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Sobre el abrazo entre Francisco y Kirill cae la sombra de Putin

Con el fin de reunirse con el Patriarca de Moscú, el Papa dio su apoyo a las políticas de Rusia en Ucrania y el Medio Oriente, decepcionando las esperanzas de los cristianos de esas regiones tal como lo hizo antes en Cuba.

El encuentro con el patriarca Kirill en el aeropuerto de La Habana describe perfectamente la visión geopolítica del papa Francisco. Él esquiva los obstáculos en lugar de confrontarlos y le da prioridad y urgencia al contacto de persona a persona como en un hospital de campaña donde nadie espera a que la guerra termine primero.

En Ucrania y en el Medio Oriente existe una guerra real y con Rusia como actor principal.  Pero para Francisco el abrazo con el Patriarca de Moscú es más valioso, como una señal de paz, que respaldar a las poblaciones católicas de esas regiones.

El caso de Ucrania es un ejemplo de ello.  La Iglesia Ortodoxa Rusa tiene allí su lugar de nacimiento, pero también se siente asediada por los millones de fieles del rito oriental quienes han pasado bajo la obediencia a Roma,  los “uniates”, como despectivamente los llaman.  Mientras que los católicos del rito bizantino ven ahora a los ortodoxos rusos como enemigos e invasores.

Así pues, Francisco siempre ha hecho todo lo posible para no molestar al jerarca religioso moscovita ni rechazar la política imperial de Vladimir Putin aún a costa de hacer más fuerte la decepción entre los obispos, el clero y los fieles de la Iglesia Católica en la zona.

Él ha llamado “guerra fratricida”  al conflicto que para los católicos ucranianos es pura agresión de parte de Rusia y accedió sin reparos a la propuesta de Kirill para un encuentro, no en el este ni en el oeste, sino en Cuba, país definido como terreno “neutral”. La isla en realidad no tiene nada de libre o neutral; allí la población penitenciaria, en la que los prisioneros políticos abundan, “se encuentra entre las más numerosas del mundo” de acuerdo con los últimos cálculos del obispo de Pinar del Río, quien es responsable de su cuidado pastoral. Desde la nación caribeña continúan intentado escapar por miles, cruzando América Central hacia los Estados Unidos, a menos que sean detenidos en la frontera de la Nicaragua pro Castro.

Cuando el papa Jorge Mario Bergoglio fue a Cuba en septiembre pasado no llevó a cabo ni siquiera uno de los muchos gestos de “piedad”que esparce por todos lados.  Ni siquiera una palabra para los miles de refugiados devorados por el mar.  Ni una petición para la liberación de los presos políticos.  Ni demostraciones de bondad hacia las madres, esposas, y hermanas arrestadas por docenas durante esos mismos días.

Ahora sabemos que el encuentro con Kirill en Cuba ya estaba en la agenda de ambos en aquel entonces, así como en la de Raúl Castro y el propio Putin.

En la declaración conjunta firmada por Francisco y Kirill en el aeropuerto de La Habana, toda disputa teológica fue puesta a un lado, mientras que en primer plano se encuentra su sufrimiento compartido por las víctimas cristianas, tanto ortodoxas como católicas, en Siria y en todo el Medio Oriente.

También en este caso la geopolítica de Francisco sobresale más en pasión que en el cálculo racional. Hubo una conmoción sobre el día de oración y ayuno proclamado por el Papa en septiembre de 2013 para evitar cualquier operación militar occidental en Siria.  Putin se mostró satisfecho sobre la negativa de Barack Obama para derrocar al régimen chiíta en Damasco, y las iglesias cristianas en Siria suspiraron aliviadas también, teniendo en el dictador Assad un protector egoísta.

Pero entonces cuando el Estado Islámico se propagó con una masacre a su paso y los obispos de Irak y Kurdistán pidieron la intervención de los militares occidentales en la zona, Francisco hizo oídos sordos a ellos.

Hoy la posición de la Santa Sede en el tablero de ajedrez del Medio Oriente no es neutral, sino indudablemente parcial.  Y lo es aún más desde que Putin, al rehusarse a atacar al Estado Islámico, ha reforzado su rol de liderazgo con el frente chiíta en favor de Assad, en lo que grandes segmentos de la Iglesia Rusa Ortodoxa están llamando “guerra santa”.

En efecto, la diplomacia vaticana se lleva mucho mejor con el eje dominante chiíta de Irán, especialmente después del acuerdo nuclear, que con el grupo sunita, cuyo principal centro de liderazgo, la Universidad Al-Azhar de El Cairo, rompió relaciones con Roma hace cinco años.

Las bombas rusas que cayeron en un Alepo rodeado por las tropas chiítas de Irán, Líbano y Assad, con la fuga desesperada de civiles sunitas, son bendecidas por el patriarca de Moscú tan querido para el obispo de Roma.

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Este comentario fue publicado en “L’Espresso” N° 7 de 2016 en los puestos de periódicos a partir de febrero 12, en la página de opinión titulada “Settimo cielo” encomendada a Sandro Magister.

Aquí está el índice de todos los comentarios anteriores:

“L’Espresso” in seventh heaven

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El caso de Ucrania es ciertamente el mayor obstáculo que impidió un encuentro entre el Papa y el Patriarca de Moscú, durante los años de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.

Si el encuentro se ha hecho posible con Francisco, esto es gracias en parte a cómo ha rediseñado sus relaciones con las dos partes involucradas, acercándose a Moscú y distanciándose de la Iglesia Católica Ucraniana:

Assaulted by Moscow and abandoned by Rome (20.2.2015)

Esto no cambia el hecho que las posiciones de ambas iglesias, la ortodoxa situada en Moscú y la Iglesia Griega Ucraniana permanezcan en fuerte conflicto la una con la otra.

La posición actual de la Iglesia Griega Católica Ucraniana está expresada en un documento que entrará en vigor este 23 de febrero:

Concezione ecumenica della Chiesa greco-cattolica ucraina

Un documento que fue inmediatamente respondido por el Patriarca de Moscú con esta nota crítica publicada el 28 de enero:

Dichiarazione della Chiesa russa sulla “Concezione ecumenica della Chiesa greco-cattolica”

Sin embargo, Francisco y Kirill hicieron una cita en La Habana con el acuerdo de no discutir sobre esta cuestión, ni sobre ninguna otra cuestión teológica divisiva.

Tampoco debe pasarse por alto que la decisión de Kirill de reunirse con Francisco tomó una urgencia extra en su mente con el inminente concilio pan-ortodoxo programado en Creta del 16 al 27 de Junio, en el cual el Patriarca de Moscú tiene intenciones de compartir el efecto simbólico del gesto a expensas de su gran rival, el patriarca de Constantinopla, que ya está en buenos términos con la Iglesia de Roma:

News From the Eastern Front. Pan-Orthodox Council in Crete (30.1.2016)

Hasta la ceremonia minimalista del encuentro entre Kirill y el Papa responde a la necesidad del patriarca ruso de apaciguar a las corrientes ortodoxas más antiecuménicas.

El protocolo es uno del tipo “laico”, el de una reunión de dos jefes de Estado. En un aeropuerto, sin ningún momento de oración, sin ninguna bendición. Solamente una conversación privada y la firma de una declaración conjunta. El polo opuesto de lo que Francisco siempre ha demostrado apreciar, el que incluso reunió en oración a los presidentes de Israel y de Palestina.

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La perspectiva mordaz, con respecto al encuentro entre Francisco y Kirill, de un importante representante de la Iglesia Griega Católica de Ucrania, el arcipreste Andriy Chirovsky de la Universidad de San Pablo en Ottawa, fue publicada el 11 de Febrero en Crux, el portal de información religiosa del Boston Globe:

As pope and Russian patriarch meet, Ukraine fears a ‘shaky’ Vatican

Sandro Magister

[Traducción de Sandro Magister. Artículo original]




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Artículos de opinión y análisis recogidos de otros medios. Adelante la Fe no concuerda necesariamente con todas las opiniones y/o expresiones de los mismos, pero los considera elementos interesantes para el debate y la reflexión.

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