ADELANTE LA FE

Francisco, no nos des tormento

Vamos a ver, Francisco, nos tienes locos a muchos. ¿Qué has dicho?, que “el mensaje de Jesús es incomodo e incomoda, porque desafía el poder religioso mundano y provoca la conciencia”. Y a ti, Francisco, ¿no te provoca el mensaje de Jesús? ¿No te provoca la conciencia? Porque da la impresión que el mensaje de Jesús ni te incomoda ni te provoca la conciencia. A ver, Francisco, ¿qué dice Jesús respecto al adulterio?  ¿Y qué dice de la impureza? ¿Y respecto a los pecados en general? ¿Lo sabes, no?  Te gustaría cambiar las palabras de Jesús en los Evangelios, ¿verdad? Por esta razón has enviado a tus “comisarios” que vayan delante de ti haciendo estas proposiciones de  cambiar las palabras de Jesucristo, de reinterpretarlas, dicen los muy avispados y protegidos por ti..

Francisco, ¿no eres tú el de la comunión de los adúlteros? ¿Qué dice el mensaje de Jesús al respecto? ¡Va¡ Ni te va ni te viene. Tu conciencia no se ve afectada por el mensaje de Jesús. Pero, no has dicho que “después de su venida es necesario convertirse, cambiar de mentalidad, renunciar a pensar como antes”. Tú, Francisco, de nuestros pesares, ¿te has convertido? ¿Has renunciado a tu forma de pensar de antes? Ni te has convertido, ni has renunciado a tu forma de pensar de antes. Por esa razón te han puesto en el lugar en que estás, porque piensas como  pensabas antes.

Francisco, ¿qué más has dicho?, que “Esteban permaneció anclado al mensaje de Jesús hasta su muerte”. Ese no es tu caso, evidentemente. Por cierto, Francisco locuaz y dicharachero, no eres tú el que tilda de “rígidos” a los que permanecen firmes en la fe. ¡Nos vuelves locos Francisco! De verdad, aclárate. ¿No eres tú el que dice que las cosas no son “sí o no”? ¿No eres tú el de los “matices grises”? Y ahora tienes la cara de ponernos de ejemplo a Esteban.

Por favor, Francisco, tramposillo y listillo, no nos des tormento, nos tienes, locos, no sabemos a qué atenernos con tus palabras. Tú, amigo de abortistas, de promotores de la homosexualidad, eutanasia, eugenesia, del control de la población, en una palabra, ¿por qué no les hablas del mensaje de Jesús? Háblales del ejemplo de Esteban. No, no lo harás, no eres tú de los que  suelen incomodar con sus palabras a los enemigos de Jesucristo. Sólo perturbas a los buenos católicos que queremos vivir la fe con la firmeza con que la vivió San Esteban, a nosotros sí nos atizas, pillo.

Anda, Francisco, por favor, no nos des más tormento.

Mario Vázquez

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