Para gesto diarreico y genuflexo, el del Gobierno español concediendo el premio Cervantes a Goytisolo

ANDAN en la pérfida Albión mohínos porque hay más mahometanos británicos incorporados a las filas de ISIS que a su ejército. Y se preguntan consternados cómo ha podido ocurrir tal cosa, si la mayoría de los yihadistas británicos son residentes de tercera o cuarta generación, completamente «integrados» en los modos de vida occidentales. ¿Tan difícil resulta comprender que alguien que vive completamente «integrado» en el vomitorio de la inanidad occidental, ese páramo de nihilismo que luce como florecillas más perfumadas de su ramo el gore prenatal, el matrimonio por retambufa y los concursos televisivos en porreta no puede sentir sino ganas de vomitar a su vez sobre tal vomitorio y arrojarse a un páramo de nihilismo todavía mayor que le permita al menos morir a lo grande, en lugar de arriesgarse a que lo eutanasien cuando se haya hecho viejito y sarasa y se babe viendo concursos televisivos en porreta?

Me imagino a los tiparracos de ISIS descojonados de la risa, mientras contemplan los avisos de derrumbe del vomitorio occidental. ¿Sabrán de la mamarrachada sincrética que acaba de celebrarse en Malta, en deshonor de las víctimas del naufragio del canal de Sicilia? ¿Dónde se ha quedado aquel mandato evangélico: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros»? Ya que no obedece el mandato evangélico, el arzobispo maltés podría entender que los muertos en el naufragio estaban huyendo del terror mahometano que se ha desatado en Libia; y que oficiar con un imán mahometano en sufragio de esas almas es una ofensa hiriente. Ya sabíamos que el miedo a que los perros se revuelvan para destrozarnos también afecta a algunos ministros de la Iglesia que chapotean en el vomitorio occidental, pero preferiríamos que nos exonerasen de gestos tan diarreicos y genuflexos.

Claro que, para gesto diarreico y genuflexo, el del Gobierno español concediendo el premio Cervantes a Goytisolo. Por querer chinchar a los nacionalistas catalanes, han galardonado a un escritor catalán que odia a España no por nacionalista, sino por amigo de los moros. Imagino descojonados de la risa a los tiparracos de ISIS viendo por televisión la ceremonia de entrega del premio, tan trufadita de detalles plebeyos (la corbatita, el pellizquito de monja con Podemos, etcétera), mientras leen en voz alta pasajes de Reivindicación del conde don Julián, un documento clínico que celebra la derrota del español, «hijo de la mugre y el garbanzo», a manos del mahometano. Bodrio del que, en verdad, podría decirse aquello que Claudel dijo de otro escritor más célebre que Goytisolo: «Es una mentalidad poseída del odio horroroso del renegado unido a una escasez de talento verdaderamente diabólica». Pero, aun en su mezcla de recuelo joyceano y empanada gongorina, en este vómito de odio a España los tiparracos de ISIS podrán encontrar frases muy sonoras para que sus yihadistas se pongan cachondos mientras el día de mañana se dediquen a degollarnos, como ahora degüellan a los cristianos de los países que invaden, ante la pasividad de los diarreicos y genuflexos gobiernos occidentales: «A mí, guerreros del Islam, beduinos del desierto, árabes instintivos y bruscos: os ofrezco mi país, entrad en sus campos, sus ciudades, sus tesoros, sus vírgenes os pertenecen: la faunesca agresión colectiva se impone».

Pero los cobardes que celebran funerales sincréticos o premian a Goytisolo piensan que detendrán la faunesca agresión con sus melindres. Definitivamente, la vida en el vomitorio de la inanidad occidental, además de hacer eunucos, hace gilipollas.

Juan Manuel de Prada
[ABC]

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