La Virgen del Pilar, Reina de la Hispanidad

España siempre ha sido popularmente conocida como Tierra de María Santísima. Algo menos extendido, también se usa el más reciente de Tierra de María, a secas, que le dio Juan Pablo II. Decir España (o decir Hispanoamérica, que para el caso es igual) es decir María. Los mencionados títulos deberían ampliarse a todo el ámbito hispánico, Filipinas incluida.

Ninguna reina en la historia ha tenido el privilegio de ser llamada por tantos nombres. Es imposible saber cuántas advocaciones existen, pero indudablemente son miles, sin exagerar. No hay ciudad ni pueblo en el mundo hispano que no tenga alguna advocación mariana por patrona, sin contar otras muchas que no ejercen el patronazgo. Y cada país tiene también la suya, o incluso más de una, como también es frecuente que una ciudad o pueblo comparta varios patronazgos, marianos o no. La Hispanidad comparte como patrona a la Virgen del Pilar y a la de Guadalupe de México, y no hay ninguna contradicción. Ninguna quita nada a la otra porque son la misma bajo distintas advocaciones, ya que es nuestra misma Madre, aunque la llamemos con distintos apelativos de cariño o la veamos bajo distintos aspectos, porque es tan grande que nunca se le podrán aplicar suficientes requiebros o piropos. De Maria nunquam satis. Y lo mismo que en España tenemos a la Inmaculada Concepción por patrona desde 1760 (bula Quantum ornamenti de Clemente XIII, 1760), en Argentina tienen a la Virgen de Luján, en Chile la del Carmen, en Paraguay Caacupé, en Colombia Chiquinquirá, en Venezuela Coromoto, en Cuba Caridad del Cobre, Altagracia en República Dominicana, Guadalupe en México (Madre de la Hispanidad y copatrona con la del Pilar), Aparecida en Brasil, Santa M.ª la Antigua en Panamá, Copacabana (Bolivia), la Virgen del Quinche en Ecuador, etc., etc., etc., así como otras innumerables advocaciones por toda la América Hispana: Itatí (Argentina), el Buen Suceso (Quito), Las Lajas (Colombia), Cuapa (Nicaragua), Izamal (México), Las Letanías (Bolivia, la imagen más pequeña del mundo), el Socavón (también Bolivia; patrona de los mineros, de ahí el nombre), Asunción (fundadora de Paraguay), y así podríamos seguir acumulando nombres durante semanas de advocaciones marianas tanto a uno como a otro lado del charco. Tantos nombres, que como dice el estribillo del himno del Congreso Mariano Nacional celebrado en Zaragoza en 1954 (escrito nada menos que por Pemán),

Madre de todos los hombres

Covadonga, Guadalupe, Macarena, Monserrat, …

para poderte cantar,

haré un pilar con tus nombres

y te llamaré Pilar.

Fiesta que precisamente conmemoramos hoy. Pío XII dirigió uno de sus radiomensajes al mencionado congreso que se estaba celebrando a los pies de la Pilarica, del que reproducimos el siguiente párrafo:

«Y tú —oh Zaragoza— no serás ya insigne por tu privilegiada posición, por tu cielo purísimo o por tu rica vega, loci amoenitate, deliciis praestantior civitatibus Hispaniae cunctis, como la llama el gran Isidoro de Sevilla; no lo serás por tus magníficos edificios, donde galanamente se salta sin desentonar de los primores mozárabes a las elegancias platerescas; no lo serás por haber oído el paso cadencioso de las legiones romanas o por el aliento indomable que te sostuvo «siempre heroica» en los heroicos sitios; lo serás por tu tradición cristiana, por tus Obispos, Félix, en pluma de S. Cipriano, fidei cultor ac defensor veritatis, S. Valero y S. Braulio; por Sta.. Engracia y los Mártires innumerables, a los cuales podemos añadir el santo niño, embellecido también con la púrpura de su sangre, Dominguito del Val; lo serás, sobre todo, por esa columna contra la cual, rodando los siglos, como contra la roca inconmovible que, en el acantilado, desafía y doma las iras del mar, se romperán las oleadas de las herejías en el período gótico, las nuevas persecuciones de la dominación arábiga y la impiedad de los tiempos nuevos, resultando así cimiento inquebrantable, inexpugnable valladar e insuperable ornamento, no sólo de una nación grande, sino también de toda una dilatada y gloriosa estirpe! “Yo he elegido y santificado esta casa —parece decir Ella desde su pilar— para que en ella sea invocando mi nombre y para morar en ella por siempre” (cf. 2 Paral. 7, 16); y toda la Hispanidad, representada ante la Capilla. angélica por sus airosas banderas, parece que le responde: “Y nosotros te prometemos quedar de guardia aquí, para velar por tu honra, para serte siempre fieles y para incondicionalmente servirte”».

La Virgen del Pilar es también patrona de la Guardial Civil y del cuerpo de Correos de España, como también de innumerables localidades por todo el orbe hispánico, entre ellas Zamboanga, en Filipinas, donde se apareció la Virgen a un soldado en las puertas de la ciudad en 1734. Se cuenta que, en 1897, se apareció en el aire sobre el estrecho de Basilán, y alzando la mano, salvó a la ciudad de un maremoto, según el testimonio de los que la vieron. En el exterior de la muralla del fuerte donde se apareció en 1734 tiene una especie de santuario al aire libre.

Desde muy antiguo se viene celebrando a la Virgen del Pilar. Las primeras peregrinaciones comenzaron en el siglo XIII, y ya en el XVIII concitaba gran devoción en Hispanoamérica. Clemente XII (1730-1740) decretó oficialmente el 12 de octubre como festividad del Pilar. Ya en 1648 se la declaró patrona del Reino de Aragón, región de la que también es capitana general. Es conocida aquella jota de cuando la invasión napoleónica, durante el famoso sitio de Zaragoza:

La Virgen del Pilar dice

que no quiere ser francesa;

que quiere ser Capitana

de la tropa aragonesa.

Es asimismo patrona de la Guardia Civil; oficialmente desde 1913, pero ya llevaba casi sesenta años venerándose en una capilla de la Escuela de Guardias Jóvenes, en Valdemoro (Madrid).

Tiene mucha fama el milagro de Calanda, al que Messori llamaba el milagro de los milagros. A las diez horas y once minutos de la noche del 29 de marzo de 1640, de modo repentino le fue restituida a Miguel Juan Pellicer la pierna derecha, que le había sido amputada tras ser atropellado por una carreta, hecho del que consta abundante y fidedigna documentación. Para saber más detalles se puede leer El gran milagro, Vittorio Messori, Planeta testimonio, 1999.


En la madrugada del 3 de agosto de 1936 un trimotor republicano lanzó tres bombas sobre la basílica del Pilar. Dos de ellas cayeron sobre la basílica, una de las cuales atravesó el techo, pero milagrosamente no llegaron a explotar, y los daños fueron mínimos. La tercera cayó en la calle y tampoco estalló, pero destrozó los adoquines dejando en el suelo la silueta de una cruz. Desactivadas más tarde por artilleros, se pueden contemplar hoy en día dentro de la basílica, junto a algunas de las banderas de los países hispanoaméricanos ofrecidas a su Reina que adornan la basílica.


Una curiosidad más para terminar. El manto que cubre la columna casi nunca es el mismo, porque a lo largo de los siglos se le han ido donando muchos. Actualmente cuenta con cosa de medio millar, y cada día le ponen uno diferente.

Bruno de la Inmaculada
Bruno de la Inmaculada
Meditaciones y estudios desde el silencio claustral y la oración.

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