¿Por qué el Día de la Hispanidad es importante para la Virgen María?

Cuando el navegante genovés zarpó de España y descubrió América, tuvo un impacto indecible a numerosos niveles, sobre todo para la Cristiandad: los pueblos nativos del nuevo continente tuvieron la oportunidad de conocer la Fe.

La gesta colombina fue el punto de partida para que muchos que vinieron después explorasen el Nuevo Mundo. Uno de ellos fue el conquistador español Hernán Cortés. Después de derrotar con la ayuda de sus aliados indios el imperio azteca en 1521, comenzó a lo grande la evangelización del México por parte de misioneros españoles. Al final llegaría a ser uno de los países más católicos, y en los años que siguieron se edificaron centenares templos y conventos.

Una de dichas iglesias es la de La enseñanza, que figura en la foto de cabecera, ubicada en el centró histórico de la capital mexicana. Está considerada la más hermosa de la ciudad, y es un ejemplo magnífico del estilo churrigueresco, variedad del gótico exclusiva de España e Hispanoamérica, y se usó mucho en México.

El estilo toma su nombre de José Churriguera, que destacó en la arquitectura española durante la primera mitad del siglo XVIII. Es conocido también como barroco anticlásico, y se caracteriza por una rica profusión de detalles escultóricos que algunos han descrito como una exuberante decoración. Volutas, enredaderas, ángeles, follaje, estatuas y pinturas cubren generosamente las superficies, con una única finalidad mística: ¡glorificar a Dios con toda el alma y el corazón! El templo está dedicado a Nuestra Señora del Pilar.

Recibe su nombre del convento de La Enseñanza, fundado por la madre María Ignacia de Azlor con la finalidad de impartir instrucción a niñas, misión a la que dedicó la vida. Falleció en 1767, y la iglesia empezó a construirse pocos años después. En 1778 fue terminada, y ese mismo año la consagró el arzobispo Alonso de Núñez de Haro y Peralta. La expulsión de las religiosas por las anticlericales Leyes de Reforma las obligaron a abandonar el monasterio en 1861. con todo, el templo se conserva.

Sobre el altar mayor se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Pilar con el Niño Jesús en brazos y el pilar parcialmente cubierto por el manto. El origen de la imagen es apasionante para cualquiera que esté interesado en la historia de la Iglesia.

Cuenta la tradición que Nuestra Señora se apareció al apóstol Santiago el año 40 d.C. cuando él se encontraba a orillas del Ebro en Zaragoza, hondamente desanimado por el poco fruto de su labor misionera. Muy pocos prestaban atención a sus palabras. Nuestra Señora le infundió aliento y fortaleza.

La aparición tuvo lugar cuando Nuestra Señora aún vivía. Se trató, pues, del primer –y probablemente único– caso de bilocación de la Virgen.

Esta escena de consuelo marino nos evoca algunas historias del Antiguo Testamento, como la de 1º Sam. 23, 16-17, cuando Jonatán acudió a tranquilizar y animar a David, que había huido de Saúl aterrorizado para salvar la vida y lo confortó en Dios.

Recuerdo también una escena del libro de Josué en que éste se encontraba desmoralizado porque los israelitas habían sufrido una grave derrota: «Se postró en tierra sobre su rostro delante del Arca de Yahvé hasta la tarde» (Jos.7,6). Hasta que el Señor se le apareció y le dijo: «Levántate, ¿por qué estás postrado sobre tu rostro? Levántate, santifica al pueblo (Jos.7,10,13).

¿Y quién no se acuerda de la historia de Elías? Estaba rezando al Señor muy agobiado, y le pedía que se lo llevara. Hasta que se apareció un ángel, no una sino dos veces, y tomó las riendas. ¡Así no más! Le ordenó que se levantara y comiera. Y Elías cobró nuevas fuerzas (1º Rey. 19, 4-8).

La mística española sor María Jesús de Ágreda (1602-1665), abadesa del convento concepcionista de la localidad soriana de Ágreda, en Castilla, nos proporciona más detalles del encuentro entre Nuestra Señora y el apóstol de las Españas en su reconocido libro La mística ciudad de Dios junto a muchas otras revelaciones que recibió sobre la vida de la Santísima Virgen María. Su cuerpo, exhumado en 1909, permanecía incorrupto.

Nos da a conocer la experiencia que tuvo Santiago: vio a Nuestra Señora con una corona de oro acompañada por un millar de ángeles. Cuenta que los ángeles llevaron una pequeña imagen de la Virgen y una columna de jaspe. Nos podemos hacer una idea de la impresión que se llevó el Apóstol. ¡No un ángel sino mil! Y nada menos que con Ella.

Según narra Sor María de Ágreda, Nuestra Señor centraba todos sus esfuerzos en el incremento y difusión de la Iglesia y en consolar a los apóstoles y discípulos y defenderlos de las persecuciones y ataques preparados por el dragón y sus secuaces.

La Virgen sabía que Santiago sería el primer mártir entre los Apóstoles. Fue, en efecto, decapitado en Jerusalén un año más tarde. Se cuenta en Hch.12,2 que el rey Herodes «mató a espada a Santiago». Santiago llegaría a ser el patrón de España.

Nuestra Señora se desplazó hasta Zaragoza porque el Señor se lo pidió, y no sólo para consolar a Santiago, sino para que Ella mandara edificar una iglesia en aquel lugar. La basílica de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza, donde se conservan a imagen y la columna originales, fue el primer templo de la Cristiandad dedicado a la Santísima Virgen. Muchos santos españoles como San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús y San Ignacio de Loyola fueron devotos de la Virgen del Pilar y peregrinaron a Zaragoza. En 1730 Clemente XI decretó oficialmente el 12 de octubre como festividad de Nuestra Señora del Pilar.

Y en agosto de 1942, Colón zarpó de las costas del Viejo Mundo. Llegó octubre, y todavía no había señales de tierra. Había prometido a sus marineros que si para el día de la Virgen del Pilar no habían avistado tierra, regresarían a España. Y el 12 de octubre, la vieron.

Así pues, Colón descubrió América en la festividad de la Virgen del Pilar. El día en que Hispanoamérica conmemora el Día de la Hispanidad o de la Raza.

¿Sería pura casualidad? ¿O será que existe alguna relación espiritual entre ambas cosas, aunque las separen catorce siglos?

En 1892 León XIII escribió la encíclica Quarto abuente seculo en conmemoración del cuarto centenario de la epopeya colombina. En ella expresó que, al revés de cuanto dicen los historiadores revisionistas, Colón «no buscaba nada más que el incremento y la honra de la religión cristiana». Robert Royal, autor de Columbus and the Crisis of the West, dice por su parte: «Dios desepeñó un papel importante en inspirar la idea de esta misión».

Los paralelos son sorprendentes entre ambos casos:

1. Tuvieron lugar en momentos de grave crisis para la Iglesia: la Iglesia primitiva atravesaba una intensa persecución; no mucho tiempo después del descubrimiento del Nuevo Mundo, millones de personas abandonarían la Iglesia a causa de la Reforma protestante.

2. Nuestra Señor cumplió una misión fundamental: en Zaragoza intervino directamente para salvar la naciente Iglesia, que a duras penas salía adelante. Según el P. John Hardon SJ, Colón era muy devoto de Nuestra Señora, le había consagrado su empresa descubridora, la nao capitana se llamaba Santa María de la Concepción y a una de las primeras islas que descubrió la llamó Concepción (¡y se podrían poner muchísimos ejemplos más!).

3. En ambos casos se produjo un aumento espectacular de la Iglesia: en el primero, en menos de 300 años la Fe cristiana se convirtió en religión oficial del Imperio; y muchos millones más de almas se sumarían a la Iglesia tras la aparición de la Virgen de Guadalupe en 1531.

Hardon afirma de dicho incremento que «No basta con decir que Colón descubrió América. Hay que darse también cuenta de que su descubrimiento permitió la mayor difusión de la Cristiandad desde los tiempos de San Pablo».

Mucho se habla de que la Iglesia atraviesa la mayor crisis de su historia. No nos vendría mal en estos tiempos meditar –y hacerlo repetidamente– las palabras que dirigió Nuestro Señor a la Virgen antes de que Ella partiera para Zaragoza:

«Yo defenderé a mis apóstoles e Iglesia y seré su padre y protector, para que no sea vencida, ni

prevalezcan contra ella las puertas del infierno».

Virgen del Pilar, ruega por la Iglesia.

Mary Hansen

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