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De la Encarnación del Verbo Eterno

MEDITACIÓN VI

Para el viernes de la tercera semana de Adviento

PUNTO PRIMERO. Considera cómo en dando el fiat, y consentimiento de su voluntad la Beatísima Virgen, el Verbo Eterno se hizo hombre, formándose su cuerpo Santísimo por virtud del Espíritu Santo en las entrañas purísimas de la Santísima Virgen María, en que tienes mucho que con templar: lo primero, cómo Dios cumplió su palabra y la promesa que había hecho a los antiguos Padres de hacerse hombre y bajar á remediar al género humano; y aunque se tardó muchos siglos, vino en medio de los tiempos; en el más oportuno a remediar el mundo, de lo cual debes sacar una grande confianza de que vendrá, aunque se tarde a tu parecer, a remediar tus necesidades y consolarte con su divina visitación si tú no faltares en la confianza que debes tener en él; y juntamente debes aprender a no faltar al Señor en tus propósitos y promesas, ni servirle de sola palabra, sino cumplirla, poniéndola por obra con toda presteza, como Dios lo hace contigo.

PUNTO II. Contempla por una parte la inmensidad de Dios, su grandeza y su luz inaccesible, que no cabe en los cielos de los cielos su santidad, sobre todo cuanto se puede imaginar, adorado y. respetado en el trono de su gloria de los ángeles, querubines y serafines, y de todas las criaturas en suma alteza y majestad; y luego baja los ojos á mirarle en el estrecho seno de María, encerrado y abreviado en aquel oscuro aposento: coteja un lugar con el otro, y el trono de su grandeza con el de su humildad, y mira cómo suspensos a los serafines y a todos los espíritus angélicos con la admiración de este misterio, y de ver al infinito estrechado, y al inmenso abreviado en tan corto espacio, y rompe en afectos de suma admiración, y pide a todas las criaturas que se hagan lenguas para alabarle por las obras admirables de su amor: aquí es donde mostró más su poder que en la creación del universo y su amor sobre todo cuanto hizo por el hombre, y su sabiduría más que en todas las obras de su mano y su humildad, juntando y uniendo consigo cosas tan distantes, como su divinidad y nuestra humanidad, a Dios y al hombre en un supuesto, y mostró su paciencia, sufriendo nueve meses tan estrecha y oscura cárcel; y no ceses de darle gracias por tantos y tan grandes beneficios como te hizo en esta obra de su Encarnación: ofrécete por su esclavo para servirle eternamente, y pídele gracia para corresponder como debes a tantas mercedes, imitando, sus virtudes.

PUNTO III. Considera el gozo que tendría el ángel san Gabriel, viendo su buen despacho, y la alegría con que volvería al cielo, habiendo dejado efectuado con tanta felicidad el negocio á que fue enviado; la gloria de la Santísima Trinidad, viendo ejecutado el decreto de redimir al hombre después de prometido tantos siglos; el alborozo de los ángeles, mirando tan de cerca la restauración de sus sillas por los méritos de la persona de Cristo: míralos cómo bajarían a reconocer a aquel Señor, que siendo hombre era juntamente Dios, y cómo le adorarían y respetarían como a hijo del Altísimo, y el amor que cobrarían a los hombres, viendo honrada su naturaleza con la persona divina, y sublimado el hombre al ser de Dios, sin envidia de tan grande bien, ni pesarles de ver al hombre mortal sublimado sobre sus cabezas a  mayor dignidad que la suya; y entra con ellos a reverenciar y a adorar aquel Señor inefable e inmortal hecho hombre mortal por ti, y humíllate en su presencia, reconociéndote por indigno de tan grande merced, y aprende a no tener envidia sino gozo cuando vieres a otros levantados sobre tu cabeza a mayor dignidad, como los ángeles se gozan de ver unido al Verbo Divino con nuestra humanidad, y al hombre de tierra sublimado sobre los espíritus soberanos del cielo.

PUNTO IV. Contempla el júbilo y gozo espiritual de la Beatísima Virgen María en este misterio; porque como dice san Pedro Crisólogo[1], en pronunciando aquel fiat: semit Divinitatis ingressum, sintió la venida del Verbo Eterno a sus entrañas, y reconoció por divina dispensación, cómo se obró en ella aquel divino misterio oculto a todas las criaturas, y se halló sublimada a tan alta dignidad como fue ser Madre de Dios, el cual recibiendo de ella el cuerpo, la comunicaría con mano liberalísima el infinitísimo tesoro de sus gracias; y como dice Santo Tomás, quedó desde aquel instante como deificada con la Persona de Dios que se hizo hombre en sus entrañas, al modo que queda un hierro encendido y penetrado del fuego en la fragua, y un cristal del sol cuando le baña con sus Rayos, así bañó y penetró aquella luz inaccesible de Dios el alma de la Purísima Virgen cuando se penetró en sus entrañas y se hizo hombre por nosotros; y la comunicó tal gozo, que no hay lengua humana que le pueda declarar. ¡Oh Virgen Beatísima, gózome de vuestro gozo y con los ángeles y arcángeles y con todas las criaturas visibles é invisibles os doy infinitos parabienes y gracias por las gracias que Dios os hizo en aquel instante, y os suplico que pues os halláis tan rica, me comuniquéis alguna parte por pequeña que sea, de vuestra gracia, para que yo sea agradecido a vuestro Santísimo Hijo, y le imite y sirva perpetuamente. Amén.

Padre Alonso de Andrade, S.J 

[1] San Pedro Crisólogo, Sermón de Ann.




Meditación
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Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.

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