Edulcorar la verdad para evitar provocar pena a tal o cual no es practicar la caridad: es traicionarla” (Mons. Rupp)

¿Por qué tanta preocupación con Kasper? A mi no me preocupa lo que diga, me preocupa que exista Kasper. Y cuando digo Kasper digo todos los herejes que en los últimos 50 años han pasado por la Iglesia con notoriedad, relevancia y alevosía.

La existencia de herejes no es nueva, siempre han existido, lo que es nuevo es que sean nombrados cardenales, obispos, párrocos y, sobre todo, que sabiéndose nadie los destituya y sigan en su lugar como si tal cosa, y eso, señores y señoras, en una sociedad jerárquica como se supone es la Iglesia, no ocurre sino es por una absoluta dejación de funciones de la cabeza legal, es decir de los Sumos Pontífices y jerarcas de los últimos cincuenta años. ¿Cómo se puede entender sino que un personaje como Kasper fuera elevado al cardenalato y siga en su puesto -y podríamos nombrar cientos, miles de nombre más-?

Por solo poner unos ejemplos:

Se produce dejación de funciones cuando se dice que no se está a favor de la comunión en la mano -Juan Pablo II dixit-, pero se permite y no se quita, como si el que dice dichas palabras fuera uno más que pasaba por allí sin poder alguno.

Se produce dejación de funciones cuando se dice que los abusos litúrgicos son insufribles, pero en la práctica no se ejercita ninguna coerción para detenerlos, muy al contrario se preconizan en muchas macrocelebraciones pontificias.

Se produce dejación de funciones, cuando se dejan como párrocos, obispos y cardenales a auténticos lobos que no paran de aullar en público, y de los cuales es imposible pensar que no se sabe nada en la sociedad de la comunicación. Fieras que tienen a su cargo ovejas y de cuyo daño responderá ante Dios quien lo deja en el puesto.

Se produce dejación de funciones cuando se ha tolerado que se quiten de la inmensa mayoría de nuestras iglesias reclinatorios, sagrarios, y han relegado al Santísimo a un lateral para que el hombre sea el centro del templo, y no Dios.

Se produce dejación de funciones cuando se aprueban y alientan todo tipo de movimientos disparatados, promovidos por auténticos herejes y cuyas liturgias son un acto de aberración difícil de concebir.

Se produce una auténtica dejación de funciones cuando se ha permitido que todos los estamentos de la Iglesia se hayan degradado, ante la mirada impasible de quienes nada hacían sino empeorarlo por acción u omisión, con unos números que si fueran directores generales de una empresa, tendrían sin duda el título de peores directores de su historia y responsables de su hundimiento… pero aquí los premiamos, a pesar de contar con una estadística de caída de resultados del -600%.

Y esto es sólo la punta del iceberg. Punta que no habría sido posible sin la mirada complaciente de quienes han querido negar la realidad para ocultar su cobardía, creando una ficción muy bonita, pero falsa, en la que los causantes de todo este desastre no son los actores principales, sino las supuestas malas interpretaciones de una bonita historia primaveral.

Cobardía, cobardía y cobardía.

Cobardía ante la dureza de la situación actual, que nos lleva a cerrar los ojos y mirar para otro lado, como hicieron tantos cuando Jesús estaba en el Calvario dejando solos a María y a Juan.

Cobardía de clérigos que atenazados por el miedo a su futuro personal, y a el qué dirán, han callado hasta ceder por acción u omisión. Cobardía de los laicos, unos camuflando la realidad y otros aceptando la apostasía con una sonrisa.

Cobardía de quienes no entienden que la Comunión con la Iglesia es primero una comunión en la Fe y, como consecuencia de esta y en dependencia  jerárquica, una comunión en la legalidad canónica, y no al revés. De esta cadena se deriva la verdadera obediencia.

Por todo ello, y más, a mi me importa poquísimo Kasper, su primo, su hermano y toda su troupe, me importa poco la Caram y la Forcades, me importa menos el padre Ángel y todos los disparates que hay circulando, lo que me importa de verdad es que el portero y sus adláteres los dejan pasar con pleno conocimiento de causa. Eso es lo que me importa, y ese es el problema, que todos ellos existan en la Iglesia porque alguien los deja existir. Mientras no nos decidamos a denunciarlo con valentía los lobos seguirán actuando impunes asesinando ovejas.

¡Basta ya de cobardía! ¡Basta ya de matar al mensajero y sonreír al que lo contrató! ¡Basta ya, en honor la verdad!

Miguel Ángel Yáñez