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Tras abordar las incoherencias y sacrilegios en los bautizos por parte de padres y padrinos, el tema que hoy nos toca es La Comunión, y el propio título indica ya la conclusión. Hay escasísimas PRIMERAS, de muchas, Comuniones, pero sí muchísimas PRIMERA Y ÚLTIMA COMUNIÓN, al punto que los propios implicados la han rebautizado como “la Comunión”, así sin más.

Si el bautizo para el pueblo que utiliza los sacramentos sin tapujos para montar sus “fiestecitas”, no es más que una presentación en sociedad del niño, la comunión no es más que la puesta de largo donde se le inundan de todo tipo de regalos y fiestas pero de una forma tan desvinculada del verdadero motivo de celebración: QUE HA RECIBIDO A JESÚS, que incluso padres y los propios niños te miran raro si les haces un regalo religioso.

Así los padres se entregan a todo tipo de suntuosos preparativos, meses hablando los detalles discutiendo la organización, los regalos… todo, pero sin embargo en esos mismos meses estos mismos padres no se preocupan lo más mínimo por la formación que tiene su hijo para recibir a Jesús, y ellos mismos ni siquiera dan un ejemplo mínimamente coherente, la mayor parte de las veces sin ni tan siquiera ponerlo a rezar por la mañana y por la noche.

Como si fuera parte de un proceso administrativo estos padres los llevan durante las catequesis a misa, dando por concluido todo ello tan pronto se termine la fiesta, a partir del domingo siguiente ni siquiera se plantean que el niño tenga que volver por la Iglesia.

Es un espectáculo por parte de los padres de incoherencia y burla a lo sagrado de dimensiones épicas. He visto de todo, personas que se definen ateas, no practicantes… de todo, y que llevan al niño a la comunión y que si le preguntas por el motivo todo lo que te dicen es “no va a ser mi hijo menos que los demás”.

Y estos pobres niños se convierten en víctima de los padres, pero también en víctima de los formadores en las catequesis. Porque a pesar del sacrilegio de los padres, podrían haber tenido una oportunidad excepcional de recibir una formación cristiana que posiblemente sea la única que recibieran. Pero no, tampoco es así.

Como padre de varios niños que han hecho las comuniones recientemente, y asistido a la de innumerables sobrinos, he podido comprobar de primera mano la absoluta falta de formación con que acuden la mayoría de los niños, como en todo hay honrosas excepciones. Niños para los que no hay preceptos y obligaciones, sólo paz, alegría y pandereta, no saben rezar apenas, a los cuáles se les ha enseñado con un lenguaje lleno de eufemismos que ni los mayores podemos entender, todo con el objeto de no exponer claramente la doctrina católica y difuminarlas en mil fantochadas modernistas, niños sin noción alguna de pecado, niños a los que se les quiere tratar de muy mayores para unas cosas pero siempre “poco preparados aún” para hablarles de verdades católicas con un lenguaje claro (véase el catecismo Mayor de San Pío X ejemplo excepcional de claridad educativa).

En mi familia directa y cercana junto con mi hija hicieron la comunión dos sobrinas más que no han vuelto a pisar la iglesia, que cuando se quedan en mi casa a dormir y rezo en el cuarto a los niños se quedan sorprendidas como diciendo “¿pero que hace este?”. Un espectáculo doloroso la verdad ver estos niños arrastrados por sus padres.

Pero yo mismo me pregunto ¿qué se puede esperar cuando estos niños van a misa, una misa de niños, donde lo último que se respira es olor a sagrado? Donde no hay ni confesionario y llega la hora de la comunión y se arrodillan dos personas en toda la Iglesia, donde la gente comulga y absolutamente a nadie se le ve dando acción de gracias, excepto las mismas dos personas, donde antes, DURANTE y después de la misa la actitud general de falta de respeto, mundanidad y antropocentrismo es lo único que se respira allí. ¿Cómo podemos pedirle a un niño que vea en la Sagrada Hostia algo sagrado, que vea a Jesús, cuando la actitud de los fieles, y del propio sacerdote, es mundana y en ningún momento muestran reverencia sino que tratan tan sagrado alimento con las manos como un alimento más? ¿Cómo podemos pedir a un niño que vea allí a Jesús cuando la ceremonia de su primera comunión es un espectáculo bochornoso en el templo de falta de respeto, ordinariez y profanación? ¿cómo podemos pedírselo cuando en la consagración el cura ni siquiera les ha enseñado a arrodillarse y luego les obliga a comulgar en la mano?

Hay una catequesis visual de piedad, devoción y vida sacramental que ha desaparecido casi por completo de nuestras iglesias.

Incoherencia de los pastores que lo permiten, incoherencia de los padres que lo hacen y, como víctimas, los hijos, por los que como decía el Santo Cura de Ars, Dios pedirá en el juicio a cada padre cuentas por hasta el último pecado que hayan cometido estos por su responsabilidad al no formarlos y educarlos debidamente.

Juan Gómez Sauceda