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Modernismo: ¿Es el novus ordo un sacrificio indigno de Dios?

Escrito por Toni McCarthy

Prólogo por Michael J. Matt

Se está volviendo aparente para este escritor, que mucha gente, tanto católicos como no-católicos, se están despertando a la dura realidad de todo lo se refiere al papa Francisco. El próximo paso es ayudarles a estas buenas personas a entender la dura realidad de todo lo que ha tratado la revolución modernista desde los días de san Pío X cuando los Papas aún estaban batallando vigorosamente en contra de esta gran ‘síntesis de todas las herejías’.

La revolución modernista ‘salió del armario’, por decirlo así, al mismo tiempo que el segundo concilio del Vaticano, pero en ningún lugar fue su agenda hecha más aparente que en la sistemática destrucción del rito romano, que tuvo lugar en el período que siguió inmediatamente después del Vaticano II y encima con la total bendición del espíritu del Vaticano II.

Una vez que se entiende por qué los modernistas que están en el ‘corazón y centro de la Iglesia’ atacaron primero a la misa—porque era la fortaleza litúrgica, por decirlo así, en la cual la doctrina católica había sido protegida durante siglos, y en la cual incluso el latín mismo hacía casi imposible la experimentación y la novedad, y que día tras día reforzaba las ideas católicas que le eran tan repugnantes a las nociones modernistas del ecumenismo, el diálogo, el “salvacionismo” universal, y finalmente la falsa libertad moral (una mera extensión del logro estrella del modernismo, que es una falsa libertad religiosa) de la cual el aumento del aborto, los anticonceptivos y la destrucción del matrimonio cristiano eran totalmente dependientes—entonces es fácil de entender qué es lo que ha estado sucediendo en la Iglesia durante mucho tiempo. Simplemente, todos somos las víctimas de un masivo golpe de estado modernista, para el cual, nuestro pobre atormentado pontífice es nada más que el máximo representante.

La ascensión del papa Francisco a la Silla de San Pedro siempre ha sido el juego final de los modernistas—el del poner a uno de los suyos justo en la cima. Francisco no salió de un vacío, cosa que es injusta hacia  él sugerir lo contrario. Esto ha estado haciéndose durante mucho tiempo, pero, de tantas maneras, el éxito de toda la revolución modernista que él ahora representa dependía totalmente de la destrucción del rito romano, la así -llamada misa tridentina—tanto desde una perspectiva espiritual como de una práctica.

¿No les gusta el latín? ¿Prefieren la lengua vernácula? ¿Disfrutan del sacerdote dándole la cara a la gente para que se la puedan ver? Por supuesto, y esto es porque por medio de ninguna falta de ustedes, los modernistas les han lavado el cerebro, haciendo que su comprensión de lo que se supone que es la liturgia se vuelva fatalmente fallida. Piensan que la liturgia debería tratar totalmente sobre ustedes, y cómo les hace sentir, y cómo responden a ella, en vez de tratar sobre Dios  y la adoración apropiada que se le debe al Creador. Y cuando falla en entretenernos o de hacernos sentir “algo”, se vuelve irrelevante para nosotros, justo como se volvió irrelevante para millones de católicos alejados desde la introducción del novus ordo.

Cómo ustedes y yo nos “sentimos” con respecto a la misa es en realidad bastante irrelevante. El punto y el propósito de la misa han sido invertidos de modo verdaderamente luciferino… Los modernistas sabían lo que estaban haciendo y los abusos superficiales tales como niñas monaguillos y el uso de la lengua vernácula palidecen en severidad en comparación con lo que en realidad estaban persiguiendo—el final de un sacrificio digno que desde el principio de la historia el hombre sabía que le debía a Dios. Por lo tanto, las mesas reemplazaron a los altares, las mujeres y las guitarras desviaban la atención lejos del sacerdote, se quitaron las barras de comunión para hacer lugar para ‘lugares de reunión’, los tabernáculos—el santo de los santos—fue movido hacia un costado sino es que removido totalmente de las iglesias, y el celebrar de la cena comunal suplantó  a Dios ofreciéndole Dios a Dios en el altar del sacrificio.

El siguiente artículo escrito por un adulto convertido al catolicismo, cubre un terreno familiar en cuanto a la liturgia se refiere, pero si se lee lleno de oración y de humildad, estoy convencido de que ayudará a muchos católicos sufriendo de un lavado de cerebro a moverse a ellos mismos a la realidad de lo que ha pasado durante los últimos cincuenta años, y que, Deo volente (Dios quiera), resolver tomar las medidas de reclamar lo que les fue viciosamente robado hace mucho tiempo—su derecho de nacimiento, su identidad, su patrimonio litúrgico, su religión, su futuro, las almas de sus propios hijos.

Por favor Dios, ayúdanos a todos ver y entender lo que hemos perdido, lo que le han hecho a Tu novia y cómo Te han descoronado. MJM

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En el mensaje de su homilía fechada el 18 de enero de 2016, el papa Francisco criticó ásperamente a los católicos tradicionales, llamándoles, entre otras cosas, cristianos que tienen los corazones cerrados a las sorpresas del Espíritu Santo y rebeldes que practican el pecado del sortilegio; insultos que ya han sido ampliamente discutidos o conversados en internet.

Deseando otorgarle credibilidad a estas acusaciones, el Papa usó las lecturas del día para ilustrar su punto, incluyendo una particular historia sobre el rey Saúl, la cual se puede hallar en el Primer Libro de Reyes, capítulo 15, (Versión Douay Rheims)

Mientras Francisco obviamente malinterpretó el pasaje, la verdadera interpretación, como se explica muy claramente dentro de las Escrituras, contiene un mensaje importante para todos los católicos que desean buscar la verdad de Dios y la voluntad de Dios durante un tiempo particularmente confuso en la historia de la Iglesia. Para mí, la correcta interpretación del pasaje ayuda a ilustrar por qué la ‘misa latina tradicional’ (de acuerdo con el misal de 1962), relegada a la “forma extraordinaria” hace ya tantos años por la jerarquía de la Iglesia, es tan importante, y por qué es necesaria ahora, quizás más que nunca, para que sea celebrada y hecha asequible de forma regular para todos los católicos.

El rey Saúl, antecesor a Annibale Gugnini–¿padre de la nueva misa?

En el capítulo 16 de 1Reyes, Dios le ordenó a Saúl, por medio del profeta Samuel, levantarse en contra de la tribu Amalec y que destruyese tanto a la gente como a todo lo que les pertenecía. Fue instruido claramente para que no salvara ni que deseara nada, pero más bien que matara tanto “hombre como mujer, niño e infante, buey y oveja, camello y asno.” Saúl obedeció al Señor atacando y sobreponiéndose a Amalec, pero no destruyó todo como le fue ordenado. Más bien mantuvo con vida al rey y reunió lo mejor de las manadas, los vestidos y “todo lo que fuera hermoso”. Todo lo que fuera “vil y que no sirviera para nada” lo destruyó.

Para agregarle algo a esta rebelión, Saúl entonces insultó a Dios aún más al sacrificarle algunos de estos tesoros al Señor. Al ser confrontado por Samuel, Saúl le echó la culpa a la gente, diciéndole que ellos “querían salvar lo mejor de las ovejas y de las manadas” para poderlos sacrificar al Señor.

Observen primeramente, que las Escrituras especifican que “algo” del botín fuera sacrificado, el resto obviamente fue guardado para el disfrute y mayor enriquecimiento de Saúl. Segundo, el pasaje no especifica si es que la gente tenía conocimiento con respecto a las instrucciones de Dios a Saúl, y aún así Saúl, probando ser un seguidor en vez de un pastor, trató de culparlos por el incidente. Por último y lo más importante, uno debe notar que Saúl ofreció un acto religioso inferior, claramente inaceptable para Dios en un intento de excusar su desobediencia al mandato de Dios. Así, la gente participó de un acto que le era abominable al Señor, muy probablemente en ignorancia, por medio de una fiel obediencia a un líder que escogió ignorar el pecado para el propósito de su propia ganancia terrenal. Al igual que los falsos pastores que se alimentan a ellos mismos en vez de a su rebaño (Ez 33 4 2), como los falsos profetas quienes dicen “Bendito sea el Señor, nos hemos vuelto ricos,” y no salves al rebaño (Zac 11 5).

Como un adulto convertido al catolicismo, yo no estaba familiarizado con la ‘misa latina tradicional’ (MLT), y no sabía nada del cambio impuesto a los fieles con el advenimiento de la misa novus ordo (MNO). La primera vez que mi familia y yo asistimos al MLT mensual en nuestra (bastante conservadora) parroquia novus ordo, yo no entendía ni una palabra del latín, (aunque disfruté mucho del canto gregoriano, como lo hizo mi familia).

Aún así, estaba sorprendido al leer la traducción al inglés de la liturgia. ¡Qué diferencia! ¡Qué bello! Claramente esta misa era más sobre una gente humilde, contrita, todos pecadores, dándole gracias al Dios que los había creado y Quien los quiere tanto.

Habiendo leído la liturgia, ahora parece plausible que la MNO, tan diferente en tono, ha sido instrumental en el debilitamiento del vínculo entre Dios y los fieles. Esto parece lógico, como el énfasis puesto en el significado de la misa ha virado del gran sacrificio del Cordero de Dios a un recuerdo de (la última cena) comida. Creo que este cambio en énfasis y todo en realidad ha alentado a los fieles a estar más dependientes del mundo, en contraste directo con el propio deseo de Cristo que Él expresó tan elocuentemente en los Evangelios, especialmente en el evangelio de san Juan, capítulo 17.

¿Cómo podría uno empezar a alabar glorias a la “misa de todos los tiempos”? Empieza con el salmo 42, que nos hace recordar nuestra necesidad de Dios, y habla de su devoción y cuidado íntimo para con su gente: aunque los enemigos nos rodeen, aunque estemos en grave peligro y persecución en este mundo, no debemos perturbarnos; la “luz de la verdad” nos ha traído aquí, al altar de Dios. Y luego del salmo 120: “Nuestra ayuda viene del Señor Quien hizo el cielo y la tierra.”

Durante la misa se hace abundantemente claro que el sacrificio es el mismo Jesucristo, la “hostia sin mancha”, el “santo sacrificio”, la “Víctima sin mancha” ¿Cómo podemos ser sino humildes ante este recordatorio? Debemos recordar que somos pecadores inmerecedores. Cuando el sacerdote le pide a Dios que le limpie el corazón y los labios, que lo purifique para que él pueda ser hecho digno de anunciar el santo evangelio, estamos asombrados tremendamente de nuevo, siendo recordados de nuestro privilegio marcado e inmerecedor. Porque muchos oídos no han sido abiertos para recibir el mensaje de paz de Cristo en sus vidas.

Más aún, dentro de la liturgia de la misa, se nos recuerda de la comunión con los santos, cuyas oraciones e intercesión nos ayudan a mantenernos fuertes en la fe durante esta vida difícil, como una vez ellos mismos hicieron, resistiéndose al pecado y al deseo de placeres mundanos que los fortaleció para perseverar en tiempos de prueba. Cada prueba que llevó al martirio. Y después del sacrificio de la misa, se nos obsequia una última lectura del Evangelio—la misma cada domingo—el tratado glorioso de san Juan con respecto a la grandeza de Dios y las maravillas de su regalo a la humanidad (Jn 1:1-14): “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios…por Él fueron hechas todas las cosas…En Él estaba la Vida y la Vida era la Luz de los hombres…a aquellos quienes Lo reciban les fueron dadas gran poder para convertirse en hijos de Dios, aquellos quienes crean en su nombre, Y la Palabra fue hecha carne y habitó entre nosotros (mientras todos hacemos genuflexión) y vimos su gloria, la gloria como el único engendrado del Padre, lleno de gracia y de verdad.”

A la luz de esta bella, reverente liturgia, la pregunta es simple: ¿Cómo pueden los fieles, quienes, por las palabras de Jesús, todos duermen mientras esperan por el regreso del novio, llegar a entender la gran gloria de Dios y de su promesa de vida eterna la cual (a lo sumo) podemos vislumbrar tenuamente, dado que nuestra vida día a día ocurre en este mundo pecaminoso? No podemos comprender la promesa y pararnos, firmes en la fe, a menos que cuando lleguemos ante el altar de Dios para el santo sacrificio de la misa, se nos recuerde  la gloria de Dios, el sacrificio de Dios, nuestra falta de merecimiento, y del amor de Dios. Esta es nuestra gran fuerza, nuestra oración más grande, nuestra gracia más grande.

El cambio de tono en la MNO es en verdad substancial. Consideren el gran milagro de transubstanciación mientras ocurren en el canon de la MLT: el sacerdote “humildemente le reza al Padre por medio de Jesús”, pidiendo que Él reciba y bendiga estos “santos sacrificios sin mancha” que él le ofrece a Dios primero por la Iglesia católica, pidiendo que Él le dé paz (la paz de Cristo, no como el mundo lo da) para guardar, unir y guiarla a través del mundo, y luego también por el Papa, el obispo, y “por todos aquellos que son ortodoxos en la creencia y quienes profesan la fe católica y apostólica”. En las oraciones con respecto al sacrificio entretejido a través de la MLT se hace claro que el sacrificio es ofrecido para expiar por los pecados sin cuenta de todo el cuerpo, tanto vivos como muertos, y se pide que el sacrificio (descrito como ofrecido a Dios de los regalos que Él nos ha otorgado) traiga honor a los santos y la salvación de la Iglesia en la tierra.

En la MNO, no se hace mención con respecto a la razón de la ofrenda, como si fuera innecesario rogarle a Dios por su ayuda y que guíe a su gente. Los pecados de los fieles son mencionados sólo una vez, cerca del principio con el “yo confieso”, si es que es usado. Los regalos son nuestro ofrecimiento a Dios; ningún reconocimiento humilde de todo lo que tenemos que viene de Él. La necesidad de tener a Jesús, la víctima y sacerdote que expíe por nuestros pecados tampoco se menciona. Se le llama, en una versión común, simplemente, el “sacrificio de nuestra reconciliación”. En la otra versión común, ni si quiera se menciona.

Otro problema muy serio con la MNO es que contiene declaraciones erróneas; conceptos que contradicen directamente los conceptos bíblicos. Aquí hay un ejemplo de cuatro de tales declaraciones, seguidas por las definiciones bíblicas de los conceptos:

  1. Es nuestra salvación darle gracias al Padre”. San Pablo nos enseña que “Nuestra salvación está en Cristo Jesús” (“Ti 2:10). Debe ser ganada con miedo y temblando porque Dios trabaja en nosotros para lograrlo de acuerdo con su buena voluntad (Fil. 2 12-13)
  2. Dios hace todas las cosas santas. La escritura está clara que sólo algunas personas son (o serán) santas. De los cuatro ejemplos de la siembra de la semilla que Jesús enseña en la parábola del sembrador, sólo una parte trae buen fruto (Mt 13:3-23). El profeta Isaías habla de los “hijos de la hechicera, la semilla del adúltero” llamándolos aún más “hijos malvados” y “falsa semilla” (Is 57 3-5), y Jesús le dice a los judíos que no le oyen o no creen en sus palabras que ellos no son de la semilla de Abraham, más bien, son de su padre el diablo, quien es un mentiroso y el padre de ellos (Jn 8 43-44).
  3. A Dios se le pide avanzar la paz y la salvación de todo el mundo. Sin embargo aquellos quienes lo negarían, Cristo les advierte que Él no vino a traer la paz, sino una espada (Mt 10 32). Cuando las huestes celestiales se les aparecieron a los pastores para anunciar el nacimiento de Cristo, ellos proclamaron “paz a los hombres de buena voluntad” (Lucas 2 13-14). Finalmente, Jesús les dice a sus discípulos que la paz que Él deja con ellos no es la paz del mundo (Jn 14 27).
  4. Dios reúne a una gente para que se pueda ofrecer un sacrificio puro en su nombre. ¿Qué es lo que significa esta oración? De acuerdo con San Pablo, el sacrificio es Jesucristo. “Santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y hecho más alto que los cielos (Heb 7 26-27). Y de nuevo san Pablo proclama, Jesucristo apareció para la destrucción del pecado, por medio del sacrificio de Él mismo (Heb 9 26).

Este último ejemplo muestra mi primera reacción a esta declaración. Sin embargo, como el verdadero texto de la oración eucarística usa la frase “desde el amanecer del sol hasta su ocaso”, el párroco de mi parroquia señaló que el mencionado “sacrificio” es sacado en realidad de una profecía de Malaquías:

Desde el amanecer del sol inclusive hasta su ocaso, Mi nombre es grande entre los gentiles, y en cada lugar hay sacrificio, y si a mi nombre se ofrece una limpia oblación: porque mi nombre es grande entre los gentiles. (Mal 1:11).

Como este pasaje por lo tanto sí prefigura el sacrificio de la misa con Cristo como la víctima, no está claro cómo esta promesa a favor significa que somos automáticamente la gente escogida de Dios, simplemente por virtud de hacernos presentes para la misa, como al parecer sugiere la frase en la oración eucarística. Mientras esto es obviamente una importante omisión, lo es específicamente a la luz del contexto de la profecía de Malaquías. Dios está molesto con los israelitas porque ellos le han traído un sacrificio inferior; la “rapiña, los cojos y los enfermos”. Ellos no Le han traído su porción de lo mejor de sus rebaños, en gratitud y reconocimiento humilde de su amor y gran bendición. Por las palabras de esta frase, la congregación puede no entender que el mencionado “sacrificio” se refiere a Cristo Jesús. Pero aún si lo hacen, no se les dice que deben mostrar su amor por Dios dándole la espalda al pecado y siguiendo sus mandamientos para poder hacer un ofrecimiento aceptable.

Finalmente, está el cambio en el palabreo de la consagración misma, que originalmente era comer (y beber) todo esto. Esta declaración está cambiada en el MNO a coman (y beban) todos ustedes. Jesús nunca especificó las palabras “todos ustedes” aunque sólo Él y sus fieles apóstoles estaban celebrando el festín. El efecto  que esta nueva redacción podría tener en la congregación es seriamente problemática, como el espíritu de humildad traída al frente en la MLT es reemplazado por un espíritu de derecho, de privilegio: Todos deben (o pueden) comer y beber. Esto es un concepto peligroso, porque como advirtió san Pablo, “aquel quien comiere y bebiere indignamente come y bebe su propia condenación”. Este hecho de derecho, de privilegio reemplazando a la humildad también ocurre en la MNO cuando el sacerdote ora “Que todos merezcamos ser co-herederos de la vida eterna”. Consideren la diferencia en el tono, y en el resultado de la versión MLT. El sacerdote reza que Dios pueda otorgarle a los fieles “alguna parte” en la comunión de los santos—no pesando nuestros méritos sino otorgándonos el perdón. Esto es bíblico. Estamos salvados por la gracia de Dios cuando sinceramente intentamos vivir por sus mandamientos. No merecemos nuestra salvación. En general, la MNO enfoca mucho más la atención en la comunión con la congregación que en la humilde y reverente adoración a Dios. En la MNO, somos el “cuerpo de Cristo”, dicho como hecho, como los protestantes quienes creen en la salvación por una simple declaración de creencia sin distinción alguna con respecto al estado actual de gracia de la persona (y muy raramente se recuerda a los fieles desde el púlpito que deben darle la espalda al pecado).

Ahora ya, la MNO ha sido celebrada en la mayoría de las iglesias católicas durante más de 40 años. Los fieles aún vienen a adorar a Dios. Los más fieles aún creen en la real presencia. Pero el significado de nuestra relación con Dios ha sido escondido por esta liturgia. ¿Cómo podría esta misa serle tan agradable a Dios como la MLT, y no es complacer a Dios el sentido de nuestra adoración? En algunas de las parroquias más “modernas” o “liberales”, se les enseña en realidad a enfocarse en la comunión entre ellos en vez de la adoración a Dios. Cuando los sacerdotes (y al parecer, mucha de la jerarquía actual de la Iglesia) enseñan la teología de la liberación que “nosotros somos la Iglesia”, o cualquier otra forma de relativismo que atañe a las santas escrituras, ellos se comportan de una manera que recuerda a la descripción de los falsos profetas hecha por san Pedro quienes se levantarían dentro de la Iglesia, (2 Pedro 2 14) “Teniendo ojos llenos de adulterio y de pecado que no para”, “almas atrayentes imparables”. Todo esto para promover su propio interés en la ganancia terrenal. Y cuando esta, la solemne, santa misa es convertida en una simple reunión de amigos, la gente es apartada de la verdad, y el Señor se convierte en un obstáculo y en una roca de ofensa. Se les enseña a participar en un sacrificio inferior, quizás sin su conocimiento, justo como participaron los israelitas en el sacrificio iniciado por el rey Saúl.

Actualmente, en Salem, Oregón, la capital de uno de los estados más liberales y por lo tanto moralmente destructivos de la unión, la MLT sólo está disponible una vez al mes a las 6:45 a.m en la Iglesia católica de san José. Mucha gente atiende, a pesar de esta hora temprana, incluso viniendo desde afuera de la ciudad para celebrar esta liturgia más maravillosa y reverente.

Como la Iglesia, bajo la dirección del papa Pablo VI, tomó la decisión de cambiar con los tiempos, imponiendo así la MNO, el resultado de un punto de vista centrado en el hombre adoptado por muchos católicos, ha dañado su comprensión de cómo efectuar un cambio positivo en el ambiente secular. Porque muchos buenos y sinceros católicos trabajan diligentemente y sin cansancio para luchar en contra de la cultura de la muerte, la re-definición del matrimonio y otros asuntos pertinentes. Sin embargo, sin la comprensión de la relación con Dios que viene a través de la MLT, ellos se quedan sin la armadura y las armas apropiadas para pelear la batalla.

Muchos se han olvidado que el cambio para bien en la sociedad sólo puede suceder por el poder de Dios cuando una gente humilde y contrita—una gente dispuesta a rechazar el pecado por el amor a los mandamientos de Dios—ofrecen oraciones y hacen penitencia. Debemos acordarnos y creer como una verdad absoluta que fue Dios Todopoderoso Quien partió al Mar Rojo, Quien hizo que cayeran las murallas de Jericó, Quién le dio la victoria en la batalla a los humildes muchas veces en contra de toda lógica, Quién tumbó al gigante Goliat, y Quien ofrece la salvación por medio del Precioso Cuerpo y Sangre de Su Hijo Nuestro Señor Jesucristo. “Nuestra ayuda viene del Señor, Quien hizo al cielo y a la tierra”.

“Conviértenos Señor, permítenos ver tu cara y seremos salvados”. Este es un hecho olvidado por el mundo en un día cuando Dios parece tan lejos. Pero los católicos, por encima de todos los demás necesitan saber y creer y entender. No podemos ser como el mundo porque debemos ser la luz del mundo que la oscuridad no puede comprender. Para poder ser lo que Dios quiere que seamos, necesitamos por lo menos tener la opción de asistir a la ‘misa latina tradicional’ regularmente. Necesitamos ser recordados de lo que realmente quiere decir ser buenos cristianos.

[Traducción de Tina Scislow. Artículo original]




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Edición en español de The Remnant, decano de la prensa católica en USA

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