29 de septiembre: Festividad de San Miguel Arcángel

MIKAEL
Por Antonio Caponnetto

-I-
En esta detracción de lo sagrado,

escarnio del hosanna y el dicterio
contra el loor, el lauro, el aleluya.
En esta injuria hacia el Trisagio Eterno
quitando el ara del frontal espacio
sobre un templo sin odas. Sin latines
con los que el alma asciende en sinfonía.
Tu presencia daría la alabanza
al liturgo, al creyente, al celebrante,

y se dirá de ti que de belleza
te vistió Nuestro Padre al engendrarte,
para reparación de rebeldías.
Y te ungió corifeo de esa fiesta
celeste y terrenal, de lo visible
a lo invisible en tránsito dichoso.
Roma se lavaría si te viera
del humo de Satán que entró una noche.
¡Ven, Mikael, a cantar esta gloria!
Ángel de las loas, contemplador
de la Divina Faz.¡Ven, Mikael!

-II-
El aire enrarecido de la Nave,

su timonel, su brújula, su remo,
al péndulo simétrico del fuego
de tu incensario de oro cambiaría
la fragancia, el aroma y el efluvio.
Ángel turiferario, cada esencia
se une a cada oración, a cada trompa
del hímnico sonido. Te encomiendan
la música, el incienso, la batalla,
la mediación, el armisticio cierto.
Que no falte el turíbulo en las manos,
ni en el del viejo rito
la intercesión pedida y confesada.
Toma la ofrenda de la Misa y vuela
hasta los pies del Uno y Siempre Trino,

así la tierra desolada clama
contigo de abogado y de testigo.
Que tu aspersión, turiferario alado
inciense al trigo,nuble la cizaña
las dos ciudades, Mikael, te esperan.

-III-

¿Quién como Dios? proclama tu divisa
germinal, genesíaca, primera,
para probar que hay una guerra justa
(con la justeza de un solsticio en junio)
y una violencia que es furor del manso.
Si te vieran. Si acaso se animaran
-varón en lino puro revestido,
áureo tu cinto, voz de resonancia,

brasas los ojos de custodio altivo-
los insignificantes que nos mandan

bajarían las testas doblegados
penando inverecundias e indecencias.
Prefectos, dicasterios, falsos jueces
con bendiciones y con puniciones
en contra del Decálogo acordadas.
Tú aguardas, caballero, ante la Dama,
custodiando el racimo de su vientre
y expulsando al dragón que por tu espada
cayó precipitado y sin regreso
al elíseo vergel del Primer Día.

-IV-
A los de Tesalónica, San Pablo,

advirtió la temible apostasía,
la manifestación del hombre inicuo
osando el puesto del sitial divino.
Pero tú quedas aludido, Arcángel:
-aliado de la Iglesia, invisible tutor,
katéjon del Maligno-. El Seductor
se rinde ante tu hueste invicta,
cede el Perseguidor, yace acabado,
el Obstáculo arría su pendón.
Tu retienes, como un dique de plata
ante el azote de un diluvio intenso,
la ostentación fatal del Enemigo.
Patrono de la Iglesia Militante,
impónenos tu fiel escapulario,
entrega a cada patria sojuzgada
su Doncella de Orleans con su azagaya.
Danos tropas que ataquen a la sierpe,
mientras un justo quede en la vanguardia
Guardia de san Miguel perdurarás

-V-
El trigo con la paja coexiste,

el buen grano y la brizna crecen juntos,
una Ecclesia permixta vio el de Hipona,
en una misma mies, solo un granero.
Misteriosa la red que auna los peces
que -aunque dispares- siguen adyacentes,

para que nadie de la urdimbre marche,
ni de la jábega se aparte el leal.
Miguel el psicopompo, el conductor,
de las almas tras la muerte. Abogado
y fiscal en la última agonía,
tu Oficio de Difuntos me asegure
no caer en las fauces del ofidio;
del Tártaro abisal líbrame pronto.
Conserva la unidad de tu rebaño,
Arcángel de la Segunda Venida,
tú, revelador de los Novísimos,
guardián de las cenizas de los muertos
el día que en Omega se hizo el Alfa.
Tu ministerio sea mi refugio.

-VI-
Pero escribo estos versos en un suelo

-desangelado por los hombres parias-
de caínes rapaces, desalmados,

descorazonadores del retablo,
iscariotes que niegan al santuario
sus campanas, su armonio y su hermosura.
Escribo en esta tierra que espejea
la plata en su semántica indivisa,
el argentino reyno del poeta
cantado con el alma de Castilla,
el pago que fundaran los hidalgos.
Y entonces sé que hay algo

que buscas, Mikael, entre nosotros;
algo y alguien, a quien si acaso ahora
rozara tu incensario, tu baluarte,
tu flamígero estoque combatiente
sanaría estas llagas. El costado
brotaría en un agua redentora.
Mikael, Mikael, te lo impetramos:
defiendenós en la batalla. Amén.

Antonio Caponnetto
Antonio Caponnettohttp://elblogdecabildo.blogspot.com/
Argentino. Nació en la Ciudad de la Santísima Trinidad el Dia de San Miguel Arcángel de 1951. Es Profesor de Historia y Doctor en Filosofía

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