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Las cosas claras y el chocolate espeso: llegamos a los 130

Hace unos días, una persona nos recriminaba: ¡es que ustedes se dedican a criticar TODO lo que hace Francisco!

¡Dios no lo permita! ¿Y quién lo haría? ¿Se imaginan nuestros lectores si, por ejemplo, tuviéramos que discutir punto por punto todo cuanto dice Francisco en el avión durante sus viajes apostólicos? ¿Tejer consideraciones sobre si verdaderamente “una persona que sólo piensa en hacer muros, sea donde sea, y no hacer puentes, no es cristiano”, o si el obispo de Roma actúa con acierto al omitirse sobre leyes italianas contrarias a la moral después de haberse inmiscuido sin tapujos en política norteamericana? ¿O mucho peor, afirmaciones tales como si verdaderamente “el aborto no es un problema teológico, es un problema humano, es un problema médico”, “es un mal en sí mismo pero no es un mal religioso al inicio, no, es un mal humano”, “evitar el embarazo no es un mal absoluto”? ¿Y qué decir de la ausencia total de rigor cuando menciona la leyenda urbana de Pablo VI y las monjas del Congo al tratar del uso de los anticonceptivos? Y tantas otras semejantes. Sería imposible para los sacerdotes del Denzinger-Bergoglio, sumergidos en mil cuidados pastorales. Y también… ¿qué conseguiríamos con eso? Un sacerdote nos escribió —no sabemos si lo decía con ironía— que la falta de rigor mínimo indispensable en lo filosófico y en lo teológico por parte de Jorge Mario Bergoglio hubiera sido más que suficiente para suspenderlo en la Universidad de los jesuitas donde estudió.

¿Cuál sería entonces nuestra labor?

No se trata de “criticar todo”, sino hacer lo que la Iglesia hace y nos enseñó a hacer: mostrar el bien y los principios en que se fundamenta.

Nos hemos limitado a comparar cuanto Francisco dice con lo que la Iglesia enseña, no basándonos en nuestra personal opinión sino en el Magisterio. Son hasta el momento 130 análisis realizados con rigor y profundidad. 130 doctrinas de Francisco que chocan o contradicen el Magisterio de siempre.

Pero queremos añadir que la Iglesia es Madre y que no sólo se preocupa con el dogma, cuya pureza tanto bien ha hecho al conservar con santo celo. El Compendio del Catecismo nos pone la pregunta: “¿Por qué decimos que la Iglesia es católica?” y responde que “la Iglesia anuncia la totalidad y la integridad de la fe; lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación” [166] justo después de haber preguntado “¿En qué sentido la Iglesia es santa?” Para responder que “en la Iglesia se encuentra la plenitud de los medios de salvación. […] La santidad de la Iglesia es la fuente de la santificación de sus hijos”. [165]

A algunos fieles puede resultar complicado sumergirse en las profundidades teológicas del dogma para descubrir las verdades sobre las cuales desea ser esclarecido. A estos hijos sinceros de la Iglesia queremos decir que la seriedad con que debe ser tratada la verdad no impide que ésta pueda ser predicada con sencillez y de manera directa.

Veamos un ejemplo.

Sobre el ecumenismo con los ortodoxos

Puede ser que alguien legítimamente se pregunte, por ejemplo, qué mal puede haber en el acercamiento con la llamadas Iglesias ortodoxas. Sus miembros concuerdan con que la Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica, y así lo proclaman sinceramente los domingos al rezar el credo. Entonces, ¿qué problema puede haber en una aproximación? ¿Acaso no son nuestros hermanos?

Antes de saber si estamos de acuerdo, sobre todo importa que quienes escribimos y quienes leemos estemos de acuerdo y en sintonía con lo que dice la Iglesia, relevando los matices que comporta un tema sutil, pero no difícil de entender.

Para promocionar el diálogo ecuménico se afirma que existe un “vínculo objetivo entre la Iglesia de Roma y las Iglesias ortodoxas”. Es lo que explica la Congregación para la Doctrina de la Fe en el primer párrafo de un documento del 30 de junio de 2000, bajo el título Nota sobre la expresión “Iglesias Hermanas”, firmado por el entonces prefecto de dicha Congregación, el Cardenal Joseph Ratzinger. Pero leamos el segundo párrafo completo:

Lamentablemente, en ciertas publicaciones y por parte de algunos teólogos comprometidos en el diálogo ecuménico, se ha constatado recientemente la extensión del uso del término para indicar la relación entre la Iglesia católica, por un lado, y la Iglesia ortodoxa, por otro. De este modo se induce a pensar que en realidad no existe una sola Iglesia de Cristo, sino que la misma podrá ser restablecida de nuevo sólo como consecuencia de la reconciliación entre las dos mencionadas Iglesias hermanas. Además, la misma expresión es aplicada indebidamente por algunos a la relación entre la Iglesia católica, de una parte, y la Comunión anglicana y las Comunidades eclesiales no católicas, de otra. Así, se habla de una “teología de las Iglesias hermanas” o de una “eclesiología de las Iglesias hermanas”, caracterizadas por la ambigüedad y la discontinuidad en el uso y el significado de esta expresión respecto a su correcta acepción originaria, propia de los Documentos pontificios. (Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota sobre la expresión “Iglesias Hermanas”, 30 de junio de 2000)

La nota consta de una introducción seguida de doce puntos separados en dos partes. En la primera, de ocho puntos, se analiza el “origen y desarrollo de la expresión” y en la segunda son usados los cuatro puntos restantes para dar “indicaciones sobre el uso de la expresión”. Queda claro que la expresión primitivamente se refería a las varias iglesias al inicio de la cristiandad, en el sentido que por ejemplo San Juan usa en el Apocalipsis: “Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete Iglesias: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea” (Ap 1, 11).

El documento es claro. Tanto que podríamos decir que sirve de “guía para principiantes” a aquellos que quieran entender cuál es la manera correcta de querer la verdadera unión con los demás cristianos para conformar un solo rebaño con una sola fe y bajo un mismo y solo pastor. Recomendamos su lectura.

Dos citaciones más nos parecen suficientes para entender el núcleo de la cuestión:

10. Debe quedar siempre claro, incluso cuando la expresión Iglesias hermanas es usada en este sentido propio, que la Iglesia universal, una, santa, católica y apostólica, no es hermana sino madre de todas las Iglesias Particulares. (Nota: Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Communionis notio (28-V-1992), n. 9: AAS 85 (1993) 838-850.) (Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota sobre la expresión “Iglesias Hermanas”, 30 de junio de 2000, n. 10)

11. Es de evitar, como fuente de malentendidos y de confusión teológica, el uso de fórmulas como “nuestras dos Iglesias”, que insinúan –cuando se aplican a la Iglesia católica y al conjunto de las Iglesias ortodoxas (o de una Iglesia ortodoxa)– un plural no solamente al nivel de Iglesias particulares, sino también al nivel de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, confesada en el Credo, cuya existencia real aparece así ofuscada. (Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota sobre la expresión “Iglesias Hermanas”, 30 de junio de 2000, n. 11)

Diría tal vez nuestro amigo sacerdote que en el año 2000 el entonces Arzobispo Jorge Mario Bergoglio seguramente no tenía tiempo de leer todos los documentos que emitía la congregación encargada de velar más directamente por el depósito de la fe. Lo cierto es que hoy debería ser él quien hiciese estas aclaraciones, como se preocupaban de hacer todos los Papas anteriores a él:

Con el fin de superar tales equívocos en el uso y aplicación del término “Iglesias hermanas”, esta Congregación ha juzgado necesario elaborar la adjunta NOTA sobre la expresión “Iglesias hermanas”, aprobada por el Santo Padre Juan Pablo II en la Audiencia del 9 de junio de 2000, y cuyas indicaciones deben ser consideradas vinculantes, a pesar de que la Nota no sea oficialmente publicada en Acta Apostolicae Sedis, a causa de su finalidad, que es la de precisar el uso correcto de una terminología teológica. (Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota sobre la expresión “Iglesias Hermanas”, 30 de junio de 2000)

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La lista completa de los 130 estudios del Denzinger-Bergoglio aquí⇒




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