Homilía de la Misa en Santa Marta
Al templo se va a adorar a Dios”
El Antiguo Testamento, cuando Judas Macabeo vuelve a consagra el Templo destruido por las guerras, nos muestra el Templo como lugar de referencia de la comunidad, lugar de referencia del pueblo de Dios, donde se va por muchos motivos, uno de los cuales supera a todos los demás. El Templo es el lugar donde la comunidad va a rezar, a alabar al Señor, a darle gracias, pero sobre todo a adorar: en el Templo se adora al Señor. Y este es el punto más importante. Y es válido también para las ceremonias litúrgicas.
En esta misa, ¿qué es lo más importante? ¿Los cantos, los ritos, todo eso tan bonito? Lo más importante es la adoración: toda la comunidad reunida mira al altar donde se celebra el sacrificio y adora. Y yo creo –humildemente lo digo– que los cristianos tal vez hemos perdido un poco el sentido de la adoración, y pensamos: vamos al Templo, nos reunimos como hermanos –todo eso es bueno, está bien–, pero el centro está donde está Dios. Y nosotros adoramos a Dios. ¿Nuestros templos son lugares de adoración, favorecen la adoración? ¿Nuestras celebraciones favorecen la adoración? Jesús, en el Evangelio de hoy, expulsa a los “negociantes” que habían tomado el Templo por un lugar de comercio más que de adoración.
Pero hay otro “Templo” que considerar en la vida de fe. San Pablo nos dice que somos templos del Espíritu Santo. Yo soy un templo, y el Espíritu de Dios está en mí. También San Pablo nos dice: ‘¡No entristezcáis al Espíritu del Señor que está dentro de vosotros!’. Aquí quizá no podamos hablar como antes de adoración, pero sí de una especie de adoración que está en el corazón que busca al Espíritu del Señor dentro de sí, sabe que Dios está dentro, que el Espíritu Santo está dentro: lo escucha y lo sigue.
Es cierto que seguir a Dios supone una continua purificación, porque somos pecadores. Purificarnos con la oración, con la penitencia, con el Sacramento de la reconciliación, con la Eucaristía. Y así, en esos dos templos –el templo material, lugar de adoración, y el templo espiritual dentro de mí, donde habita el Espíritu Santo– nuestra actitud debe ser la piedad que adora y escucha, que reza y pide perdón, que alaba al Señor. Y cuando se habla de la gloria del Templo, se está hablando de eso: toda la comunidad en adoración, en oración, en acción de gracias, en alabanza. Yo en oración con el Señor, que está dentro de mí porque soy ‘templo’. Yo en escucha, yo en disponibilidad. Que el Señor nos conceda este auténtico sentido del Templo, para poder avanzar en nuestra vida de adoración y de escucha de la Palabra de Dios.

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".