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¿Fue virtual la muerte de Cristo?

Es una pregunta que nos debemos hacer estos días.

¿Por qué?

Porque estamos siendo constantemente invitados por muchos de nuestros pastores a participar en Misas virtuales.

Pero, ¿qué es la Misa?

Es un encuentro entre Dios y el hombre que nunca podremos llegar a comprender del todo. Creemos que este encuentro del hombre con lo sobrenatural es real, pero lo es en tanto en cuanto ambas presencias sean reales, la de Dios y la del hombre.

Sin esta presencia real de ambas partes, por decirlo así, a sabiendas de lo inapropiado de estas palabras, no se produce ese encuentro del hombre con lo sobrenatural.

El punto 1358 del Catecismo de la Iglesia dice que la Eucaristía es:

1º. Acción de gracias y alabanza al Padre.

2º. Memorial del sacrificio de Cristo y de su Cuerpo.

3º. Presencia de Cristo por el poder de su Palabra y de su Espíritu.

Pero todo esto exige la presencia real de Cristo junto a la nuestra cuando celebramos la Misa, porque todo lo anterior solamente se puede dar en Cristo, con Él y en Él.

No podemos dar gracias y alabar al Padre si no es a través de Cristo.

No se trata de recordar por nuestra cuenta el acontecimiento de la Muerte de Cristo, sino de revivirlo con Él entre nosotros, por lo que su presencia es imprescindible para realizar este memorial.

Finalmente, sin la presencia de Cristo, presencia en Cuerpo, Alma y Divinidad, vivo e inmortal, tal como está en el cielo, ni hay ni puede haber nada.

En una Misa en la que durante la celebración estamos presentes físicamente nosotros, Cristo está presente entre nosotros  y todo lo que se dice en el punto 1358 del Catecismo acontece.

En una Misa virtual Cristo no está presente entre nosotros y nada de lo anterior acontece.

En este tiempo de herejías, idolatrías y confusión doctrinal, hay que afirmar que Cristo no murió virtualmente, sino realmente, como hombre que derrama su sangre y soporta la muerte y el dolor con la misma plenitud que cualquier otro ser humano.

En este mismo tiempo hay que afirmar que obedecer su mandato de “haced esto en memoria mía” (1 Co 11, 24-25) no consiste en hacerlo virtualmente, porque sin su presencia a nuestro lado nada de lo que se recuerda en la Misa tiene valor.

Una Misa virtual no es solamente un acto sin valor, sino que es un acto que encierra peligros verdaderos e inmediatos para la fe de los creyentes.

He aquí unos cuantos, aunque la lista podría ser mucho más larga.

  • Desposee a Cristo del valor de sus sufrimientos en la Redención,
  • Invita a considerar que aquello fue algo que no sucedió en realidad, sino que es figura de un redención incruenta,
  • Lleva a pensar que la Misa es una ceremonia entre amigos en la que la presencia real de Cristo no es necesaria,
  • Arrastra a la gente a conclusiones perversas, por ejemplo, si la presencia de Cristo no es necesaria, ¿para qué lo es la del sacerdote?,
  • Etc

En definitiva, la Misa virtual arranca de cuajo el valor de la Misa real.

¿Por qué estamos recibiendo entonces tantas recomendaciones de nuestra pastores, que han cerrado a cal y canto las iglesias, para que participemos en Misas virtuales?

Voy a responder a esta pregunta contando la anécdota de un sacerdote del que tengo el honor de ser pariente.

Se trata del Beato Agrícola Rodríguez García de los Huertos.

Fue párroco en Mora de Toledo durante la guerra civil española de 1936-1939, una época en la que estaba prohibido decir Misa.

El Beato Agrícola organizó en secreto una Misa en la parroquia para los fieles que anhelaban recibir el aliento y el alimento del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

Es posible que hubiera una delación, porque los perseguidores de la Iglesia se presentaron en plena celebración. El Beato Agrícola no les abrió la puerta hasta conseguir que escapasen sus feligreses. Ello exasperó el ánimo de éstos hasta el punto de que allí mismo, a la puerta de su parroquia, le asesinaron.

De él se puede decir que imitó al Buen Pastor y dio su vida por sus ovejas.

Ángel Moraleda García de los Huertos

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