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Padre, he pecado, me he excedido comiendo y bebiendo

“Son muchos los muertos por la gula; en cambio, el que es sobrio prolongará su vida” (SIR 37:34)

Hace poco escuchaba una historia de una fiesta parroquial que terminó en tragedia, porque en las celebraciones puede faltar todo, hasta el Cura, pero que no falte la comida y la bebida, porque esto puede ser motivo no sólo de que uno abandone su parroquia, sino su propia Fe.

“Sobrii estote, vigilate”, “Sed sobrios y estad en vela” (I Pedro)

Esto que les relato, resulta simplemente anecdótico, pero no deja de sorprenderme la falta de espiritualidad que se vive en las Parroquias, puede parecer una tontería, pero si el alma estuviera cultivada, difícilmente un ágape terminaría en catástrofe, simplemente porque los alimentos han sido escasos. Me llama la atención que en esa misma Parroquia, en una ocasión, las Hostias Consagradas, fueron insuficientes para dar la Comunión a los feligreses y lejos de sentirse molestos por no recibir a Dios, lo aceptaron casi como Voluntad Divina. Ya ven, nos puede faltar el alimento espiritual, pero jamás el corporal. Las estadísticas de sobrepeso dan testimonio de esto, la gente está pasada de kilos, resumen: flácidos por dentro y por fuera.

Uno de los dioses actuales de nuestra sociedad, es la comida y la bebida. Resulta triste escribir esto, cuando hay en países en los que no tienen ni un trozo de pan para llevarse a la boca y cuando abren el grifo y sale tierra en vez de agua. Mientras esto pasa y es real que hay gente que se muere de hambre, en Europa o por lo menos en España, se vive “a cuerpo de rey”. No hay fiesta ni celebración en la que los alimentos no sean los protagonistas. Bodas, bautizos, salidas con los amigos, cenas en casa, lo que quieran, todo está gobernado por la alimentación, el resultado de si se pasó bien o mal en un evento, es simplemente si uno lleva la barriga nutrida y el cerebro cargado de alcohol: “Comidas de empresa”, “comidas de cumpleaños”, todo lleva la palabra principal, “comida”. Como siempre, no todo es tan sangrante y siempre hay excepciones, pero sin miedo a ser “fatalistas”, podemos decir que esto, es la tónica habitual.

“La boda estuvo estupenda, comimos marisco, después pescado, carne a las tres salsas, postre y el vino, insuperable. Para finalizar barra de libre de licores”. Esto puede ser un mini esquema de la boda del año. La ceremonia aburridísima, el cura fue un tostón que no terminaba nunca, el vestido de la madrina, da igual, porque va a terminar desmelenada bailando, lo importante: la barriga de los invitados.

Y sin llegar a los extremos de las grandes celebraciones, podemos pensar en cualquier día en nuestras casas, en los que nos levantamos de la mesa con el estómago cargadito y deseando echar una siesta para digerir los excesos que le hemos atizado. Y alguno preguntará, ¿Acaso esto es pecado? Pues sí, señores míos, es pecado y un pecado muy extendido en nuestra sociedad. Así que hablemos de ello y pongámosle remedio para no incurrir más en él. Cuando decimos NO al pecado, no debemos hacer excepciones según nuestras propias conveniencias, lo que desagrada a Dios, eso es pecado.

Si Vds. se saltaban esta parte cuando van al confesonario, aún están a tiempo de remontar, “Padre, he pecado, me he excedido comiendo y bebiendo”, esto es lo que debe hacer un buen Católico, confesar los excesos alimentarios.

Lo he dicho muchas veces y es cierto, nos falta formación, un gran número de Católicos desconocen que por el estómago entra en demonio.

“Basta de excesos en la comida y en la bebida, basta de lujuria y libertinaje” (Rom, 12, 13)

Como pueden observar, acercándonos a las predicaciones de San Pablo, él mismo se lo decía a los Romanos, que eran comunidades así como nosotros, en estado salvaje y puro, que se dejaban llevar por sus instintos, como nos pasa hoy en día, que de mortificación y privación, cero.

¿Por qué es pecado sobrealimentarnos? Primeramente porque la gula, está entre los pecados capitales

“Es imposible librar la batalla espiritual si no se vence antes a este enemigo interior, que es la gula” (San Gregorio)

En la Teología de la perfección Cristiana, Royo Marín, nos da una definición certera de lo que es la gula:

“El sentido del gusto puede constituir un obstáculo para la perfección por su ansia inmoderada de comer y de beber, que es preciso refrenar. La inmortificación de este sentido se llama gula”

No se trata de llevar esto a los extremos y de que pensemos si cada vez que abrimos la boca para comer estemos pecando, seamos serios y maduros con las cosas de Dios, pero sepamos diferenciar lo que es alimentarnos, de lo que es sobrealimentarnos.

“No es gula toda apetencia de comer o beber, sino sólo la desordenada” (Santo Tomas de Aquino, Suma Teológica)

Le escuchaba un día a un Sacerdote en una predicación, que el Señor y sus amigos en las bodas de Caná, estaban “cargaditos”, cuando oí esta irreverencia, simplemente pensé que eso, es lo que tenía este Sacerdote en su mente, un hombre mundanizado, que en su predicación, sólo es capaz de transmitir la bajeza del mundo, ¿Se imaginan Vds. a Nuestro Señor así? Simplemente aberrante esa imagen, no podemos ni pensar en eso porque es imposible. El Señor alimentaba su Santísimo Cuerpo, pero lo hacía con sobriedad, queda reflejado en que fue capaz de estar cuarenta días sin alimento, ¿seríamos nosotros, capaces de estar sólo tres días en ayuno, cuando todos los viernes del año, buscamos cualquier disculpa para no privarnos, simplemente, de comer carne?

Bien, continuemos, el exceso en el comer, no sólo está dentro de los pecados capitales, sino también dentro de los Mandamientos de la Ley de Dios, en el quinto mandamiento, “no matarás”, ya que hace referencia también al cuidado que le debemos a nuestro cuerpo, que es templo del Espíritu Santo. No soy médico ni profesional de la medicina, pero pueden consultárselo a cualquiera y les verificará que los excesos matan al cuerpo.

“El que comete pecado de gula no pretende hacer daño a su cuerpo, sino deleitarse en la comida, y es accidental, y no afecta directamente a la gravedad de la gula el que se siga algún daño para el cuerpo. Ahora bien: la culpa se agrava en caso de que, por tomar alimentos sin moderación, se siga algún daño para el cuerpo” (Santo Tomas de Aquino, Suma Teológica)

Además de lo mencionado, una vez que la gula se deja suelta, ya es puerta abierta también para otros pecados, derivados de esto, tales como el sexto mandamiento y el noveno. Cuando se deja suelto el estómago y satisfacemos todos sus gustos, ya no somos dueños de nuestro cuerpo. Es muy sencillo, el demonio ya está dentro y es el amo de nuestros actos, por lo tanto, la consecuencia de una ingesta elevada de alcohol es que ya no somos los responsables de nuestro cuerpo y, como les adelantaba, puede ser causa de otros pecados, aunque sólo sea de pensamiento, creo que no es necesario ahondar más, estoy segura que todos ya lo tienen claro, aquí hablamos para adultos.

Cuando el estómago es víctima de la glotonería, la lujuria mata las virtudes del alma.(San Gregorio)

Por favor, mediten esto con calma, no es una broma ni escribo para pasar el tiempo. Es preocupante que los Católicos desconozcamos esto. Hay que ser sobrios en el comer y en el beber.

 “En cuanto que aparta del fin último, la gula se opone al amor de Dios, el cual debemos escoger como fin último por encima de todo. Así considerada, la gula es pecado mortal” (Santo Tomas de Aquino, Suma Teológica)

¿Quiero esto decir que no podemos o debemos tomar un dulce, una copa de vino o un manjar exquisito? Lo que se trata de explicar, queridos míos, es que de la mesa, hay que levantarse siempre con algún hueco en nuestro interior, es decir, que nos movamos con ligereza y podamos seguir nuestra jornada normal.

Recuerdo que de niña, mi madre, con la comida nos marcaba mucho las pautas para que aprendiéramos precisamente a controlarnos. Sin darnos cuenta, en la infancia, nos enseñaba lo que es la vida ascética. No nos permitía comer fuera del horario establecido, decía que para eso, ya estaban las horas dispuestas de la comida y cuando nos sentábamos a la mesa, aunque éramos niños, intentaba inculcarnos que la glotonería, no era una meta a seguir.

Me llama la atención en muchos burger y sitios similares, cuando voy por la calle y observo, veo niños comiendo compulsivamente. Dejan sus smartphone unos minutos y devoran como auténticos trogloditas y sus padres no les corrigen. ¡Fíjense!, los padres no muestran a sus hijos lo que es pecado ni les enseñan educación, así estamos, esta es nuestra sociedad y esta es nuestra Iglesia. Después nos dirán que los niños no tienen pecados, no, lo que sucede es que ni sus catequistas saben lo que es pecado. Yo les pregunto, ¿Han escuchado hablar de esto en las predicaciones? No estaría mal que muchos párrocos antes de lanzarse a la fiesta parroquial, recordaran en una Misa previa, todas estas consideraciones a sus feligreses, para que las celebraciones sean ordenadas y orientadas a Dios. ¡Oigan, Sacerdotes, tienen confiadas estas almas, por lo tanto, tienen obligación grave de formar y de enseñar!

¿Se han fijado en los animales que viven en libertad? Háganlo y verán como ellos, comen ordenadamente para sobrevivir, no para gozar del alimento. Una parte de nuestro mundo, hombres y mujeres están gordos, excedidos de peso y en su gran mayoría, salvo excepciones, es porque no se mortifican en la alimentación y buscan satisfacer sus estómagos, lo repito para que lo tengamos claro, esto es pecado y estamos a tiempo de solucionarlo. Levantémonos de la mesa sin tambalearnos, practiquemos alguna vez el ayuno, no el régimen de verano, sino la privación de los alimentos por Amor a Dios, para crecer interiormente y de paso, ¡Oh!, para quitar la grasa que nos sobra…todo ventajas. Seamos espejos de Nuestro Señor Jesucristo, no de los “borrachos” de Velázquez.

“Porque muchos de los que andan son –como a menudo os lo he dicho y ahora lo repito con lágrimas– enemigos de la cruz de Cristo, cuyo fin es la perdición, cuyo dios es el vientre y cuya gloria es su vergüenza, teniendo el pensamiento puesto en lo terreno. En cambio la ciudadanía nuestra es en los cielos” (Filipenses, 3).

Sonia Vázquez




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