THE REMNANT

Gretchen ha ido a Dios

La semana pasada escribí una historia personal aquí en nuestro sitio titulada “El regalo de vida de Lindsey “. Allí compartí la conmovedora historia de una heroica esposa y madre, Lindsey Bourbeau, que aunque recién empezó en la vida matrimonial, puso todo en espera con el fin de someterse a una cirugía mayor para quitar la mitad de su hígado y donarlo a la tía moribunda de su marido, mi hermana Gretchen (Matt) Mills.

Gretchen (Matt) Mills, RIP

Gretchen (Matt) Mills, RIP

“En un mundo lleno de feo egoísmo y orgullo petulante”, escribí, “estoy en conflicto, por un lado, la belleza de lo que está pasando aquí, y por el otro, una sensación de profunda preocupación por la vida y la salud de estas dos fuertes mujeres católicas” … Hasta hace poco, Gretchen, aunque se estaba literalmente desvaneciendo, no era considerada por sus médicos suficientemente enferma (ahora sufre de cirrosis avanzada) para ser candidata a trasplante de hígado, a menos que pudiera encontrar un donante vivo.  Sin embargo, recientemente su situación se volvió muy crítica y fue entonces cuando Lindsey intervino”.

Estoy feliz de informar que Lindsey está fuera de Cuidados Intensivos y poco a poco ha comenzado el proceso de recuperación de la cirugía que llevará meses y que los médicos están calificando como exitosa.

Sin embargo, Dios tenía otros planes para Gretchen. Durante siete días después del trasplante, no sólo respondió favorablemente al nuevo hígado, sino que también se retiró de la Unidad de Cuidados Intensivos.

Aunque algo desorientada, Gretchen empezó gradualmente a emerger de una asombrosa cirugía de 17 horas (sus médicos habían anticipado sólo 8) de buen humor. Podía reconocer a los miembros de la familia, era capaz de comunicarse, sonreír e incluso orar y escuchar música. Ella hizo saber casi inmediatamente que su principal preocupación era por la salud y el bienestar de su joven sobrina héroe, acostada en una cama en el mismo hospital a sólo un par de pisos. En términos generales, nos atrevíamos a esperar que Gretchen pudiera vencer a la muerte una última vez.

Esa esperanza estaba fuera de lugar.

Esta mañana las cosas comenzaron a deteriorarse rápidamente, ya que una infección desconocida apareció de la noche a la mañana y comenzó a causar insuficiencia de órganos masiva. Poco tiempo después, recibí un ominoso texto de mi hermana Carrie: “Gretch ha entrado en el modo de código. ¡Reza con ganas!”

Y lo hicimos, de rodillas, con rosarios en la mano.

Pasaron momentos y luego otro texto de Carrie y mi hermana Cathy, ambas al lado de Gretchen: “Jim está pidiendo todas nuestras oraciones. La vida de Gretchen ha terminado. Siento mucho ser la  portadora de esta noticia.

Gretchen pasaría esta Semana Santa en la eternidad, su vida en esta tierra habiendo sido una larga y dura batalla.

Cuando Gretchen era más joven, había trabajado como enfermera de primera clase en el Hospital St. John’s, aquí en St. Paul. Ella conocía sus cosas, y ciertamente entendía los riesgos involucrados en esta cirugía, mejor que sus médicos, sospecho. Había entrado en la cirugía plenamente consciente del desafío impresionante que enfrentaba, y no creo que se engañara a sí misma por un momento: sería necesario otro milagro. Pero ella creía en los milagros, especialmente los que provienen de cooperar con la gracia de Dios. Había consultado a sacerdotes, amigos y familiares en su esfuerzo por discernir lo que Dios quería que hiciera. “Si ésta es la voluntad de Dios”, me dijo hace unos días, “haré esto… por Margaret y por Jim”. Y eso es exactamente lo que hizo, sin arrepentimientos.

Su fe era positivamente increíble la última vez que le hablé, el día antes de su cirugía. Estaba contenta y en paz, acostada en su cama preoperatoria de hospital. Su sacerdote favorito la había visitado en su casa el día anterior, oído su confesión, dado su santo viático, administrado extremaunción en la forma tradicional, y le otorgó la bendición apostólica. Ella estaba espiritualmente revigorizada, sin duda, pero también lista para irse, si era la voluntad de Dios, y ella dijo lo mismo. Había mirado la muerte tantas veces en su vida que esta vez su única preocupación era por su familia (especialmente Lindsey).

Para ella, la muerte había perdido su aguijón. Incluso bromeó diciendo que si sobrevivía a la cirugía, tal vez su caso podría ser considerado para el milagro necesario en el proceso de canonizar a uno de sus papas favoritos – Pío XII.

Pero eso no significaba que sucedería. A pesar de la voluntad de hierro de Gretchen para luchar y vivir mucho más de lo que debería en los últimos 40 años de enfermedad crónica, esta cirugía iba a ser la última. Pero por el bien de su Margaret -la pequeña “bebé milagrosa”, sus médicos le dijeron que nunca podría haberlo hecho- Gretchen volvió a negarse a ir con delicadeza a la noche. ¡Ella sabía cómo luchar! Hace diecinueve años, había luchado mucho cuando sus médicos le advirtieron que ella se arriesgaba a morir si trataba de concebir a un niño. Ella y Jim depositaron su fe en Dios, Nuestra Señora de Lourdes y el gran amigo celestial de Gretchen, San Rafael. Ellos concibieron una niña hermosa y sana, la luz de su vida (y mi ahijada, por cierto).

Desde entonces y aunque ella vivió la vida al máximo, su enfermedad gradualmente empeoró al aceptar cada nueva cruz a lo largo del camino para convertirse en una inspiración para todos nosotros, incluso mientras su cuerpo maltratado sufría toda clase de aflicción e indignidad.

A pesar de todo, no perdió ni la fe ni la esperanza, y siempre fue el alma de la fiesta (cuando se sentía suficientemente bien, es decir, para dejar su casa para reuniones familiares). No era una fiesta sin la “Gran Poobah”, un apodo que le habíamos dado después de décadas de enfermedad que le requerían sillas especiales e incluso camas para aliviar el dolor crónico. Así que bromeábamos que incluso a pesar de la enfermedad debilitante, ella siempre estaba orgullosa y presente y encaramada en una almohada – como una Gran Poobah.

¡Dios mío, la amábamos tanto!

Y así la semana pasada, por el bien de su familia, aceptó darle una última oportunidad a la vida, confiando enteramente en la santa voluntad de Dios. Pero creo que Dios decidió que Gretchen había dado suficiente, Gretchen había tenido suficiente. Su deceso esta mañana-irónicamente, después de toda una vida de dolor- fue rápido e indoloro, mientras se deslizaba en silencio hacia la eternidad, dejando tantos recuerdos para nosotros que la amamos, la adorábamos cuando éramos jóvenes y ahora debemos contentarnos con extrañarla por el resto de nuestras vidas. Nuestra esperanza ahora está en la confianza de que un día todos podremos encontrarnos alegremente juntos otra vez en el cielo, si Dios así lo quiere.

En su caridad, queridos familiares y amigos de Remnant, por favor digan una oración por el reposo del alma de Gretchen Mills, una de mis personas favoritas en todo el mundo.

Y la querida, dulce Lindsey también necesita sus oraciones ahora. Dar tanto sin reservas, sólo para que la muerte lo quite, es una pesada cruz que soportar. Pero, obviamente, esto no cambia nada la gratitud interminable de nuestra familia por un esfuerzo tan hercúleo para salvar la vida de nuestra hermana. Nunca olvidaremos lo que has hecho por ella, Lindsey, y tampoco ella.

Concede a Gretchen, Señor, el descanso eterno y que la luz perpetua brille sobre ella. Que descanse en paz.

(Te veo después, Sis. Te amo para siempre.)

Michael Matt

[Traducido por Rocío Salas. Artículo original.]

Michael Matt

Director de The Remnant. Ha sido editor de “The Remnant” desde 1990. Desde 1994, ha sido director del diario. Graduado de Christendom College, Michael Matt ha escrito cientos de artículos sobre el estado de la Iglesia y el mundo moderno. Es el presentador de The Remnant Underground del Remnant Forum, Remnant TV. Ha sido Coordinador de Notre Dame de Chrétienté en París – la organización responsable del Pentecost Pilgrimage to Chartres, Francia, desde el año 2000. El señor Michael Matt ha guiado a los contingentes estadounidenses en el Peregrinaje a Chartres durante los últimos 24 años. Da conferencias en el Simposio de Verano del Foro Romano en Gardone Riviera, Italia. Es autor de Christian Fables, Legends of Christmas y Gods of Wasteland (Fifty Years of Rock n' Roll) y participa como orador en conferencias acerca de la Misa, la escolarización en el hogar, y el tema de la cultura, para grupos de católicos, en forma asidua. Reside en St. Paul, Minnesota, junto con su esposa, Carol Lynn y sus siete hijos.