ADELANTE LA FE

La opción de Benedicto

“La opción de Benedicto” no es sólo la presentada por Rod Dreher para describir una nueva modalidad de vida cristiana en el Occidente secularizado (The Benedict Option: A Strategy for Christians in a Post-Christian Nation, Blackstone Audiobooks 2017); puede entenderse también como una estrategia para salir de la crisis para los que contraponen Benedicto XVI, «el Papa verdadero», a Francisco, «el Papa falso». [N del T.: En realidad, el libro de Dreher alude a San Benito de Nursia. Da lo mismo decir Benito que Benedicto, pero en español siempre se ha preferido llamar Benito al santo y Benedicto a los papas. El libro, que apareció el año pasado y fue un éxito editorial, propone, como solución a la creciente secularización y época de oscuridad que se ve venir, el regreso a la vida retirada iniciada por San Benito. Retirados en sus monasterios, los monjes salvaron el mundo creando una nueva sociedad que a la larga acabó con el caos subsiguiente a la caída del Imperio Romano. De esa forma transformaron el mundo, mantuvieron la fe y la cultura y forjaron la Cristiandad, la gran sociedad cristiana medieval.]

Quienes sostienen esta tesis, propagada sotto voce en algunos ambientes eclesiásticos romanos, están convencidos de que la mejor manera de desembarazarse de Francisco consiste en demostrar que Jorge Mario Bergoglio no es papa, debido a la invalidez de su elección o a la forma en que dimitió Benedicto, que no habría renunciado en realidad al papado.

Esta postura se fundamenta ante todo en la obra del profesor Valerio Gigliotti La tiara deposta (Olschki, Florencia 2013), cuyo último capítulo se titula La renuncia mística de Benedicto XVI: derecho y teología al servicio del pueblo de Dios (pp. 387-432). Según Gigliotti, «el dato más sorprendente y verdaderamente innovador lo brinda la perspectiva de fondo que anima de principio a fin la dimisión de Benedicto XVI: una dimensión que traslada del plano jurídico del abandono de la potestas regendi et gubernandi Ecclesiae a un plano místico de servicio a la Iglesia, al pueblo de Dios, en la dimensión orante y silenciosa del retiro del mundo» (p. 403). Queda abierto un camino canónico sugerente pero infundado para eludir los problemas doctrinales.

El P. Roberto Regoli, en su libro Oltre la crisi della Chiesa. Il pontificato di Benedetto XVI (Lindau, Turín 2016), ha relanzado la tesis de Gigliotti, y en la presentación del libro del P. Regoli, monseñor Georg Gänswein afirmó que el papa Ratzinger ha transformado el concepto de ministerio petrino.

«A pesar de haber abandonado el solio pontificio con su  iniciativa del 11 de febrero de 2013, en la práctica no ha abandonado dicho ministerio. Por el contrario, ha integrado el cargo personal en una dimensión colegiada y sinodal, se podría decir un ministerio en común (…) Desde la elección de su sucesor Francisco el 13 de marzo de 2013, no hay dos papas, sino de hecho un ministerio ampliado, con un miembro activo y otro contemplativo. Por eso Benedicto XVI no renunció ni a su nombre ni a la vestidura talar blanca. Por eso el tratamiento correcto con el que hay que dirigirse a él sigue siendo el de Santidad, y por esa razón, además, no se ha retirado a un monasterio aislado, sino al interior del Vaticano. Como si simplemente se hubiera hecho a un lado para dejar sitio a su sucesor y a una nueva etapa en la historia del papado.»

Entre las obras que mejor refutan esta tentativa de redefinir el primado pontificio hay un minucioso ensayo del cardenal Walter Brandmüller titulado Renuntiatio Papae. Alcune riflessioni storico-canonistiche (“Archivio Giuridico”, 3-4 (2016), pp. 655- 674), y un exhaustivo libro de la profesora boloñesa Geraldina Boni, Sopra una rinuncia. La decisione di papa Benedetto XVI e il diritto (Bononia University Press, Bolonia 2015).

Cuando Gigliotti escribe que «con la irrupción en la historia de la Iglesia, al cabo de seis siglos, de una nueva renuncia papal, al igual que Celestino V, Benedicto imprime un nuevo significado a dicho gesto, subordinando la potestad al servicio y convirtiendo, según el modelo patrístico, el oficio de pontífice más en ministerio que en dominio.» (La Tiara deposta, p. XXXVII), la profesora Boni señala que esta afirmación «podría prestarse a lecturas artificiosamente ambiguas del oficio petrino, y desde luego de todo oficio eclesial» (Sopra una rinuncia, p. 190), así como otra afirmación de Gigliotti, según la cual «la historia de la renuncia a la tiara es en efecto una abdicación del poder, pero es también sobre todo la historia del ejercicio de una voluntad que precisamente en su máxima renuncia negativa (non volo, ab-renuntio) expresa la esencia cristocéntrica y potestativa del ministerio petrino» (La tiara deposta, p. XL).

Según Gigliotti, la «renuntiatio mystica» de Benedicto «sienta las bases de la nueva condición de papa dimisionario» (p.414). «Jurídicamente, ya no es el Sumo Pontífice, pero al mismo tiempo ya no puede ser un cardenal que participe en un cónclave: debe asumir simultáneamente una nueva condición jurídica y personal, un tercer cuerpo que integre los tres corpora papae. Eso es lo que ha hecho Benedicto XVI, inaugurando con ello una posibilidad de evolución en la acertadísima intuición de Ernst Kantorowicz de los dos cuerpos del rey, retomada por Agostino Paravicini Bagliani en Il corpo del Papa» (La tiara deposta, pp. 403-404).

Con razón el cardenal Brandmüller considera incomprensible el concepto de una renuntiatio mystica y la tentativa de establecer una suerte de paralelismo contemporáneo entre un papa reinante y un papa orante. «Para motivar semejante dualismo se ha hecho alusión a la idea que desarrolló Kantorowicz en The King’s two bodies para distinguir entre la persona pública del monarca y su persona privada. De todos modos, Kantorowicz habló de dos aspectos de una misma persona física. Un papado bicéfalo sería una monstruosidad.» (Renuntiatio Papae, p. 660).

Por lo que se refiere a las dudas sobre la elección del papa Francisco, las constituciones canónicas en vigor, señala Geraldina Boni, no consideran inválida la elección simoniaca, ni tampoco consideran nulas e írritas las elecciones hechas a raíz de un pactos, acuerdos, promesas o cualquier otro compromiso entre cardenales, como la posible planificación de la elección de Bergoglio expuesta por Austen Ivereigh en The Great Reformer. Francis and the Making of a Radical Pope (Henry Holt and Company, Nueva York 2014).

Invariablemente, la canonística ha enseñado que la patente universalis ecclesiae adhaesio es señal y efecto infalible de una elección válida y un pontificado legítimo, y hasta ahora ninguno de los cardenales que participaron en el cónclave ha puesto en duda la adhesión del pueblo de Dios al papa Francisco.

Lo escrito por la catedrática de la Universidad de Bolonia coincide con lo señalado por John Salza y Robert Riscoe basándose en los más autorizados teólogos y canonistas (). La aceptación de un papa de la Iglesia universal es signo infalible de su legimitidad y corrige in radice toda deficiencia de la elección papal, como pueden ser maquinaciones ilegales, conspiraciones, etc.

El problema en torno al que esperamos que se entable debate es otro. Cinco años de pontificado son suficientes para hacer un balance exhaustivo. Si es cierto que el Papa es, por encima de todo, el que gobierna la Iglesia, sería necesario examinar a fondo del pontificado bergogliano a fin de poner de relieve todas las sombras doctrinales y pastorales de su ministerio.

En seis años de reinado, San Pío V (1566-1572) acabó con la herejía en Italia, reformó la Iglesia in capite et membris, restauró la doctrina y la liturgia mediante el Catecismo tridentino y la Misa, promovió la Liga Santa contra los turcos y salvó la civilización cristiana en Lepanto, hasta el punto de que Dom Guéranguer pudo escribir: «La obra de San Pío V para regenerar las costumbres cristianas, establecer la disciplina del Concilio de Trento y para la publicación del Breviario y del Misal reformados hizo de sus seis años de pontificado una de las épocas más fecundas de la historia de la Iglesia».

¿Qué frutos han tenido en la Iglesia los cinco años de pontificado de Francisco? Habría que partir de esta reflexión, interpelando principalmente a los cardenales, que son los primeros colaboradores del Papa, y por tanto corresponsables directos de su gobierno, al menos hasta que no se disocien públicamente de él.

Roberto de Mattei

(Traducido por J.E.F)

 

Roberto de Mattei

Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.
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