ADELANTE LA FE

Homilía: Un grano de mostaza que ha dejado de crecer

El evangelio de hoy nos ofrece dos breves parábolas de idéntico significado: la parábola del grano de mostaza y la parábola de la levadura que fermenta toda la masa.

Tradicionalmente se han interpretado estas parábolas en el sentido de que la Iglesia, fundada por Jesucristo, crece y se entiende.
La Iglesia, como todo organismo vivo, nace, crece…, y muere. Por supuesto que la Iglesia que dejará de ser existir será la Iglesia peregrina, cuando todo este mundo se acabe. La Iglesia como tal no puede perecer, pues tenemos la promesa de Cristo. Cristo así lo manifiesta en multitud de ocasiones: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”; “buscad los bienes de arriba, no los de la tierra…”; “somos ciudadanos del cielo”. Todas estas enseñanzas las conocemos muy bien, aunque a veces muchos las olvidan. Todos estos textos nos recuerdan que nuestra existencia aquí en la tierra es fugaz, y que no tenemos aquí una ciudad permanente.

En el momento actual vemos que la Iglesia está desolada; hay una situación real de apostasía, resultando difícil encontrar la verdadera doctrina. Para aquellos que piensan que la situación actual no es tan grave yo les diría:

La misma Sagrada Escritura nos habla que llegará un momento en el que surgirá el falso profeta, el cual engañará a muchos.
También nos dice en el profeta Daniel: “Cuando veáis la abominación de la desolación sentarse en el lugar santo… sabed que el momento ha llegado”. Las profecías y señales acerca del fin del mundo siempre son oscuras, pero si las dijo Jesucristo fue para nosotros. No tendría sentido que nos ofreciera una serie de señales que nos hablaran del fin del mundo y luego nadie las pudiera interpretar ni conocer.

Y es el mismo profeta Daniel quien nos avisa que esta situación de desolación durará hasta el final (Dan 9).

El Santo Padre decía hace unos días que los comunistas piensan como los cristianos. Con todo el respeto, pero no hay compatibilidad alguna entre el comunismo y el cristianismo. Yo he sufrido en mi propia carne el comunismo, lo he estudiado profundamente, y sé lo que digo.

¿Qué podemos hacer los cristianos ante tanta desolación y apostasía? El mismo Señor nos da la respuesta: “Cuando veáis que todo esto sucede, levantad las cabezas, pues se acerca vuestra liberación”, o, “los tiempos finales serán acortados en favor de los elegidos”, o, “para los que aman a Dios, todo lo que les ocurre es para su bien”. Dios actuará en el momento oportuno. Recordad que, de Dios nadie se ríe. Dios siempre hará justicia. Así pues, ¿quién nos podrá separar del amor de Cristo? Hemos pues de confiar en su poder y en su amor. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Sea que vivamos, sea que muramos, del Señor somos”.

Si así hacemos, no tendremos confusión ni duda.

Padre Alfonso Gálvez

Nació en 1932. Licenciado en Derecho. Se ordenó de sacerdote en Murcia en 1956. Entre otros destinos ha estado en Cuenca (Ecuador), Barquisimeto (Venezuela) y Murcia. Es Fundador de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, aprobada en 1980. Desde 1982 reside en El Pedregal (Mazarrón-Murcia). A lo largo de su vida ha alternado las labores pastorales con un importante trabajo redaccional. Ha publicado Comentarios al Cantar de los Cantares (dos volúmenes), La Fiesta del hombre y la Fiesta de Dios, La oración, El Amigo Inoportuno, Apuntes sobre la espiritualidad de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, Esperando a Don Quijote, Homilías, Siete Cartas a Siete Obispos, El Invierno Eclesial, Los Cantos Perdidos y El Misterio de la Oración. Para información adicional visite su web http://www.alfonsogalvez.com