[Imagen: Misa solemne  vista a través de las rejas del coro del colegio S. Edmund en Ware (Herefordshire). Esta la única capilla construida por el célebre arquitecto católico inglés Pugin que no fue objeto de “reformas” tras el Concilio. (Más fotos)]

Publico hoy el número 21 de nuestros informes de situación. En esta ocasión centraremos la atención en las iglesias orientales. Más concretamente, en la actitud de la Santa Sede hacia las iglesias orientales y sus tradiciones litúrgicas.

Desde hace tiempo, es una actitud de máximo respeto. No obstante, esta actitud choca abiertamente con los ataques a las tradiciones occidentales que, si bien no proceden del Magisterio, han llegado a ser uno de los rasgos dominantes del debate desde el Concilio Vaticano II. En este contexto, el presente informe sostiene la importancia del respeto hacia el Vetus Ordo, respeto que en la práctica se manifiesta a todos los niveles en la Iglesia para que las iglesias orientales, sean cuales sean, se tomen en serio las declaraciones de respeto que con tanta frecuencia se hacen en todos los niveles de la Iglesia.

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Dios mediante, pronto publicaré otro informe sobre el tema cubrirse la cabeza en la iglesia.
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Informe nº 21: El Rito Extraordinario y las iglesias orientales

La conservación y promoción en Occidente de la antigua tradición litúrgica reviste considerable importancia para los cristianos de otras tradiciones litúrgicas ancestrales, tanto para los que están en plena comunión con Roma como para los que no lo están. El respeto y la práctica continua del Rito Extraordinario son una consecuencia práctica necesaria de la tradicional política de respeto a las tradiciones orientales por parte de la Santa Sede.

Promoción de la unidad y la reverencia hacia los ritos orientales

Su Santidad León XIII aclaró y subrayó cuál debe ser la debida actitud de respeto hacia los ritos orientales, en particular en su encíclica de 1894 Orientalium dignitas. Refiriéndose a la relación de la Santa Sede con los católicos orientales, afirma:

Tampoco fue la última expresión de su actitud vigilante guardar y conservar para siempre las costumbres y las diversas formas de administrar los sacramentos que en su sabia autoridad había declarado legítimos.[1]

Y una vez más:

A decir verdad, es más importante de lo que parece conservar los ritos orientales. Su augusta antigüedad aporta nobleza a los diversos ritos, constituye una preciado tesoro para la Iglesia y confirma la unidad que ha dado Dios a la fe católica.

Las disposiciones prácticas de la encíclica apuntan a revertir el proceso de latinización de los católicos orientales, ya fuera sustituyendo totalmente o en parte su rito por el latino, o asimilando el rito oriental al latino por parte de personas individuales o de grupos, procesos que ocasionalmente habían sido aprobados por la Santa Sede.[2]

Las palabras de León XIII se reflejan con bastante fidelidad en el decreto Orientalium Ecclesiarum del Concilio Vaticano II,  que expresa seguidamente la necesidad de purificar los ritos orientales de los elementos latinos que puedan haberse desafortunadamente introducido en ellos:

Sepan y tengan por cierto todos los orientales que pueden y deben conservar siempre sus legítimos ritos litúrgicos y su organización y que no deben introducir cambios sino por razón de su propio y orgánico progreso. Todo esto deben cumplirlo con la máxima fidelidad los mismos orientales, quienes deben adquirir un conocimiento cada día mayor y una práctica cada vez más perfecta de estas cosas; y si se hubiesen apartado indebidamente por diversas circunstancias de tiempo o de personas, procuren con empeño volver a sus antiguas tradiciones.[3]

El Concilio reconoce además que las diversas tradiciones orientales han conservado aspectos teológicos particulares valiosos para toda la Iglesia.[4]

En su ferviente carta apostólica Orientale Lumen, publicada con motivo del centenario de Orientalium dignitas, S. Juan Pablo II exigió el pleno respeto de la dignidad de los demás sin afirmar  que el conjunto de los usos y costumbres latino fuese más completo o más adecuado para mostrar la plenitud de la recta doctrina.[5]

El Concilio Vaticano II destacó la importancia de esta norma para las relaciones con las iglesias ortodoxas. Orientalium Ecclesiarum abogaba por la promoción de la unidad entre los católicos de rito oriental y otros cristianos orientales , entre otras cosas mediante ‘con la religiosa fidelidad a las antiguas tradiciones orientales’.[6]La instrucción Il Padre, incomprensibile (21), de la Congregación para las Iglesias Orientales reiteró la importancia de ello:

Por consiguiente, en todo intento de renovación litúrgica debe tenerse en cuenta la costumbre de los hermanos ortodoxos, conociéndola, respetándola y apartándose lo menos posible de ella a fin de no incrementar más la separación.[7]

Este pasaje nos recuerda una conocida frase de San Pío X: la liturgia de los católicos de rito no latino debe ser ‘nec plus, nec minus, nec aliter’ (‘ni más, ni menos, ni diferente’) a consecuencia de reintegrarse a la plena comunión con la Sede petrina.[8]

La reforma litúrgica latina

La reforma litúrgica que tuvo lugar después del Concilio Vaticano II creó una nueva situación con respecto a los ritos orientales. a partir de entonces, las tendencias latinizantes se basarían en los ritos reformados, que en ciertos aspectos se apartan más de los auténticos principios litúrgicos de Oriente que la antigua tradición litúrgica latina. Es más, explicaciones teológicas generalizadas de la reforma y el ímpetu tras numerosos abusos litúrgicos en Occidente se expresaban con frecuencia de tal manera que daban a entender que las costumbres orientales adolecían de graves defectos.

Por ejemplo, la reforma latina sufrió el abandono prácticamente universal de la orientación tradicional, en la al celebrar la Misa el sacerdote miraba hacia oriente. Salvo en el caso de unas pocas iglesias muy excepcionales, esto quería decir que miraba en la misma dirección que los fieles.[9] La promoción de este cambio de orientación, que no se discutió en las sesiones del concilio Vaticano II ni ha sido jamás obligatoria en la Iglesia Latina, ha venido acompañada de polémica en torno a la práctica tradicional. Se dice despreciativamente que “el sacerdote le da la espalda al pueblo”. Esta polémica no está respaldada por documentos oficiales de la Iglesia y ha sido objeto de críticas frecuentes, en particular por parte de S. S. Benedicto XVI.[10] A pesar de ello, está muy generalizada, y se aplica indudablemente de la tradición de celebrar ad orientem en los ritos orientales. La Congregación para las Iglesias Orientales consideró necesario abordar el tema en  Il Padre (107):

No se trata, como tantas veces se ha afirmado, de presidir la celebración dando la espalda a los fieles, sino de guiar a estos en su peregrinación hacia el Reino, que es invocado en oración hasta que vuelva el Señor.

Dicha práctica, amenazada en numerosas iglesias católicas orientales por renovada y reciente influencia latina reviste un profundo valor y debe por tanto ser salvaguardada por ser ciertamente coherente con el espíritu de la liturgia oriental.

De modo parecido, la misma instrucción considera necesario defender tradiciones orientales como que la comunión sea administrada exclusivamente por sacerdotes, un ayuno eucarístico más prolongado que el actualmente vigente en la Iglesia latina, una ‘orientación penitencial’ de la liturgia, y el empleo del arte sacro y las formas arquitectónicas tradicionales en los templos. Todas estas características de la tradición latina han sido objeto de críticas, denigración y hasta ridículo en los debates en torno a la reforma litúrgica.

Un documento anterior de la Congregación para las Iglesias Orientales, la instrucción Observaciones sobre el ordinario de la Santa Misa en en la Iglesia Siromalabar, fechada en 1984,  contiene más ejemplos todavía del mismo fenómeno. Se hace alusión a las frecuentes críticas a las oraciones que se rezan en silencio durante el Canon de la Misa.

Se dice a veces que todas las oraciones litúrgicas deben rezarse en voz alta para que todo el mundo las oiga. Tanto histórica como litúrgicamente, este principio es falso. Hay oraciones que han sido formuladas expresamente para rezarse durante el canto, en una profesión o mientras el pueblo realiza otras actividades, o bien son apologías pro clero. Del mismo modo que los sacerdotes no tienen por qué cantar todo lo que canta el pueblo, tampoco es necesario que los fieles oigan todas las oraciones. De hecho, rezar todas las oraciones en voz alta interrumpiría la debida marcha de la estructura litúrgica .[11]

Benedicto XVI también se opuso firmemente a los ataques contra las oraciones en silencio durante la misa. [12] En modo alguno forma parte de la teología oficial de la reforma, y desde luego el Misal de 1970 contiene varias oraciones en silencio para que las rece el oficiante. A pesar de ello, es cierto que la reforma y su aplicación [13]han conducido a un considerable alejamiento de las oraciones en silencio por parte de la Iglesia latina, lo cual ha suscitado una polémica teológica, hasta el punto de llegarse a afirmar que dichas oraciones excluyen indebidamente a los fieles de la participación litúrgica.[14]

 Una instrucción de 1981 exhorta asimismo a los obispos del rito siro-malabar a oponerse a las tendencias latinizantes que incorporarían a su liturgia oraciones que no figuran en las rúbricas, la lectura de las Escrituras desde un atril en lugar del altar, complejas procesiones durante el ofertorio y oraciones espontáneas. Con respecto a esta última cuestión, refiriéndose a los experimentos litúrgicos de la Iglesia latina, señala: ‘No hay necesidad de imitar los errores  ajenos.’

Establecer un paralelo general entre las tradiciones litúrgicas orientales y la Forma Extraordinaria del Rito Romano sería una forma de entender la participación en la liturgia que no depende de ver y oír todo lo que hace y dice el celebrante. Como señaló S. Juan Pablo II:

La larga duración de las celebraciones, las continuas invocaciones, todo expresa un progresivo ensimismarse en el misterio celebrado con toda la persona.[15]

Función del Rito Extraordinario en el Rito romano

Las polémicas teológicas generalizadas en torno a numerosos aspectos de la tradición compartida de la Iglesia, y aun la noción misma de tradición,[16] socavan el programa de conservación y restablecimiento de los Ritos Orientales urgida por el Concilio Vaticano II, así como las manifestaciones de respeto a las tradiciones de los cristianos de Oriente que no están en comunión con Roma.

Una manera importante de situar estas cuestiones en su debido contexto y de concretar a nivel local la verdadera enseñanza de la Iglesia sería dar la tradición litúrgica de Occidente el lugar adecuado que exigía para ella el papa Benedicto.[17] Cuando el Rito Extraordinario logra hacerse sitio en la vida litúrgica normal de las parroquias y diócesis, gozando de respaldo visible por parte de la jerarquía, socava  la idea de que los erróneos principios teológicos arriba mencionados forman parte del magisterio oficial de la Iglesia. Es más, cuando los católicos conocen por experiencia esta forma del Rito romano están en mucha mejor situación para apreciar el valor de los ritos orientales, la naturaleza de la participación de los seglares en ellos y el valor litúrgico de la propia tradición.[18]

La creación de congregaciones católicas de rito oriental en países donde predomina la tradición latina añade valor a estas consideraciones. S. Juan Pablo II recomendó que, en dicho contexto, los católicos latinos se familiaricen con la liturgia de sus hermanos orientales;[19] en muchos aspectos, el Rito Extraordinario puede tender un puente que conduzca al entendimiento mutuo que deseaba.

En este contexto, no es de sorprender que el motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI tuviera tan buena acogida por parte del patriarca Alexis II de Moscú.[20] Ciertamente los practicantes de los ritos católicos latinos no pueden esperar que se los tome en serio al afirmar el valor de las tradiciones orientales si ellos mismos no tratan con respeto a su propia tradición.

[1] Encíclica Orientalium dignitas de León XIII(1894). Los párrafos de la encíclica no están numerados, y tampoco es fácil acceder al texto latino.

[2] Véase la instrucción de la Congregación para las Iglesias Orientales fechada en 1996 Il Padre, incomprensibile 24: ‘Los efectos de la mentalidad y convicciones del momento se dejaron sentir en estas intervenciones. En ese sentido, se percibió cierta subordinación de las liturgias no latinas al rito latino, que se consideraba ritus praestantior. Es posible que esta actitud haya llevado a alterar las rúbricas orientales que hoy en día, a la luz de los estudios y avances de la teología, es preciso corregir, entendiéndose en el sentido de volver a las tradiciones ancestrales.’

[3] Decreto Orientalium Ecclesiarum (6) del Concilio Vaticano II: ‘Sciant ac pro certo habeant omnes Orientales, se suos legitimos ritus liturgicos suamque disciplinam semper servare posse et debere, ac nonnisi ratione proprii et organici progressus mutationes inducendas esse. Haec omnia, igitur, maxima fidelitate ab ipsis Orientalibus observanda sunt; qui quidem harum rerum cognitionem in dies maiorem usumque perfectiorem acquirere debent, et, si ab iis ob temporum vel personarum adiuncta indebite defecerint, ad avitas traditiones redire satagant.’ Se puede encontrar una declaración paralela del principio litúrgico con relación a la reforma del Rito Latino en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II, 50: ‘Restablézcanse, en cambio, de acuerdo con la primitiva norma de los Santos Padres, algunas cosas que han desaparecido a causa del tiempo, según se estime conveniente o necesario.’ (‘restituantur vero ad pristinam sanctorum Patrum normam nonnulla quae temporum iniuria deciderunt, prout opportuna vel necessaria videantur.’)

[4] Unitatis Redintegratio 17: En el Oriente y en el Occidente se han seguido diversos pasos y métodos en la investigación de la verdad revelada para conocer y confesar lo divino. No hay que admirarse, pues, de que algunos aspectos del misterio revelado a veces se hayan captado mejor y se hayan expuesto con más claridad por unos que por otros, de manera que hay que reconocer que con frecuencia las diversas fórmulas teológicas, más que opuestas, son complementarias entre sí.’ (‘Etenim in veritatis revelatae exploratione methodi gressusque diversi ad divina cognoscenda et confitenda in Oriente et in Occidente adhibiti sunt. Unde mirum non est quosdam aspectus mysterii revelati quandoque magis congrue percipi et in meliorem lucem poni ab uno quam ab altero, ita ut tunc variae illae theologicae formulae non raro potius inter se compleri dicendae sint quam opponi.’) Cf Orientale Lumen 5: ‘La tradición oriental cristiana implica un modo de acoger, comprender y vivir la fe en el Señor Jesús. En este sentido, está muy cerca de la tradición cristiana de Occidente que nace y se alimenta de la misma fe. Con todo, se diferencia también de ella, legítima y admirablemente, puesto que el cristiano oriental tiene un modo propio de sentir y de comprende,r y, por tanto, también un modo original de vivir su relación con el Salvador.’ (‘Certum enim modum secum importat orientalis traditio suscipiendi intellegendi vivendi Domini Iesu fidem. Ita profecto proxime illa ad christianam accedit Occidentis traditionem quae eadem nascitur aliturque fide. Tamen legitime atque insignite ab illa differt, cum proprium habeat sentiendi percipiendique morem christifidelis orientalis, ac propterea nativam aliquam rationem suae colendae necessitudinis cum Salvatore.’) Cf. también Orientalium Ecclesiarum 5: ‘[este Concilio] declara solemnemente que las iglesias de Oriente, como las de Occidente, tienen derecho y obligación de regirse según sus respectivas disciplinas peculiares, que están recomendadas por su venerable antigüedad, son más adaptadas a las costumbres de sus fieles y resultan más adecuadas para procurar el bien de las almas.’ (‘Quamobrem sollemniter declarat, Ecclesias Orientis sicut et Occidentis iure pollere et officio teneri se secundum proprias disciplinas peculiares regendi, utpote quae veneranda antiquitate commendentur, moribus suorum fidelium magis sint congruae atque ad bonum animarum consulendum aptiores videantur.’)

[5] Pope St John Paul II Apostolic Letter Orientale Lumen (1994) 20: ‘Certe, hodiernae menti videtur vera coniunctio fieri posse aliorum plene observata dignitate, dempta simul illa opinione universos mores et consuetudines Ecclesiae Latinae pleniores esse et aptiores ad rectam doctrinam demonstrandam;’

[6] Orientale Ecclesiarum 24: ‘religiosa erga antiquas traditiones orientales fidelitate’.

[7] Congregación para las Iglesias Orientales, Instrucción Il Padre, incomprensibile (1996) 21

[8] San Pío X utilizó la frase a principios de 1911 durante una audiencia privada con Natalia Ushakova, en alusión a las propuestas de latinización que eran objeto de debate en ese momento entre los católicos rusos.

[9] En la Basílica de S. Pedro, por ejemplo, mirar hacia oriente en el altar mayor supone para el celebrante mirar en dirección a la nave del templo, hacia la puerta principal. Para conocer el significado histórico que tiene en estas iglesias excepcionales, ver FIUV Positio nº4: Liturgical Orientation, 6-7.

[10]  Benedicto XVI (Joseph, Cardenal Ratzinger) El espíritu de la liturgia (Ediciones Cristiandad, Madrid 2001).

[11] Congregación para las Iglesias Orientales, instrucción Observaciones sobre el ordinario de la Santa Misa en la Iglesia Siromalabar. Esta instrucción se publicó en respuesta la reforma de los libros litúrgicos propuestas por la Conferencia Episcoal Siro-malabar. La Iglesia Siro-malabar no es autocéfala y está sometida a la autoridad de la Congregación para las Iglesias Orientales.

[12] Benedicto (Cardinal Ratzinger) op. cit.

[13] La opción de rezar en silencio las oraciones del Ofertorio mientras canta el coro, incluida en el misal reformado, rara vez es puesta en práctica, y con frecuencia hasta el sacerdote recita en voz alta las mencionadas oraciones.

[14] V. FIUV Positio 9: Silence and Inaudibility in the Extraordinary Form.

[15] Bl. Juan Pablo II, encíclica Orientale Lumen (1995) 11: ‘Extractum longius celebrationum tempus, iteratae invocationes, omnia denique comprobant aliquem paulatim in celebratum mysterium ingredi tota sua cum persona.’ Cf. Congregation para el Culto Divino, Instrucción Liturgiam authenticam (2001) 28: ‘La sagrada Liturgia se dirige no sólo al entendimiento del hombre, sino a toda su persona, que es el sujeto de la participación plena y consciente de la celebración litúrgica.’ (‘Sacra Liturgia non solum hominis intellectum devincit, sed totam etiam personam, quae est “subiectum” plenae et consciae participationis in celebratione liturgica.’)

[16] Il Padre lo expresa de esta manera: ‘El primer requisito de toda renovación en la liturgia oriental, como también en Occidente, es redescubrir la plena fidelidad a sus tradiciones litúrgicas, beneficiándose de sus riquezas y eliminando todo lo que haya alterado su autenticidad. Such heedfulness i  no está subordinada a la supuesta actualización, sino que la precede.’ Cf. la carta apostólica Orientale Lumen S. Juan Pablo II (1995) 8: ‘A menudo hoy nos sentimos prisioneros del presente: es como si el hombre hubiera perdido la conciencia de que forma parte de una historia que lo precede y lo sigue. A esta dificultad para situarse en el pasado y el futuro con espíritu de gratitud por los beneficios recibidos y por los que se esperan, en particular las iglesias de Oriente manifiestan un marcado sentido de la continuidad, que toma los nombres de Tradición y espera escatológica.’ (‘Captivos hodie saepius nos temporis praesentis esse sentimus: quasi si notionem homo amiserit sese esse particulam alicuius historiae praecedentis et subsequentis. Huic magno labori, quo contendit quis ut se inter praeteritum collocet futurumque tempus cum grato sane animo tam de acceptis quam de donis postmodum accipiendis, clarum praestant Orientales Ecclesiae sensum continuationis, quae sibi Traditionis atque eschatologicae exspectationis nomina sumit.’)

[17] Carta de S. S. Benedicto XVI a los obispos, acompañando el motu propio Summorum Pontificum: ‘Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande, y no puede ser improvisa y totalmente prohibido o incluso perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y darles el justo puesto.’

[18] Juan Pablo II Orientale Lumen 8: ‘A menudo hoy nos sentimos prisioneros del presente: es como si el hombre hubiera perdido la conciencia de que forma parte de una historia que lo precede y lo sigue. A esta dificultad para situarse en el pasado y el futuro con espíritu de gratitud por los beneficios recibidos y por los que se esperan, en particular las iglesias de Oriente manifiestan un marcado sentido de la continuidad, que toma los nombres de Tradición y espera escatológica.’ (‘Captivos hodie saepius nos temporis praesentis esse sentimus: quasi si notionem homo amiserit sese esse particulam alicuius historiae praecedentis et subsequentis. Huic magno labori, quo contendit quis ut se inter praeteritum collocet futurumque tempus cum grato sane animo tam de acceptis quam de donis postmodum accipiendis, clarum praestant Orientales Ecclesiae sensum continuationis, quae sibi Traditionis atque eschatologicae exspectationis nomina sumit.’)

[19] Juan Pablo II Apostolic Letter Orientale Lumen (1995) 24 ‘Creo que una manera importante de crecer en la comprensión recíproca y en la unidad consiste precisamente en mejorar nuestro conocimiento recíproco. Los hijos de la Iglesia Católica ya conocen los caminos que la Santa Sede ha señalado para que puedan alcanzar ese objetivo: conocer la liturgia de las iglesias de Oriente’ (‘Putamus sane magnum pondus ad crescendum in mutua comprehensione atque unitate tribuendum esse meliori mutuae intellegentiae. Catholicae Ecclesiae filii iam noverunt vias quas Sancta Sedes significavit ut ii eiusmodi propositum consequi valeant: liturgiam Ecclesiarum Orientalium noscere [texto corregido a partir de ‘nascere]’) (El pasaje citado concluye con una nota a pie de página que alude la instrucción In Ecclesiasticum futurorum (1979) 48

[20] La agencia noticiosa Zenit informó lo siguiente (Roma, 29-8-2007): ‘La decisión de Benedicto XVI con vistas a una más amplia celebración litúrgica según el Misal Romano de 1962 ha sido objeto de una positiva acogida por parte del patriarca ortodoxo Alexis II de Moscú. “Recibimos con alegría la recuperación y puesta en valor de la antigua tradición litúrgica,” dijo Alexis II al diario italiano Il Giornale. La carta apostólica Summorum Pontificum de Benedicto XVI, publicada en julio, explica la nueva normativa para el uso del misal de 1962 como rito extraordinario de la celebración litúrgica. “Nos aferramos firmes a la tradición” –prosiguió–. “De no haber custodiado fielmente la tradición litúrgica, la Iglesia Ortodoxa Rusa no habría podido resistir la época de persecución.”‘

[Traducido por J.E.F. Artículo original. Posteado por Joseph Shaw]