[La Cigueña de la Torre] Si todos vamos a ir al cielo, todos, sin excepción, es absurdo ser católico. Incluso buena persona. A vivir, que son tres días, y adios fidelidad matrimonial, honradez profesional, caridad con los pobres, buen trato a los obreros por parte del patrón, preocupación por el Tercer Mundo, sexo a tope incluso con niños, cumplimiento de las obligaciones, no matar, no mentir, no robar… Ya no digamos ir a misa, sostener a la Iglesia en sus necesidades, meterse cura o monja, respetar a un señor vestido de blanco a quien se le da un absurdo protagonismo, bautizarse, comulgar…

Nada tendría el menor sentido. Si todos iremos al cielo, ancha es Castilla. Pero, además, ¿existe el cielo?

Son conclusiones lógicas de algunas afirmaciones que hoy circulan. Y que me parecen suicidas. ¿Quiéren cerrar el chiringuito? Porque chiringuito es algo que no sirve para nada salvo para que te saquen dinero y algunos vivan bien a costa de ello.

Menuda estafa a los curas y monjas a quienes han engañado con eso. Y a los laicos a los que nos han impuesto unos mandamientos que no sirven para nada. Porque es igual que los cumplas o no.

¿Se darán cuenta de una puñetera vez que así no pueden seguir? Porque entre otras razones no va a seguirles nadie.

Y ahora a meter la pasta en el tubo de dientes. Otra vez. ¿Y ya van…?

Francisco José Fernández de la Cigoña