Es muy hermoso escuchar, al finalizar la exposición del Santísimo en el momento de la reserva, esa canción cuyo estribillo dice “cantemos al amor de los amores”. Reconocer que nuestro Señor es justo eso: el amor de los amores, pues la mejor manera de nombrar a Dios es con esas palabras con las que el Papa Emérito Benedicto XVI tituló su primera encíclica “Deus Charitas Est”.
     Quedando clara la premisa de que la verdadera fe cristiana se muestra en las obras de amor que brotan de un corazón convertido, hacia Dios mismo y hacia los hermanos, es necesario hacer examen de conciencia sobre como tratamos en la vida de piedad al amor de los amores encerrado por nosotros en esa cárcel de amor llamado sagrario. Una correcta urbanidad de la piedad ha de ser reflejo de una vida cristiana con rectitud de intención, por supuesto, para no ubicarnos en la peor de las actitudes que condenó Jesucristo: la de los que honraban a Dios con los labios pero con sus vidas lo ofendían. Y en esa urbanidad de la piedad deberíamos grabar a fuego en nuestros corazones una serie de actitudes que han de ser permanentes en todo corazón católico enamorado del Señor y devoto de la Santísima Virgen María, Madre de Dios. Revisemos esas actitudes que contienen los gestos que Dios espera de nosotros.

Al entrar en la Iglesia, lo primero de todo es saludar al Señor en el sagrario. Una reverente genuflexión (o inclinación de cabeza los que por motivos de salud no puedan) con una jaculatoria en voz baja. Y a partir de este BUEN INICIO, sigamos con fervor: 
  • Al permanecer en la Iglesia, de ninguna manera mantener charlas ociosas o triviales cerca del sagrario. Así no molestamos a los que desean rezar y nos hacemos cargo de la presencia real de Cristo.
  • En la Santa Misa, arrodillarnos en el momento de la consagración, expresando así nuestra gratitud a Dios por ese milagro de amor que se obra en la transubstanciación. Un corazón sencillo y humilde sabe agradecer de rodillas. Si el corazón es frío, indiferente, o autosuficiente, permanece levantado e ingrato de espíritu. Por supuesto que los que no puedan arrodillarse por salud, nunca lo hagan, y si una leve inclinación de cabeza al alzar el cuerpo y la sangre de Cristo.
  • En la comunión, no acercarnos a ella si no estamos en gracia. Y aprovechar el momento para hacer una comunión espiritual pidiendo al Señor nos ayude a recuperar su amistad en la confesión. Si vamos a comulgar, hacerlo con reverencia y amor agradecido. La Iglesia nos permite comulgar de tres modos: de pié en la mano, de pié en la boca, y de rodillas en la boca. Que cada cual comulgue según decida, pero ha de saberse que la forma que muestra mayor fe, reverencia  y amor es sin duda de rodillas y en la boca.
  • Tras la comunión, la acción de gracias en silencio y con fervor. Durante unos minutos Cristo mismo, en cuerpo, sangre, alma y divinidad, está en nuestro interior. Aprovechar ese momento tan íntimo para dar gracias y llenarse de su amor infinito. No tener prisas y de ninguna manera distraer a los demás.
  • Y tras finalizar la Santa Misa, volver al sagrario a saludar de forma reverente al Señor que permanece en esa prisión de amor por toda la humanidad. La Presencia REAL de CRISTO permanece al terminar la Santa Misa, ya que Cristo se queda reservado en el Sagrario. Por influyo protestante muchos actúan,a la acabar la Misa, como si esa presencia ya no existiera. De ahí que ya casi en ninguna Iglesia se observe el debido silencio al ir saliendo del Templo. 
Conozco la historia real de un sacerdote que, dejándose llevar por tantas prisas en su labor pastoral, pasaba un día y otro día delante del sagrario sin apenas saludar al Señor o rezarle una jaculatoria. Un día sintió en su interior una voz de Dios que le decía cariñosamente: “¿porqué me tratas así?”
TRATEMOS CON CARIÑO AL AMOR DE LOS AMORES

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".