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Los modernistas injustamente nos acusan de fomentar las divisiones en la Iglesia. De hecho, para alimentar las divisiones insisten con sus herejías y con la feroz persecución contra los católicos haciéndolos creer culpables por querer permanecer fieles a la Tradición.

Criticar los errores y la barbarie del movimiento modernista no es pecado, sino que es un acto de caridad. San Francisco de Sales en su obra maestra, la famosa “Filotea”, insta a su hija espiritual a hablar mal de los enemigos de la Iglesia, porque es un acto de caridad pegar un grito al “lobo” cuando trata de devorar a las ovejas. San Pío X en su Encíclica “Pascendi Dominici Gregis” dice que no están lejos de la verdad los que consideran a los modernistas como los más peligrosos enemigos de la Iglesia.

Por lo tanto, debemos continuar espantando al “lobo”, tenemos que abrir los ojos a muchas personas que ingenuamente se dejaron engañar por los monstruosos errores del modernismo, por ejemplo a las doctrinas heréticas de los teólogos que niegan la resurrección de Cristo, la presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento, la virginidad perpetua de María, la eternidad del infierno, la existencia del purgatorio, la esencia sacrificial de la Misa, y muchas otras verdades de fe.

Gracias a Internet estamos logrando difundir la buena doctrina que es fascinante a más y más personas. Ahora el movimiento tradicional es una inundación que está barriendo y limpiando las barricadas de los ancianos y desmoralizados soldados modernistas.

Cordialiter