Consideraciones sine ira et studio sobre la peregrinación Ad Petri Sedem

Una vez asentada la polvareda, vamos a tratar de formular algunas consideraciones desapasionadas, sine ira et studio, como decían los latinos, sobre la XV peregrinación Ad Petri Sedem, que ha tenido lugar en Roma del 23 al 25 del presente mes de octubre de 2026.

La peregrinación a Roma ha sido organizada por el Cœtus Internationalis Summorum Pontificum, presidido por Christian Marquant. Se celebra anualmente a finales de octubre y concluye el domingo de Cristo Rey, según el calendario litúrgico tradicional. El viernes está dedicado al encuentro de Paix Liturgique y a vísperas solemnes. El sábado es el momento central, con la procesión y la oración en San Pedro. Durante varios años, hasta el año pasado, la peregrinación ha podido incluir la celebración de la Misa en basílica vaticana.

Este año, por el contrario, no se autorizó la celebración en San Pedro, y tuvo que hacerse, como misa rezada, en la basílica de Santa María la Mayor. A esta primera denegación hay que agregar la prohibición de que la procesión accediese a la basílica vaticana, por primera vez en quince años.

La vaticanista Diane Montagna y el blog Messa in latino han publicado la correspondencia entre los organizadores de la peregrinación y la Santa Sede en los meses que precedieron al acto. Se trata de dos cartas, enviadas el 7 de agosto y el 30 de septiembre respectivamente, por el arzobispo Paolo Rudelli, subsecretario de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, al P. Claude Barthe, capellán de la peregrinación. Las cartas responden a las peticiones que el sacerdote francés había dirigido el pasado 12 de junio a S.S. León XIV y el 8 de septiembre al propio monseñor Rudelli solicitando autorización para celebrar la Misa en San Pedro, o por lo menos entrar juntos la basílica para rezar junto al sepulcro del Apóstol.

Monseñor Athanasius Schneider ORC, obispo auxiliar de Santa María de Astaná (Kazajistán), ha declarado además que había presentado una solicitud personal al papa León XIV para celebrar una misa pontifical en San Pedro. Lo hizo durante la audiencia privada que el Pontífice le concedió el pasado 8 de diciembre.

Como vemos, hubo comunicación con la Santa Sede, pero las solicitudes de los organizadores tuvieron una respuesta negativa, lo cual ha dado lugar a desencantos y fomentado numerosas discusiones en torno a sobre quién recae la responsabilidad de las restricciones.

El órgano principal que prohibió algunas actividades de los peregrinos fue desde luego la Secretaría de Estado vaticana, en concreto el Vicesecretario de Estado, aunque cuesta creer que no haya contado con la aprobación del Secretario de Estado Pietro Parolin y de León XIV, teniendo en cuenta que se trataba de una cuestión destinada inevitablemente a suscitar controversia. De todos modos, la consideración de que las autoridades vaticanas habrían demostrado su disposición a abrir las puertas a todos salvo a los defensores de la Tradición parece en este caso inexacta. El momento culminante de la peregrinación Ad Petri Sedem del año pasado fue precisamente la solemne misa pontifical celebrada el 25 de octubre por el cardenal Leo Raymond Burke en al altar de la Cátedra de San Pedro. En ese momento, tanto el Papa como el Secretario de Estado eran los mismos. ¿Qué ha cambiado, entonces?

La explicación más lógica remite a algo que sucedió entre octubre del año pasado y octubre de este año: las consagraciones episcopales de la Fraternidad San Pío X que tuvieron lugar el 1º de julio en Ecône, con la consiguiente excomunión de los protagonistas del acto. Lo sucedido a continuación no se puede subestimar, pues al desgarro en el cuerpo eclesial se ha sumado una división en lo que se califica de mundo tradicionalista.

Para el jurista Luigi Casalini, la negativa de la Secretaria de Estado ha significado un apoyo a la Fraternidad, o sea, una opción que consolidaría la postura de quienes consideran inútil el diálogo entre los fieles vinculados a la liturgia tradicional y la Santa Sede. La observación presenta un problema real. Cuando una peregrinación cuyo fin es manifestar fidelidad a la sede petrina se topa con semejantes obstáculos, no es fácil explicar a los participantes los motivos de la confianza que deben tener en las autoridades eclesiásticas. El cardenal Parolin y sus colaboradores deberían reflexionar sobre el posible efecto bumerán de sus decisiones en un momento en que no disminuye sino que aumenta el número de sacerdotes y fieles que se acercan a la Fraternidad San Pío X.

Por otra parte, el protagonismo atribuido por el Cœtus Internationalis a monseñor Athanasius Schneider, confirmado como celebrante principal de la peregrinación, habrá brindado sin duda un argumento a la Secretaría de Estado para endurecer su postura. Las declaraciones públicas del obispo auxiliar de Astaná en favor de la FSSPX proporcionaron ciertamente a su presencia un relieve que iba más allá de la función litúrgica que iba a desempeñar. Monseñor Schneider habló de las consagraciones de Ecône el 9 de marzo y el 4 de junio y, después de celebradas, lo hizo nuevamente el 17 de agosto. En las tres intervenciones mantuvo una postura coherente, sosteniendo en todo momento los motivos de la Fraternidad y los errores del Vaticano. El 9 de marzo pidió al Papa que autorizara las consagraciones antes incluso de la resolución de las controversias doctrinales, afirmando que la falta de mandato pontificio no las hacía cismáticas. El 4 de junio afirmó que la Fraternidad era una ayuda de la Providencia a la Iglesia, y añadió que su excomunión supondría un grave error pastoral. El 17 de agosto intentó ofrecer una justificación teológica y moral del hecho consumado invocando la supremacía de la ley divina sobre las normas eclesiásticas. Y en una entrevista posterior, el 13 de octubre, diez días antes de la peregrinación, el prelado destacó que con el paso del tiempo la historia llegaría a considerar el aporte de monseñor Lefebvre y la Fraternidad provechoso para toda la Iglesia. Su postura no da lugar a equívocos.

Los organizadores tuvieron que precisar que los fieles congregados en Roma no eran lefebvristas. Pero el rostro episcopal de la peregrinación ha sido el de un obispo favorable a la FSSPX en su postura ante Roma. Es cierto que monseñor Schneider ya había sido escogido como celebrante bastantes meses antes de las consagraciones episcopales de 2026. Con todo, sus posteriores declaraciones deberían haber hecho pensar a los organizadores que su confirmación en el cargo podría ser contraproducente. El mismo monseñor Schneider podría haber evaluado la posibilidad de declinar la invitación y dejar que otro prelado presidiera la peregrinación de Populus Summorum Pontificum en vez de estar él a cargo de ella durante los tres días que pasaron en la Ciudad Eterna.

El caos imperante no anula el principio de causalidad, según el cual todo tiene sus consecuencias. Monseñor Schneider tiene, por supuesto, derecho a exponer sus consideraciones. Ahora bien, los organizadores también tienen el deber de plantearse si esas declaraciones son compatibles con la función representativa que debía ejercer.

En realidad, las palabras de monseñor Schneider han brindado a las autoridades vaticanas la posibilidad de interpretar la peregrinación como una manifestación en apoyo, al menos indirecto, a la Fraternidad. Eso no quiere decir que dicha interpretación sea fundada, ni tampoco que justifique unas restricciones impuestas a todos los peregrinos. Lo que significa es que la prudencia exige cierta delicadeza, y más en un contexto que se caracteriza por la desconfianza y la controversia de la que es objeto hoy en día el mundo ligado a la Tradición.

Roberto de Mattei
Roberto de Matteihttp://www.robertodemattei.it/
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

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