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Los fundamentos de la existencia

No necesitamos anunciadores de la palabra que cambien el Evangelio con la excusa de adaptarlo a nuestro tiempo, sino de anunciadores que traten siempre, tal vez con poco éxito, cambiar ellos mismos para estar siempre más conformes al Evangelio que no cambia”. Cardenal Giacomo Biffi.

En el plan predispuesto por Dios para la salvación de los hombres, hay tres pilares que sostienen todo el edificio de nuestra existencia. Si esos ceden, el colapso de todos los valores es inevitable. Son también las verdades que son indispensables acogerlas, si queremos llamarnos cristianos. Estas verdades son: Dios, nuestro Padre y amigo; Jesucristo, Enviado e Hijo de Dios; la Iglesia, como pueblo de los salvados y comunidad de aquellos que están a la espera del reino de Dios. Estas tres verdades están ligadas entre sí, si uno se pierde, tarde o temprano también las otras se perderán.  La historia de estos últimos siglos lo demuestra. Hace cuatro siglos por primera vez en Europa fue cuestionada la idea de la Iglesia, conservando una profunda fe en Cristo, Dios y Salvador.  Sin embargo, después de algunos siglos, donde estaba perdida la idea de la Iglesia, terminó por descoronar a Cristo de su divinidad y pensándolo como un simple hombre, pero grande y genial. Más adelante, se hizo común pensar en Cristo solo como el ”primer socialista”, el liberador de los oprimidos, el predicador de la justicia terrestre… Fascinantes tonterías: si Jesús no fuera verdaderamente el Hijo de Dios, sería solo un exaltado y fallido hombre. Cuando la fe en Cristo estaba corroída, también la idea de Dios, que estaba vivísima, poco a poco comenzaba a descolocarse. Y, por primera vez en la historia, apareció el ateísmo de masa”.

”Parecía en el principio que sin la idea de Dios, se podían salvar los ideales humanos de justicia y moralidad. Cada uno, más inteligente, vio en su lugar donde terminaría todo: ”Si Dios no existe, todo está permitido”, dice un personaje de Dostojevski y llega hasta a justificar el homicidio. Esta sociedad presuntuosa, que ha demolido sus fundamentos, no puede a estar más tiempo en pie: nada parece tener sentido, ningún valor parece sostenerse. Estamos ante un mundo sin sentido, que se dirige inexorablemente a la desesperación”.

”Naturalmente nosotros no llegaremos a la desesperación, porque nos ha sido dada una gran esperanza, y toda celebración pascual nos propone el motivo y nos restaura la frescura y la vitalidad. Para que nos quedemos bien conscientes de los tres ”pilares” y de su necesaria concatenación: no se logra salvar una existencia humana digna de este nombre sin la fe en Dios; no se logra creer en Dios que es Padre y no nos abandona, sin la contemplación de Jesús crucificado y resucitado, en el cual el amor de Dios se nos ha revelado; no se llega a conocer verdaderamente quién es Jesús, si no se mantiene en la Iglesia, ”columna fundamental de la verdad”, ”esposa sin mancha ni arruga”, como dice san Pablo. Con los fundamentos de nuestra existencia no se puede bromear: ¿Quién nos sacará fuera de los escombros de nuestros preciosos castillos?”

Cardenal Giacomo Biffi.

[Traducido por Gabriello Sabbatelli. Artículo original.]




RORATE CÆLI
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