del P. Kevin M. Cusick
La manía de introducir cambios constantes no es una fiebre pasajera, sino un rasgo típico de la mentalidad conciliar al que se trata de dar validez aludiendo a cierto espíritu que cumple una función hermenéutica con una floja base en los documentos del Concilio.
Lo que necesita la Iglesia no son cambios, sean beneficiosos o no. Llevamos más de sesenta años soportando la tiranía de cambios constantes que traen consigo caos y confusión. Lo que le hace falta a la Iglesia es estabilidad. Las almas están en peligro.
El abad de Solesmes ha propuesto introducir cambios en la Misa de siempre con miras a insertarla en el Misal pero dejando sin cambiar la Misa del Concilio. Es una enorme contradicción; lo que distingue con más precisión la liturgia conciliar es su incesante evolución. Nunca es una misma cosa, está sometida a un proceso de continua transformación.
La única realidad que queda en la vida pública de la Iglesia que no está sujeta a una evolutiva revolución es la perenne Misa Tradicional, que se puede definir con la máxima exactitud como la que no cambia.
Con todo respeto a la venerable erudición del buen abad, hasta la más sencilla e ignorante de las almas es capaz de percibir el valor de la liturgia tradicional como un río que fluye desde tiempos inmemoriales. Una joya valiosa que ha heredado. Algo orgánico, algo que no es artificial. Algo que se estima porque no está sujeto a caprichos personales ni a tejemanejes políticos.
Dejemos tranquila la Misa de siempre. Se podría decir que es el único tesoro valioso que nos queda en estos confusos tiempos de desarraigo, descreimiento y sacrilegio.
Un cura de tantos
https://rorate-caeli.blogspot.com/2026/03/response-to-abbot-of-solesmes.html




























