¿Cómo es posible implantar la dialéctica en doctrinas que se exigen mutuamente? ¿Cómo es posible que en las cabezas de las audiencias sea incompatible la defensa de las ballenas con la defensa del bebé intrauterino, por ejemplo? ¿O cómo es posible que se persiga a un cristiano por calificarlo de enemigo del Papa o se lo catapulte a la gloria por ser amigo del Papa aunque fuere periodista ateo y comunista?

Utilizamos el término dialéctica en la acepción infectada por el hegelismo marxista, es decir, como dos afirmaciones o dos conceptos que se combaten entre sí, que se necesitan para posicionarse a sí mismos como el blanco sobre el negro. Teóricamente, la Teología católica no contiene en sí esta dialéctica o doctrina del “o”, sino la doctrina del “y”. La Iglesia siempre defiende que es Jesucristo y la Virgen, la Gracia y la Libertad, la Tradición y la Biblia… En cambio, los errores heréticos nos han legado la división y la dialéctica dentro de la doctrina, por ejemplo defendiendo que es Jesucristo o la Virgen, la Gracia o la Libertad, la Tradición o la Biblia…

Pero para que esta dialéctica de los errores doctrinales y filosóficos llegaran al vulgo, se necesitaba un predicador de gran capacidad sofística y retórica, también algunos libros con el rótulo de “prohibidos por el Índex”, lombriz en el anzuelo apetecible para los esnobs, además potenciado con la prensa cuando fue hecha herramienta de publicidad política por Napoleón I con los periódicos como “linfa de la democracia” madre de los semi-analfabetos que manejan la técnica de la lecto-escritura pero sin juicio crítico. Con todo, los influidos por la dialéctica no dejaban de ser grupos reducidos a algunos templos, a algunos claustros universitarios, a algunas audiencias cautivas, que luego fueron incrementándose con la imposición de la escuela enciclopedista de la instrucción confundida con educación.

Siendo verificable todo eso, sin embargo, el común del pueblo todavía escuchaba la sana doctrina, profesaba sufriente su Fe, se alimentaba del Catecismo y de la oración en familia, seguía al cura santo que marcaba el camino al Cielo, como Grignon de Montfort, y se enrolaban para grandes gestas, como la Vandée, detrás del verdadero Capitán natural al servicio del Capitán Celestial, y Cristo Rey se hacía realidad como se podía contra el “aparato napoleónico” de prensa, masonería, ilustración, Revolución. Y pasaron doscientos años de las libertades del Hombre.

Época del satélite manejado por una sola usina de producción informativa

Hoy, sin embargo, la gente lee mucho menos y normalmente best sellers con algo de acción, pasiones bajas y muerte o terror, y algo de los titulares periodísticos. Hoy la gente va a la Universidad para recibirse de “profesional”, se estudia por fotocopias para saber cómo se le da vuelta a esta tuerca y ni mira si se trata de un automóvil o del mecanismo de una bomba atómica o de una máquina succionadora de bebés intrauterinos. Eso es tontería, el profesional trabaja para ganar plata. “Yo la fabriqué, el que la tiró fue Trumann”, contestó Robert Oppenheimer[1] cuando lo cuestionaron por Hiroshima y Nagasaki. Es decir, soy científico no moralista, para eso fui a la Universidad, qué tengo que ver yo con las consecuencias de mis actos, faltaba más.

Entonces, con imbéciles así –sin bastón en qué apoyarse– que saben para qué hacen algo, pero no saben por qué lo hacen y son cada vez más volviéndose masa y encima votan, ¿cómo es posible que tomen posiciones sobre el aborto, el matrimonio homosexual, la manipulación genética, la libertad de cambiar el sexo al hijo, la moralidad de la usura financiera como herramienta de enriquecimiento, la calificación de los hechos históricos en malos y buenos sin saber si fueron o no, la valoración de las “religiones” orientalistas por encima de la Iglesia Católica y si la moral es cambiante o no? ¿Cómo es posible que opinen sobre lo que no tienen la menor idea y que lo hagan con un convencimiento pertinaz y apasionado?

El márketing de Yanquilandia nos da una de las respuestas, la comunicativa:  la masa no piensa, siente. Gracias a ese apotegma aplicado por la imagen se logró implantar en las gentes cualquier idea sin la verificación y sin la coherencia. ¿Cómo? (Y ojo, que esos videítos de las intenciones pontificias de cada mes son tecnificados por los cerebros contratados en el mundo de la telemática cinética que arrancan con la idea de lograr la máxima difusión, es decir, quieren videos “masivos”, y la palabra no es inocente. “El medio es el mensaje[2] decía el genio de la manipulación televisiva. Mc Luhan quería decir con ello que el medio masivo condiciona al mensaje, le exige adecuarse aunque deba distorsionarse,  provocando masificación por falta de hábito de juicio crítico en el receptor. No es determinante frente al receptor que verifique, pero sí muy eficaz con el crédulo mediático).

El mundo iconosférico se asienta, entonces, sobre ese principio pétreo: la sensualidad sensada o recreada por la virtualidad técnica es el fundamento de mis opiniones. Ahora es la masa la que actúa porque siente, y siente lo que se le da para que sienta en todo el espectro de las once pasiones. La telemática actúa mediante la imagen cinética o estática, lo que lleva al imbécil, sin el bastón de criterios para no caerse por el empujón que recibe de la manipulación, a sumarse con pares que se transforman en masa consumidora de shoppings, en carne de urna del democratismo, en carne de cañón de petrodólares, en aplaudidores del gran Dinero, en parlamentaristas levantamanos…

Y lo peor, en religión del sentir, no de la Revelación. Aparece la religión de la Misericordia vs la religión de la Verdad en la dialéctica de la imagen así dispuesta. Para los que verifican, preguntan, piensan, no cabrá tal dialéctica, saben que la Justicia divina tiene el Nombre divino de Míser-cordis,  el movimiento del Corazón de Dios para dar al miserable lo que se debe, y que es Justicia Misericordiosa cuando castiga con la mano izquierda o cuando acaricia con la derecha. El medio masivo exigió un razonamiento con el máximo de información en el receptor para no dejarse llevar por la mera sensualidad de la imagen.

Veamos el caso mediático de los videos vaticanos en dos opciones de receptores

Mensaje iconosférico –lo que vemos: el Papa hablando unos segundos en persona y más de un minuto en off sobre la necesidad de cuidar a los viejos, de lo contrario no hay futuro, mientras se escucha jazz y un joven enternecido acompaña con su saxo a tres abuelos músicos.

Caso 1. Si el televidente es cristiano formado, anclará este mensaje en el Evangelio de dar porque en ello se le da a Cristo –que no está en el vídeo-, aunque patinará un poco pensando por qué el cuidar viejos es mejorar el futuro. Y si será bueno decirle esto a los jóvenes cuando sabemos que el árbol se cae hacia donde está inclinado y los que fueron malos de jóvenes lo más probable es que se  afinquen en la antigüedad de sus vicios, siendo prudente dejarlos solos como dijo Jesús “dejen que los muertos entierren a sus muertos” (SMt VIII,21). En definitiva y para no hacer tanto lío, el cristiano con sana doctrina, por la Caridad informada con una Fe formada, acepta las trivialidades contextualizándolas.

Caso 2. Si la audiencia es masa imbecilizada, el hecho de ver al papa hablando de los viejos, le ratifica que esto es la religión o cualquiera que cuide viejos será por ello religioso como Dios o el demiurgo quieren. Hacerle el bien a ese concreto sin pensar en nada más, eso es práctica de la fe. No escuchó en el video que se vuelve buena una acción por la Finalidad de hacérselo a Cristo “aquél que le dé un vaso de agua al más pequeño, a Mí me lo da”. La Religión no es religar a nadie con Ningún Trascendente. La religión es el bien inmanente, como Scalfari le recalca al Papa en aquella célebre entrevista. Diríamos por alargar al máximo la manipulación posible de la imagen, todo lo espiritual de la Fe está demás o no es tan importante (doctrina, monjas de clausura, Misas privadas, penitencias, oración oculta…) y lo que califica al religioso como hombre de Fe es cuidar del hermano.

Por tanto, se destronó el mundo de la logosfera, la época en que las personas enseñaban a sus hijos la relación entre la naturaleza y las palabras dejando que de chiquitos le llamen “gatito” al león, al tigre, al puma, al muñeco-gato porque del ser universal se devenían los particulares del conocimiento y de la palabra, y así aprehendían y verificaban mejor su entorno y a sí mismos. Se destronó la coherencia mental del sujeto verbo y predicado para explicarse, se quitó el fundamento de la broma en el ridículo, se dejó de lado la verificación (ver si era realidad lo que te contaron) para que todo sea apenas verosímil y mí verdad subjetiva es lo importante, y ya no importa el cuento ni la fábula.

Siendo la masa esa inmensa audiencia que siente y no piensa, ahora sí es fácil poner una imagen que desplace a otra sin asombros. Ahora se puede mostrar una escena del lavado de pies a transexuales en la Misa para que se posicione en la mente de las audiencias a la “misericordia” como una actitud absoluta, sin relación a la realidad de las cosas o a la Justicia ni a la verdad, ni a nada. La actitud, el sentir, es lo que importa. La imagen emotiva lo implanta, la masa queda así “catequizada” sin dudas ni cuestionamientos doctrinales.

Entonces entendemos cómo se ha llegado al punto de no poder discutir con seriedad entre los mismos católicos, todo es dialéctica con posicionamiento bipolar. Como decía Chesterton en Ortodoxia, llegará un momento en que los cristianos tendremos que defender que el color de las hojas de los árboles es verde. Hoy es el tiempo de ladrar contra los lobos cubiertos con piel de oveja y hasta con olor a oveja. Ahora hay que hacer notar que la imagen reemplaza a la palabra, al gesto, a la verificación, al juicio crítico. Que es falsa la afirmación de que nadie podrá discutir porque no hay nada para discutir. Los criteriosos captarán el ruido, los imbéciles aplaudirán la simpatía, lo “campechano”, lo importante de hablar de algo sensible, de algo cotidiano, de algo de la gente… – con dialéctica- y no de cosas que no podemos ni ver ni tocar.

Daniel Giaquinta

[1] http://www.nacion.com/viva/television/pagina-negra-j-robert-oppenheimer-mas-brillante-que-mil-soles/BH7BVZZSBFDHHF26ZCTXKDNN5Q/story/

[2] Understanding Media de 1964, Marshall Mc Luhan.

Daniel Francisco Giaquinta
Nacido el 14 de octubre de 1958, Mendoza, Argentina.. Profesor de Oratoria (Filosofía, 1984). . Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, España, 1990. Bachellors of Arts, Teología, por la Universidad de Navarra, España, 1989. Máster en Ciencias de la Información, Universidad de Navarra, España, 1992. Profesor Universitario Universidad Católica Argentina, Mendoza. Capacitador de Empresas en Comunicación interpersonal. Capacitador de planta en Escuela Gobierno de Legislatura Mza, Argentina