RORATE CÆLI

Fastiggi y Goldstein: comentarios de Shaw

Robert Fastiggi y Dawn Eden Goldstein me han honrado con una réplica de cierta extensión en el espacio para comentarios al mensaje que publiqué. Como quiero tomármelo lo más en serio posible, lo reproduciré por entero en negritas, añadiendo mis respuestas a cada apartado.

Estimado Dr. Shaw:

La Dra. Dawn Eden Goldstein y yo le damos las gracias por el estilo amable y cortés de su artículo. Esperamos replicar con maneras igual de correctas su mensaje “Un desafío para Fastiggi y Goldstein.”

Gracias.

Desglosamos nuestras respuesta en los siguientes puntos:

1. Tiene razón al afirmar que las impresiones sonsubjetivas. No obstante, lo que nosotros decimos es que no todos comparten sus impresiones subjetivas de las palabras y acciones del Papa. Por justicia, siempre es necesario determinar la intención de las personas antes de juzgarlas como herejes en potencia. Cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe examina casos de posible herejía, se guía por unas normas estrictas a fin de garantizar justicia para el acusado (See CDF, Regulations for Doctrinal Examination, Ratio Agendi May 30, 1997; AAS 89 [1997] 830–835). Si se tiene tanto cuidado en el escrutinio de teólogos individuales antes de juzgarlos heréticos, no debería aplicarse la misma norma al Romano Pontífice? El derecho canónico dice: “La Primera Sede por nadie puede ser juzgada” (CDC [1983] canon 1404).

Sin duda el Papa merece que se le permita aclarar qué quiso decir exactamente, dentro del contexto de un posible desacuerdo en cuanto a lo que haya querido decir. Por eso muchos, incluidos los “Cuatro Cardenales”, han solicitado respetuosa pero encarecidamente a Francisco que lo aclare: como sabe, le escribieron en septiembre de 2016, hace más de dos años. No ha dado una respuesta oficial, pero mientras tanto muchos de sus partidarios  nos han dicho que varias de sus respuestas oficiosas son suficientemente claras, y han criticado enérgicamente a los que no están dispuestos a permitir que esas indicaciones extraoficiales les sirvan de guía para interpretar Amoris laetitia. En todo caso, otros se han guiado por ellas, y el papa Francisco no ha intervenido para corregirlos.

La Correctio deja bien claro que no juzgamos al Papa ni lo acusamos del pecado de herejía.

2. Objeta al empleo de la palabra “principalmente” cuando decimos que su afirmación de que el papa Francisco no quiere ortodoxia se deriva “principalmente de afirmaciones papales que no son ex cátedra” y no, como usted afirma, “totalmente de declaraciones que no son ex cátedra.” La palabra está bien empleada, porque, además de citar fuentes no autorizadas, la Correctio filialishabla de “la propagación de herejías mediante la exhortación apostólica  Amoris laetitia y otras palabras, acciones y omisiones de Vuestra Santidad.” Como exhortación pontificia, Amoris laetitiatendría la misma autoridad en cuanto a magisterio pontificio ordinario que la Familiaris consortio que publicó San Juan Pablo II en 1981.

Lo que se afirme en un documento promulgado por la Santa Sede o por un concilio general se ajustará en unos casos al Magisterio y en otros no. Estos últimos comprenderían lógicamente todo lo que no tuviera que ver con la fe y las costumbres, por ejemplo una afirmación relativa a un hecho histórico. También comprendería las afirmaciones que no estén claras: un católico no está obligado a creer una declaración si no tiene claro lo que quiere decir. Y tampoco entraría dentro del Magisterio una afirmación publicada en un documento oficial que excediera el Magisterio Ordinario o lo contraviniera.

Un ejemplo no controvertido de esto último lo tenemos en la afirmación del Concilio de Florencia-Ferrara de que la materia del sacramento del Orden no es la imposición de manos en la ordenación, sino la entrega del cáliz. Habitualmente se dice que las declaraciones de los concilios generales que no sean anatemas poseen autoridad didáctica no infalible del Magisterio Ordinario. Ahora bien, en ese caso sería más preciso decir que esta declaración no pertenece en modo alguno al Magisterio Ordinario, ya que contradice el Magistero Ordinario, y el Magisterio Ordinario no puede contradecirse a sí mismo.

La Correctio Filialis sostiene que las declaraciones que nos preocupan en Amoris laetitia son ambiguas: se pueden entender con arreglo al Magisterio Ordinario, lo cual lógicamente aceptamos, pero también se pueden entender en un sentido que lo contradiga. Quienes insisten en esta última posibilidad no pueden, naturalmente, afirmar al mismo tiempo que son ejemplos del Magisterio Ordinario, y por tanto vinculantes. El Magisterio Ordinario no puede obligar a rechazar el propio Magisterio Ordinario.

3. Pone la carta privada a los obispos de Buenos Aires como ejemplo de algo “imposible de encajar en la enseñanza constante de la Iglesia.” Ahora bien, el cardenal Müller, en la entrevista concedida el pasado 28 de septiembre a Edward Pentin, del National Catholic Register, declaró: “Si se mira lo que dijeron los prelados argentinos en su directive, se puede interpretar de modo ortodoxo”. Lo que a usted le parece imposible de ajustarse a la ortodoxia otros lo ven posible.

No afirmo que no haya nadie que no esté de acuerdo conmigo. Sería interesante, aunque apenas concluyente, saber qué piensa el cardenal Müller de las directivas de los obispos de Malta, que por lo visto han llegado más allá que los de Argentina, contraviniendo claramente el Canon 915.

4. Pregunta qué haríamos si pensáramos que el papa de turno diera a entender sin hacer uso de su autoridad que los obispos y los católicos de a pie deben actuar y creer de manera contraria a las enseñanzas de la Iglesia. Eso es algo puramente hipotético. Ninguno de nosotros creemos que el papa Francisco esté pidiendo que se actúe o crea de formas contrarias a las enseñanzas de la Iglesia. Pero en caso de que nos viéramos ante una situación así, manifestaríamos nuestra inquietud primero a nuestro ordinario, y más adelante, si fuera necesario, al nuncio o a la Santa Sede. No recurriríamos a los medios informativos.

Tanto nosotros como muchos otros que hemos manifestado inquietudes relativas a Amoris y sus interpretaciones nos hemos tomado grandes molestias para exponer nuestro parecer por los conductos debidos. Agruparnos para redactar y firmar una declaración conjunta es una manera evidente de maximizar el “conocimiento, competencia y prestigio” exigidos por el Canon 212 para las solicitudes presentadas por los fieles; además, no sería factible esperar que la Santa Sede respondiese a centenares de peticiones individuales. Que seamos un grupo internacional quiere decir que no tenemos un ordinario, y menos aún un nuncio pontificio. Ningún artículo del Código de Derecho Canónico nos prohíbe apelar directamente al Sumo Pontífice, pero lo cierto es que muchos de nosotros apelamos primero al Colegio Cardenalicio hace un año. Por último, no se recurrió a los medios de prensa hasta que hubieron transcurrido seis semanas sin recibir respuesta desde que entregamos personalmente nuestra solicitud al Santo Padre.

Descartar el recurrir a los medios informativos en todas las circunstancias contraviene claramente el Canon 212, que indica que puede ser un deber “manifestar a los demás fieles” [lo que se opina de lo que pertenece al bien de la Iglesia], y queda por tanto excluido como una interpretación prudente de Donum veritatis, de la que usted ha tomado la frase.

Yo diría que si se viera en esa situación y tuviera que responder cómo sugiere, podría fácilmente incurrir en incumplimiento del deber señalado en el Canon 212 de manifestarlo a los demás fieles. Por lo que a mí se refiere, me considero personalmente en el deber de actuar porque tengo muy claro que, habida cuenta del nivel de conocimientos, la competencia y el prestigio de los que han firmado conmigo, y que los obispos y el Santo Padre (o al menos no todos) no hacen nada para defender el Magisterio, podemos y debemos advertir a los fieles del peligro que corre la Fe.

5. Lo que dice de que Donum veritatisse refiere a los teólogos que rechazan el magisterio ordinario es una petición de principio, porque no ha demostrado que el papa Francisco contravenga ninguna enseñanza del Magisterio. Cita el canon 212§3, pero omite que éste también exige manifestar las opiniones a los pastores con reverencia y teniendo en cuenta “la utilidad común y la dignidad de las personas.” No preguntamos si acusar al papa Francisco de propagar herejías es realmente manifestar reverencia, y nos preguntamos también si ello redunda en la utilidad común de la Iglesia y la dignidad de las personas. Tampoco creemos que la Correctiose ajuste a las pautas de Donum veritatis, como explicamos en nuestro artículo.

El texto de la Correctio argumenta pormenorizadamente y con abundante documentación que con sus palabras, hechos y omisiones el papa Francisco propaga opiniones contrarias al Magisterio. Usted se limita a negarlo lisa y llanamente, y no se puede decir que responda en medida suficiente.

Sabemos muy bien que el Canon 212 (y también el sentido común) exigen reverencia, tener en cuenta la utilidad común y todo eso. Una vez más, limitarse a afirmar que no hemos hecho nada de eso no constituye argumento.

Parece que pasa por alto algo que salta a la vista: que creemos que el papa Francisco hace lo que afirmamos. Teniendo en cuenta nuestra postura subjetiva, ¿qué estamos obligados a hacer en conciencia, y cómo debemos hacerlo? Dejar de señalar problemas graves y urgentes en el gobierno papal de la Iglesia no sería una muestra de respeto o cariño; sería algo propio de un cortesano oportunista, no de un miembro fiel del Cuerpo Místico de Cristo. Quienes aman al Papa y respetan su cargo deben sentirse gravemente obligados a dejar clara y con exactitud la gravedad del problema, por mucho que se expresen respetuosamente y que deseen dar al Papa la oportunidad de aclarar su postura en privado y todo lo demás. No veo cómo pueda la Correctio errar en ese sentido.

6. Dice que Mateo 18,15–17 autoriza a dar a conocer públicamente lo que está mal cuando no se ha conseguido nada amonestando en privado. Pero ese pasaje aconseja llevar al hermano a la Iglesia para que se le corrija. No aconseja corregir al jefe de la Iglesia.

Sorprende sobremanera esta interpretación de Mateo 18,15-17, a la luz de Gálatas 2,11, donde San Pablo recuerda cómo resistió a San Pedro, el Papa, “en su misma cara”, y de cómo han interpretado tradicionalmente este último texto los Padres y Doctores de la Iglesia. El ejemplo más conocido de dicha tradición interpretativa es el de Santo Tomás de Aquino, que señala otros dos pasajes de las Escrituras:

Eclo. 4, 27,28: No respetes a tu prójimo cuando cae. No reprimas tu palabra cuando puede ser saludable.

Lev. 19,17: «No odies en tu corazón a tu hermano, pero reprende a tu prójimo, para que no lleves pecado por él.»

Podríamos añadir también Ezequiel 33,8: «Si tú no hablas para apartar al impío de su camino, este impío por su iniquidad morirá, pero Yo demandaré su sangre de tu mano.»

Santo Tomás dice a continuación: “Con respecto a lo que afirma cierta glosa, aquello de lo resistí como a un adversario, respondemos que el Apóstol resistió a San Pedro en cuanto al ejercicio de su autoridad, no en cuanto a su autoridad para gobernar. Así pues, en lo anterior tenemos un ejemplo: los prelados, que ciertamente deben ser modelo de humildad, no desdeñen la corrección sus subalternos; y los subalternos tienen un ejemplo de celo y libertad para que no teman corregir a sus prelados, y más cuando éstos han cometido una falta pública que  puede poner en peligro para la multitud.’

7. Al igual que usted, nosotros también queremos hacer valer las enseñanzas del ministerio infalible ordinario y universal. No ponemos en duda su fe y su sinceridad; nos limitamos a poner en tela de juicio sus métodos.

Hacer valer el Magistario ordinario y universal infalible exige a los católicos que no sólo vivan de acuerdo con dicho Magisterio, sino también que den testimonio público de él, como lo exigen el honor de Dios y el bien de su prójimo.

Oremus pro invicem,

Robert Fastiggi, doctor en filosofía. y Dawn Eden Goldstein, doctora en teología.

Gracias por responder.

Joseph Shaw

(Traducido por J.E.F. Articulo Original)

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