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La concelebración en la Santa Misa está contemplada en la liturgia católica y en algunos casos no es sólo recomendable sino hasta preceptiva. Por ejemplo:
– El Jueves Santo, cuando los sacerdotes que sirven en una parroquia concelebran la Misa de la Cena del Señor (Divinos Oficios). Es día de Eucaristía, caridad fraterna y sacerdocio.
– En determinadas solemnidades presididas por un Obispo o por Su Santidad el Papa, como por ejemplo beatificaciones o jornadas de convocatoria internacional
– En una Primera Misa de un recién ordenado
– En las llamadas “Misas Conventuales” que se celebran en seminarios, noviciados o casas religiosas
– En la Santa Misa Crismal donde el clero renueva sus promesas de ordenación
Y en otras ocasiones siguiendo una línea de FRATERNIDAD y UNIDAD de la Iglesia como Cuerpo de Cristo.
También los típicos casos de sacerdotes de viaje que llegan a una Iglesia y se ofrecen a concelebrar para no dejar de celebrar Misa ese día.

En problema no viene del USO sino del ABUSO, y si puede afirmarse que después del Concilio Vaticano II, a causa de la corriente modernista que interpretó (e interpreta) el concilio a su manera (en esa tópica frase de “espíritu del concilio”), se ha abusado de la concelebración en perjuicio del Pueblo de Dios.

¿En qué casos se produce el abuso en la concelebración?:
– Cuando no existe una causa que lo exija, en línea con las nombradas arriba (a modo general)
– Cuando se hace por motivos del todo secundario como “mejorar la liturgia en una Misa con intención especial” y los concelebrantes ya han celebrado Misa ese día (a modo más concreto)
– Cuando al ser una Misa de MULTITUD de sacerdotes, apenas exista idea de “cercanía” entre el sacerdote y el ALTAR, y además se pierda por completo la UNIDAD EN LA ORACIÓN CONSECRATORIA por parte de todos los celebrantes.

Entonces se podría expresar que:
* Si hay dos sacerdotes en un Templo, mejor es dos Misas (una por cada cura) que una sola Misa concelebrada
* Para la misma vida espiritual del sacerdote, si la concelebración se vuelve algo habitual (y no excepcional), redundará negativamente en su intimidad con el Señor y en su mismo sacerdocio

Lo ideal será que la concelebración sea algo excepcional, por causa extraordinaria, y no regular. Siempre será saludable que el sacerdote celebre Misa TODOS LOS DÍAS (aunque no sea canónicamente preceptivo) como señaló en su día Benedicto XVI, y que, a no ser por necesidad pastoral, sólo celebre una Misa al día. Claro que hoy día, sobre todo en domingos y otros días de precepto, para atender a los fieles el sacerdote ha de celebrar normalmente más de una Misa, pero lo hace por necesidad de las almas y no por motivo personal. Por eso si en un día el sacerdote ya celebró su Misa, y no media ninguna causa extraordinaria como las citadas arriba, no tendría sentido que concelebre.

Con todo ello se trata de defender el valor infinito de la Santa Misa ante los abusos que la secularizan desde ópticas modernistas o filoprotestantes.

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".