El apóstol Santiago, conquistador de América

¿Quién no ha oído hablar de la intervención de nuestro santo patrón Santiago el Mayor en la Reconquista? Hoy queremos recordar algunos casos (están documentados al menos catorce) al otro lado del Atlántico en momentos difíciles durante enfrentamientos con indios belicosos, que terminaron por convertirse. Ya habíamos contado un par de ejemplos aquí. Hoy vamos a recordarlos y poner algunos ejemplos más.

Los dos primeros los relata Garcilaso el Inca en su Historia de la Conquista del Perú. El primero, cuando doscientos españoles estaban sitiados en Cuzco por varios millares de indios:

«A esta hora y en tal necesidad, fué Nuestro Señor servido favorecer a sus fieles con la presencia del bienaventurado apóstol Santiago, patrón de España, que apareció visiblemente delante los españoles, que lo vieron ellos y los indios encima de un hermoso caballo blanco, embrazada una adarga, y en ella su divisa de la orden militar, y en la mano derecha una espada que parecía relámpago, según el resplandor que echaba de sí. Los indios se espantaron de ver el nuevo caballero, y unos a otros decían: “¿Quién es aquel Viracocha que tiene la illapa en la mano?” (que significa relámpago, trueno y rayo). Donde quiera que el Santo acometía, huían los infieles como perdidos, y desatinados, ahogábanse unos a otros, huyendo de aquella maravilla. Tan presto como los indios acometían a los fieles por la parte donde el Santo no andaba, tan presto lo hallaban delante de sí, y huían de él desatinadamente. Con lo cual los españoles se esforzaron y pelearon de nuevo, y mataron innumerables enemigos, sin que pudiesen defenderse, y los indios acobardaron de manera que huyeron a más no poder y desampararon la pelea. Así socorrió el apóstol aquel día a los cristianos, quitando la victoria que ya los infieles tenían en las manos, y dándosela a los suyos. Lo mismo hizo el día siguiente y todos los demás que los indios querían pelear, que luego que arremetían a los cristianos se atontaban y no sabían a qué parte echar, y se volvían a sus puestos, y allá se preguntaban unos a otros diciendo: “¿Qué es esto? ¿Cómo nos hemos hecho útic, zampa, llaclla?” (que quiere decir: tonto, cobarde, pusilánime). Más no por esto dejaron de porfiar en su demanda, como veremos que más de ocho meses mantuviesen el cerco» (Libro II, capítulo XXIV).

Dos años más tarde, se dio otro caso semejante, que también nos relata el Inca Garcilaso:

«El Marqués, viendo la necesidad de su hermano Gonzalo Pizarro y la de todos los suyos, mandó a un capitán que fuese al socorro, y le hizo la demostración que Agustín de Zárate dice, porque más presto le llegase el socorro; pero no bastara la diligencia del uno y la ostentación del otro, para librar de muerte los del cerco, si Dios no peleara por ellos. Porque mientras fueron y vinieron con el socorro, estuvieron tan apretados que se daban por rendidos, hasta que el divino Santiago, Patrón de España, peleó visiblemente en favor de ellos, como lo hizo en el Cozco. Los cristianos, viendo su favor y amparo, y que tan a la mira de ellos andaba para socorrerles en semejantes trabajos, se esforzaron de manera que cuando llegó el socorro ya andaban victoriosos. Y por este favor que allí les hizo Nuestro Señor, determinaron fundar en aquel lugar un pueblo de cristianos que hoy tiene Iglesia Catedral y Cancillería Real, y las minas del Potocchí a diez y ocho leguas de sí, que le han ennoblecido y enriquecido como se ve. El Padre Blas Valera contando en suma las batallas memorables que entre indios y españoles hubo en el Perú, cuenta la que tuvieron en esta provincia, y dice que Dios peleó con ella por su Evangelio» (Libro III, 2ª parte).

• Bernal Díaz del Castillo asegura que Santiago ayudó a los españoles en la conquista de la Nueva España. López de Gómara menciona su participación en la matanza del templo mayor de Tenochtitlán y en la batalla de Cetlán, que contribuyó a que los chichimecas se convirtieran, batalla que tuvo lugar precisamente el 25 de julio de 1531, y en la que cuarenta mil indios se enfrentaron a quinientos españoles. La batalla fue reñida y difícil, pero los chichimecas vieron en el cielo al Hijo del Trueno a caballo y una cruz luminosa, y se convirtieron y aliaron a los españoles, como harían también los tlaxcaltecas y los indios de Cempoala, para librarse de los aztecas que los esclavizaban y sacrificaban a sus dioses.

• En 1531 mientras los españoles luchaban contra los chichimecas en Querétaro, en la cumbre del cerro Sangremal apareció Santiago y junto a él una cruz blanca y roja, despidiendo ambos un brillo cegador. Se convirtieron y al día siguiente se celebró la Santa Misa.

• En la Historia general del Perú del Inca Garcilaso, así como el cronista también mestizo Poma de Ayala, relatan que en 1535 doscientos españoles se ven sitiados en Cuzco por millares de indios. Al cabo de cinco horas de combate, cercados por todos lados, salieron invocando al Santo. Entonces apareció el santo patrón de España montado en un corcel blanco y blandiendo una espada reluciente. Los indios creyeron ver en el Hijo del Trueno a su dios Viracocha, señor del rayo y, al ver cómo se les acercaba, huyeron aterrorizados. Garcilaso afirma haber conocido a ancianos incas que habían tomado parte en la batalla, y todos coincidían en que se les había aparecido Viracocha. Cuenta Huamán Poma de Ayala «que vino encima de un caballo blanco, que traía el dicho caballo pluma suri y mucho cascabel enjaezado y el santo todo armado con su rodela y su bandera y su manto colorado y su espada desnuda». Al parecer también se apareció la Virgen, y sendas placas conmemoran el hecho, las cuales rezan respectivamente: «En este lugar, galpón antes después iglesia, fue donde puso sus plantas María Madre de Dios. Ostentando su poder bajó del cielo a este sitio, dando victoria en feliz batalla de la conquista, derrotando innumerables indios», y: «De este mismo sitio fue visto salir el patrón de las Españas, Santiago Apóstol, a derribar a los bárbaros en la defensa de la predicación evangélica y atónita la idolatría veneró rayo al Hijo del Trueno, rindiendo homenaje al cetro hispánico».

•1536, Cartagena de Indias: el capitán Francisco César, que había sido enviado a explorar la provincia, tuvo un enfrentamiento con los naturales en el valle de Goaca. Los españoles se vieron superados en número por los indios, se encomendaron a Dios y vencieron. Posterioremente contaron los soldados que habían visto al Apóstol luchando junto a ellos, y por eso ganaron.

• Cuenta Pedro Mariño de Lobera que cuando los indígenas tenían ya prácticamente derrotados a los españoles abandonaron de pronto la lucha. Se interrogó a algunos araucanos, y dijeron que «vieron venir por el aire a un cristiano en un caballo blanco con la espada en la mano desenvainada, amenazando al bando índico y haciendo tan grande estrago en él, tanto que se quedaron todos pasmados y despavoridos; dejando caer las armas de las manos no fueron señores de sí, ni tuvieron sentido para otra cosa más de dar a huir desatinados sin ver por dónde». Los españoles dieron por hecho que se trataba de Santiago, y bautizaron el lugar como Santiago del Nuevo Extremo (1541). Cuéntase por otra parte que en 1640 se vio una aparición del Apóstol que duró por espacio de tres meses: un capitán sobre un caballo blanco que con una espada en la mano arengaba a los españoles

Podríamos poner muchos ejemplos más. Historiadores como el mexicano Rafael Heliodoro Valle y la italiana Anna Sulai Capponi han llegado a contabilizar hasta catorce apariciones en América. De ahí que sean tan numerosas las ciudades y pueblos de Hispanoamérica que llevan el nombre del Santo; Santiago del Nuevo Extremo o de la Nueva Extremadura (hoy Santiago de Chile), Santiago de Cali (Colombia), Santiago del Estero (Argentina), Santiago de Cuba, Santiago de los Caballeros (República Dominicana, Guatemala, Nicaragua, Venezuela), Santiago de Querétaro (México), Santiago de Veraguas (Panamá). En Toponimia Española en el Nuevo Mundo de J. A. Calderón Quijano (Ediciones Guadalquivir, Sevilla 1990) se enumeran más de un centenar de localidades, y la lista no es exhaustiva.

¡Feliz onomástica a todos los Santiagos, Jaimes, Diegos, Jacobos, Jácomes, Illapas, etc.!

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Bruno de la Inmaculada
Bruno de la Inmaculada
Meditaciones y estudios desde el silencio claustral y la oración.

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