[Diario de Cádiz] Fue el primer domingo de Adviento del año 2009 cuando un grupo de gaditanos comenzó a celebrar la misa según el rito preconciliar. El Papa Benedicto XVI autorizó a que se recuperara esta forma de celebrar la eucaristía y tras diversas gestiones el obispo Ceballos facilitaba un sacerdote (el canónigo José Carlos Muñoz) y un templo (la capilla de El Pópulo) para que ese colectivo, entonces de la mano de la asociación Una Voce Cádiz, celebrara de esta forma las misas dominicales.

Hoy, cinco años después y alejados ya del revuelo que entonces supuso esta recuperación de las misas en latín, un grupo de fieles sigue acudiendo cada domingo a esta misa, ahora en el Oratorio de San Felipe Neri (cada domingo a la una de la tarde).

En este tiempo, el balance que hacen es positivo, “porque hemos conseguido que muchas personas que no conocían esta liturgia porque nacieron después del Concilio la hayan conocido”, destaca uno de los fieles implicados en esta recuperación, Francisco Javier Barea. A lo largo de estos años, destaca que se ha ido ganando en cuanto a la sede de estas celebraciones preconciliares. “Empezamos en la capilla del Pópulo, un templo muy artístico pero con grandes dificultades para la celebración del culto; luego pasamos a Santo Domingo, donde Pascual Saturio nos acogió perfectamente; y hace unos meses el Obispado nos trasladó al Oratorio, lo que entendimos como un espaldarazo”, relata Barea, que destaca además que en este último templo “se incorporó la música, y muy pocas misas en Cádiz cuentan con acompañamiento de órgano, lo cual es de valorar”.

No esconde este católico que recuperar la misa en latín les supuso muchas críticas dentro y fuera de la Iglesia. “Lo hemos llevado con paciencia porque estamos muy convencidos de lo que hacemos y creemos que esas críticas se basaban muchas veces en la ignorancia”, responde Barea, que reconoce que esas críticas negativas “se han ido diluyendo” con el paso del tiempo. Y frente a ellas, argumenta que la liturgia tradicional “es un tesoro de la Iglesia y de la Cultura”, destacando el “sentido de la adoración y el recogimiento” de esta misa, “donde no influye la idiosincrasia del sacerdote porque el protagonismo absoluto es para Dios”.