre Diletta, salió con todas las religiosas y declaró que no consentirían aquella irrupción intimidatoria y no anunciada. Intimada por el vicario Raffaele a «obedecer a la Iglesia», la madre Diletta le responde que deberían avergonzarse de abusar de su autoridad y que las monjas no estaban obligadas a obedecer órdenes inicuas. No contentos con la improvisación, los mensajeros de la Curia y el Dicasterio intentan asustar a algunos parientes de las monjas para que las convenzan de que se sometan. Don Raffaele llega a agarrar por el brazo a la madre Diletta exigiéndole que lo escuche y sostiene que sus temores son infundados.

Al día siguiente la madre Diletta va al cajero automático y encuentra la cuenta bloqueada, y descubre que su autorización para utilizar la cuenta del monasterio ha sido suspendida y ahora está a nombre de la madre Vacca. La cuenta, con los escasos recursos de las monjas –seis mil euros– ha sido de facto confiscada por las autoridades, despojando a las religiosas de sus medios de subsistencia. Y menos más que los intereses de los visitadores eran de índole espiritual… Informado sin duda de lo sucedido, monseñor Manetti llama a la madre Diletta para presionarla y ver si puede sonsacarle alguna información sobre si la visita al día siguiente del cardenal tenía posibilidades de éxito.

El 16 de febrero, la madre Vacca envía una carta por WhatsApp a la madre Diletta conminándola a permitir que tome posesión del convento en cumplimiento de la orden del Dicasterio, que mientras tanto ha sido recurrida por las religiosas y debe considerarse por tanto suspendida a todos los efectos. La madre Vacca amenaza de graves consecuencias canónicas y civiles en caso de desobediencia.

VIII: Recurso al brazo secular

En la mañana del 17 de febrero se presentan el eo monasterio don Raffaele, Vicario para la Vida Consagrada de la diócesis de Montipulciano-Chiuri-Pienza; don Paolo, secretario personal del cardenal Lojudice; la madre Vacca, presidenta de la federación picena; la madre Di Marzio, vicaria de la Federación, y Paolo Ancagioli, subteniente de carabineros con dos de sus hombres. Las monjas se apresuraron a grabar en video este surrealista allanamiento con la ayuda del brazo secular. El abogado de las religiosas ha señalado además que recurrir a los carabineros supone una violación del Concordato, y que es inaudito que por una cuestión que la Curia se empeña en calificar como fruto de un malentendido no hayan vacilado en aterrorizar a las monjas presentándose con los carabineros.

El 19 de febrero la diócesis publica el famoso comunicado, que es recogido y publicado por Toscana Oggi (aquí) y La Nazione (aquí). El comunicado, lleno de imprecisiones y omisiones, concluye con una invitación a no sostener económicamente el monasterio. Aqua et igni interdictæ, como decían en la antigua Roma. Es decir, privadas de todo sustento y ayuda por parte del resto de los ciudadanos por habérseles revocado la ciudadanía. Esta es la Iglesia de la misericordia de Bergoglio.

Por si fuera poco, algunos días después los carabineros de Pienza llaman a los parientes de las religiosas para avisarles de que los van a citar para que declaren sobre el monasterio, aunque no formalizan notificación alguna. No quiero imaginar quién habría dado la orden, ni cómo pueden haberse prestado los carabineros a tan grotesca farsa inquisitorial, llegando incluso al extremo de pedirles que le digan a nadie que los habían llamado, precisamente para asustar todavía más a las asediadas monjas.

A través del portal de la agencia ANSA (aquí) hemos tenido más tarde noticia de una amonestación formal a las religiosas por parte de la diócesis de Montepulciano-Chiusi-Pienza firmada por el letrado Alessandro Pasquazi. Uno se pregunta a santo de qué se envía una comunicación así a una agencia noticiosa cuando a las propias monjas no les ha llegado la menor notificación de la misma.

Este el último capítulo, al menos por el momento, de un culebrón a medio camino entre la astracanada y la tragedia cuyos actores se reparten los papeles de víctimas y victimarios.

Las víctimas son las trece monjas. Víctimas a causa de su atormentado pasado en el que tuvieron oportunidad de crecer espiritualmente y zafarse de las presiones y las obsesivas injerencias del Camino Neocatecumenal y llegar a Pienza; víctimas de los embrollos burocráticos de monseñor Manetti, que las constituyó como monasterio sui juris a pesar de no ser dueñas del inmueble; víctimas de la codicia de eclesiásticos sin escrúpulos, culpables de ser una presencia incómoda que impide el disfrute económico del edificio en que residen las religiosas; víctimas del furor ideológico de los bergoglianos a causa de su acercamiento a la Tradición y su voluntad de no plegarse al adoctrinamiento modernista renegando de la fidelidad a Nuestro Señor y a su propio carisma.

Los hechos que acabo de exponer son perfectamente verificables. Los corroboran pruebas incontestables y son confirmados por numerosos testimonios. Su concatenación demuestra la premeditación del ataque a las monjas y deja entrever cuáles son las verdaderas motivaciones de quienes las atacan y los pretextos de los que se valen para apartar la atención del elemento central de esta cuestión: la ausencia de motivos justificados para proceder contra ellas. Inventar nuevas e infundadas acusaciones sobre la marcha no puede disimular que la visita apostólica no es otra cosa que la enésima tentativa, escudada en un aparente respeto a las normas canónicas, de atacar a las comunidades de vida contemplativa, y con más motivo si son de índole tradicional.

En la segunda parte veremos cómo estas disposiciones del Vaticano son totalmente ilegítimas y faltas de validez según el derecho canónico.

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo

26 de febrero de 2023

Dominica I in Quadragesima

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Mons. Carlo Maria Viganò
Mons. Carlo Maria Viganò
Monseñor Carlo Maria Viganò nació en Varese (Italia) el 16 de enero de 1941. Se ordenó sacerdote el 24 de marzo de 1968 en la diócesis de Pavía. Es doctor utroque iure. Desempeñó servicios en el Cuerpo Diplomático de la Santa Sede como agregado en Irak y Kwait en 1973. Después fue destinado a la Nunciatura Apostólica en el Reino Unido. Entre 1978 y 1989 trabajó en la Secretaría de Estado, y fue nombrado enviado especial con funciones de observador permanente ante el Consejo de Europa en Estrasburgo. Consagrado obispo titular de Ulpiana por Juan Pablo II el de abril de 1992, fue nombrado pro nuncio apostólico en Nigeria, y en 1998 delegado para la representación pontificia en la Secretaría de Estado. De 2009 a 2011 ejerció como secretario general del Gobernador del  Estado de la Ciudad del Vaticano, hasta que en 2011 Benedicto XVI lo nombró nuncio apostólico para los Estados Unidos de América. Se jubiló en mayo de 2016 al haber alcanzado el límite de edad.

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