[Infocatólica] El cardenal De Paolis se ha preguntado también «si es competencia de un Sínodo de Obispos tratar una cuestión como ésta», pues «el valor de la doctrina y de la disciplina vigente de la Iglesia se han formado a lo largo de los siglos y están sancionadas con intervenciones del magisterio supremo de la Iglesia». Por tanto, «no se trata sólo de cuestiones disciplinares para decidir de acuerdo con la mayoría, sino de una doctrina y de un magisterio que desborda las competencias de un Sínodo extraordinario de Obispos».

Gravedad inaudita

En el caso de que se accediera a esta propuesta, los efectos serían «de una gravedad inaudita: admitir a la comunión eucarística a una persona en estado de pecado mortal, con peligro de sacrilegio y de profanación de la Eucaristía, comprometiendo su salvación eterna; poner en discusión la moral sexual, fundada particularmente en el sexto mandamiento; y dar relevancia a la convivencia o a otros vínculos, debilitando el principio de la indisolubilidad del matrimonio», alertó De Paolis, entre otras consecuencias.

Sobre el camino penitencial propuesto por algunos padres sinodales para estos fieles, el cardenal Velasio De Paolis subrayó que pasa por la confesión sacramental: «deben arrepentirse, y hacer propósito de no volver a pecar y de evitar las ocasiones de pecado». Asimismo, en los casos en que hay obligaciones como la presencia de hijos, este camino de conversión «debe prever necesariamente el abandono de esa situación y tener como meta la participación en la Eucaristía»; en este sentido, «no se puede recurrir simplemente a un perdón misericordioso, a una dispensa o a una exención. Tampoco se puede plantear la hipótesis de una necesidad pastoral. Para estos elementos la ley moral no prevé y no permite estas vías de escape».

La Iglesia no puede actuar de otra manera

Actuando así -«La Iglesia no puede actuar de otra manera», señaló el cardenal italiano-, «la Iglesia sigue preocupándose por su salvación», de modo que «reza por ellos, los anima, se presenta como madre misericordiosa y los sostiene en la fe y en la esperanza», y «no los abandona a sí mismos». Citando a san Juan Pablo II, De Paolis los considera «como personas que cuidan su vida espiritual con vistas a una recuperación plena para la vida de la Iglesia», e indicó varios instrumentos que les ofrece el magisterio: escuchar la Palabra de Dios, frecuentar el sacrificio de la Misa, perseverar en la oración, incrementar las obras de caridad, educar a los hijos en la fe cristiana, cultivar el espíritu y las obras de penitencia…

El Presidente emérito de la Prefectura de Asuntos Económicos alertó asimismo de que «algunos pretenderían por parte de la Iglesia una mera adaptación a los fenómenos culturales del momento», y que «la presión para conformarse con esa cultura es fuerte»; sin embargo, «la Iglesia debe ponerse a la escucha del mundo y de los fieles, pero sabiendo que la respuesta que debe ofrecer no es suya, sino del mismo Dios; los remedios para el pueblo de Dios no son ni pueden ser los que invente la sabiduría humana, sino los que provienen de Dios».