ADELANTE LA FE

La ley de la oikonomia sacramental

En nuestra época, estamos asistiendo a una escisión entre la fe y las obras, entre lo que profesamos y lo que realizamos, bajo apariencia de misericordia pastoral.

Este modus operandi no es sino la aplicación de la moral de situación, condenada por Pío XII[1] y por Juan Pablo II[2], en el ámbito eclesial.

La idea fue repropuesta por el Card. Kasper basándose en la llamada ley de la “oikonomía” oriental[3], según la cual las iglesias ortodoxas darían una segunda oportunidad para contraer segundas nupcias a aquellos que fracasaron en un primer matrimonio de manera inculpable.

El mismo Patriarca ecuménico de Constantinopla Bartolomé, justificó este acercamiento de la Iglesia Católica a la tradición bizantina, como una forma de ejercer el verdadero discernimiento en la sociedad contemporánea[4].

Esta ley de “oikonomía”, en realidad, era desconocida en la época patrística. No era practicada por los principales Padres, y al no tener fundamento en la Tradición, debe ser desechada, como mera “tradición de los hombres”, contraria a la “ley de Dios” (cf. Mc. 7, 7-8).

Sirva, como ejemplo, estas palabras de San Gregorio de Niza: “Muchos, entre los que han recibido el sacramento del bautismo, por ignorancia de los mandamientos de la Ley, mezclan el viejo fermento del pecado a su nueva vida e incluso luego del paso por el agua, llevan vivo con ellos en sus acciones al ejército egipcio. De ese modo, aquel que antes de recibir la gracia del bautismo, se ha enriquecido por robo o injusticia o que ha adquirido un dominio a través de un falso testimonio o que vive en concubinato con una mujer o que ha cometido la locura de realizar alguna acción prohibida, ¿piensa que al permanecer, una vez bautizado, en el goce de lo que posee injustamente, está liberado de la esclavitud del pecado? ¿Acaso no se da cuenta de que sigue siempre oprimido bajo el yugo del pecado?”[5]

Razón tiene, entonces, el metropolita Hilarión de Volokolamsk, representante del Patriarcado ruso, para alentar a los obispos católicos a que defiendan siempre a la familia cristiana, tal como Dios la ha establecido[6].

Como dijo el Card. Robert Sarah, introducir un divorcio entre la fe y la pastoral “es una forma de herejía, una peligrosa patología esquizofrénica”[7]. Como también lo dijo el Card. Müller, “mediante una invocación objetivamente falsa de la misericordia divina se corre el peligro de banalizar la imagen de Dios, según la cual Dios no podría más que perdonar”[8]. Antes al contrario, el Pastor que se preocupa por sus ovejas no quiere la muerte de la grey (apartando a sus subordinados de los malos pastos y de los lobos), y los guía con firmeza y suavidad hacia la eternidad.

Padre Jorge Luis Hidalgo

[1] Ver, por ejemplo, su discurso del 18 de abril de 1952.

[2] Sobre todo en su carta encíclica Veritatis Splendor, del 6 de agosto de 1993.

[3] Discurso del Card. Walter Kasper en el Consistorio del 21 de febrero de 2014.

[4] Ver aquí un extracto de sus ideas.

[5] S. Gregorio de Nisa, Camino a la Perfección de las Virtudes (Vida de Moisés), Edit. Lumen, Ichthys, pág. 82-83 (Trad. Esp.).

[6] Ver aquí un extracto de sus ideas.

[7] En la presentación de su libro “Dieu ou rien” (“Dios o nada”).

[8] Testimonio a favor de la fuerza de la gracia, publicado en L’Osservatore Romano el 23 de octubre de 2013.

Padre Jorge Luis Hidalgo

Nacimiento: 13 de mayo de 1982, en Buenos Aires. Estudios primarios y secundarios en Ingeniero Luiggi, La Pampa, diócesis de Santa Rosa. Estudié en el seminario San Miguel Arcángel, en la diócesis de San Luis. Ordenación sacerdotal: 20 de marzo de 2009. He sido destinado, luego de finalizar el seminario, a la parroquia Santa Teresita, de Realicó, en el año 2007, antes de ser diácono. Desde el año 2008 hasta marzo de 2011 estuve en la parroquia Nuestra Señora de Luján, en Catriló. Desde el 20 de junio de 2012 estoy en la Parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en el barrio Butaló, de Santa Rosa.