El título nos conecta con el final del artículo anterior. Y es el título de uno de las obras más importantes de Leonardo Castellani, editada por primera vez en 1951, y reeditada en 1976 y 2004. En la contratapa de la edición de la editorial “Vortice”-de la que tomaré las citas- se nos advierte que nos reencontraremos con un escritor impactante y original, considerado un “género único”. Es uno de los tres libros esjatológicos (así, con “j”) del autor, junto a los “Papeles de Benjamín Benavides” y “El Apokalypsis de San Juan”, además de varias conferencias sobre la cuestión de los últimos tiempos.

Pero por sobre todas las cosas el título hace referencia al dogma católico de la Parusía o Segunda Venida de Cristo. Es inabarcable la cantidad de referencias de Castellani sobre la interpretación de los últimos tiempos, así como la remisión a otras obras como, por ejemplo, los sermones del cardenal Newman o los escritos del jesuita chileno Lacunza.

Los medios de comunicación propalan a diario las afirmaciones del Papa, cardenales, obispos y teólogos de todo el mundo sobre los más variados temas. No hubo referencias, que conozca, sobre este dogma. Salvo la enigmática afirmación de Francisco, al ser elegido sucesor de Pedro, como el “Papa del fin del mundo”, que se interpretó por su proveniencia geográfica.

Me parece interesante traer, en esta primera aproximación al tema, tres advertencias de Castellani sobre:

1) El olvido del dogma. “Jesucristo vuelve, y su vuelta es un dogma de fe…Es un dogma bastante olvidado. Es un espléndido dogma para ser meditado”

2) La traducción del dogma. El mundo no continuará desenvolviéndose indefinidamente, ni acabará por azar, dando un encontronazo con alguna estrella mostrenca, ni terminará por evolución natural de sus fuerzas elementales –o entropía cósmica, como dicen los físicos, sino por una intervención directa de su Creador. No morirá de muerte natural, sino de muerte violenta; o por mejor decir –ya que Tú eres Dios de vida y no de muerte-, de muerte milagrosa”

3) Las profecías. “El mundo actual está ansioso de profecía. Ante los desastres y las amenazas de esta época catastrófica, es natural que todos queramos saber lo porvenir. El que no sabe adónde se dirige, no puede dar un paso. ¿Adónde va el mundo?, claman todos. A esta hambre actual de profecías se le propinan profecías falsas. Es menester dar la buena profecía, que para eso la tenemos…Hay que dar, pues, la profecía primordial, la profecía esjatológica de Jesucristo, de San Pablo, del Apokalypsis de San Juan. Este mundo terminará. Su término será precedido de una gran apostasía y una gran tribulación. A ellas sucederá el advenimiento de Cristo, y de su Reino, el cual no ha tener fin…”.

Como es lógico, cuanto más avanzamos en la línea del tiempo más cerca estamos del final de la era adámica. Si bien en muchas épocas de la cristiandad se pensó en el fin del mundo, nuestro tiempo tiene algunas notas particulares. Conviene traer de Castellani dos anotaciones, adaptadas al mundo de hoy. Por un lado el impresionante avance de los medios técnicos, que hacen posible –literalmente- varios hechos profetizados, como ejércitos de cientos de millones de hombres o la posibilidad que un gran líder mundial (el Anticristo) pueda dirigirse en simultáneo a toda la humanidad. Y por otro, una Gran Apostasía a partir de la Gran Herejía de nuestro tiempo que consiste en no negar explícitamente ningún dogma cristiano, sino falsificarlos todos. Es ateísmo radical revestido de las formas de la religiosidad. Con retener todo el aparato externo de la fraseología cristiana, falsifica el cristianismo transformándolo en una adoración de hombre; o sea sentando al hombre en el templo de Dios, como si fuera Dios.”

Es un dogma que consuela y da esperanza en esta época de confusión. Y también me perturba, pues en gran parte del occidente cristiano vivimos agobiados por la mundanidad (trabajo, vacaciones, diversión, fútbol) como si Cristo no fuera a volver más. O al menos no pensamos que vuelve.

Hildebrando Tittarelli