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Homilía: Los administradores de los misterios de Dios

4º Domingo de Adviento
(1 Cor 4: 1-5)

En estos tiempos de confusión y tribulación, donde muchas almas se sienten como ovejas sin pastor, los cristianos que deseen ser fieles buscan con ansiedad pastores que les lleven por el buen camino.

El sacerdote ha de ser considerado como ministro de Cristo; y como ministro que es, ha de ser fiel a quien le ha ordenado. El sacerdote ha sido entresacado de los hombres y destinado para las cosas que miran a Dios.
El sacerdote es otro Cristo. El sacerdote ha de hacer presente a Cristo entre los demás hombres. La conducta, gestos, sentimientos y enseñanzas del sacerdote han de evocar entre sus hermanos la persona de Jesús.

El sacerdote es administrador del “mundo sobrenatural”, de las “cosas de Dios”, y no de las cosas de los hombres. Como decía el mismo Jesús: ¿Quién me ha constituido a mí juez o repartidor de vuestras cosas? La misión del sacerdote no consiste en arreglar los negocios de los hombres. El sacerdote es el hombre de Dios.
“Y lo que se busca en el ministro es que sea fiel” Estas palabras tienen mucha transcendencia en la Iglesia de hoy.

Vivir conforme a las enseñanzas de Cristo hoy día es realmente difícil, por eso es necesario que el buen pastor vaya delante dando ejemplo; es más, incluso dando su vida – a imitación de Cristo- Por eso las ovejas ven en el sacerdote al mismo Cristo.

Cuando el sacerdote habla de las cosas de los hombres es siempre desde una perspectiva sobrenatural, y no meramente humana o mundana.

La predicación del sacerdote ha de ser también escandalosa para este mundo; pues el sacerdote habla de la cruz de Cristo, escándalo para los judíos y locura para los gentiles. En cambio, hoy día, la cruz ha sido desterrada de la predicación. La Misa ha pasado de ser “el Santo Sacrificio de la Misa” a una comida de hermandad. La predicación actual es en muchas ocasiones puramente mundana. A los hombres se les habla de la paz, del diálogo. Se pone en el mismo nivel la verdad y el error.

El buen pastor no puede desviarse de las palabras, del camino, de las enseñanzas que le han sido encomendadas…

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Padre Alfonso Gálvez
Padre Alfonso Gálvezhttp://www.alfonsogalvez.org/
Nació en 1932. Licenciado en Derecho. Se ordenó de sacerdote en Murcia en 1956. Entre otros destinos ha estado en Cuenca (Ecuador), Barquisimeto (Venezuela) y Murcia. Es Fundador de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, aprobada en 1980. Desde 1982 reside en El Pedregal (Mazarrón-Murcia). A lo largo de su vida ha alternado las labores pastorales con un importante trabajo redaccional. Ha publicado Comentarios al Cantar de los Cantares (dos volúmenes), La Fiesta del hombre y la Fiesta de Dios, La oración, El Amigo Inoportuno, Apuntes sobre la espiritualidad de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, Esperando a Don Quijote, Homilías, Siete Cartas a Siete Obispos, El Invierno Eclesial, Los Cantos Perdidos y El Misterio de la Oración. Para información adicional visite su web http://www.alfonsogalvez.com

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