Las recientes noticias de consagraciones secretas en China demuestran que el acuerdo China-Vaticano no ha logrado en modo alguno alcanzar sus objetivos.
Michael Haynes
(Per Mariam) — La noticia de que en China se están consagrando en secretos obispos de la Iglesia clandestina es explosiva, porque echa por tierra lo que afirma la Santa Sede de su relación con el estado comunista. El Vaticano tendrá que rescindir ahora el acuerdo que suscribió con el país asiático en 2018. De lo contrario corre el riesgo de quedar como cómplice de la persecución que sufren los católicos, si es que no ha quedado ya como tal.
La semana pasada el mundo católico conoció pruebas inequívocas del fracaso del mencionado acuerdo. Afirmación escandalosa, pero bien fundada. Sin embargo, ha pasado inadvertida para la gran mayoría de los católicos.
Inicialmente se firmó en 2018 como un acuerdo provisional entre Pekín y la Santa Sede con vistas al nombramiento de obispos. El papa Francisco lo describió en su momento como «escribir esta nueva página de la Iglesia católica en China».
Declaró además: «Por primera vez, se contemplan elementos estables de colaboración entre las Autoridades del Estado y la Sede Apostólica, con la esperanza de asegurar buenos pastores a la comunidad católica».
Francisco defendió su interés por la Iglesia china y por dar cumplimiento al acuerdo alegando que se fundamentaba en la aspiración a la unidad:
«Con el fin de sostener e impulsar el anuncio del Evangelio en China y de restablecer la plena y visible unidad en la Iglesia, era fundamental afrontar, en primer lugar, la cuestión de los nombramientos episcopales».
En cuanto a su objeto, Francisco añadió que «la Santa Sede no tenía —ni tiene— otro objetivo, sino el de llevar a cabo los fines espirituales y pastorales que le son propios; es decir, sostener y promover el anuncio del Evangelio, así como el de alcanzar y mantener la plena y visible unidad de la comunidad católica en China».
Desde 2018 se viene renovando cada dos años, salvo en la última ocasión, en la que prorrogó por cuatro años en 2024, lo cual quiere decir que la próxima vez que se renueve llevará una década en vigor.
A pesar de ello, el acuerdo sigue siendo sumamente confidencial. El Secretario de Estado vaticano Pietro Parolin defiende este aspecto. «El texto es confidencial porque todavía no ha sido definitivamente aprobado», declaró a la prensa vaticana en el verano de 2023.
Como saben bien los lectores de Per Mariam, el acuerdo China-Vaticano sigue siendo uno de los aspectos más polémicos del pontificado de Francisco. Para los católicos chinos, el Vaticano los traicionó. Políticos de numerosos países y organismos internacionales de defensa de los derechos humanos han fustigado igualmente el acuerdo. Entre ellos está la comisión ejecutiva del Congreso de los EE.UU. para los asuntos de China, que ha denunciado que la persecución arrecia en el país asiático de resultas del acuerdo de marras.
Pese a ello, la Santa Sede se ha mantenido firme en su defensa del acuerdo y en darle cumplimiento. China sigue llevando ventaja, porque selecciona y propone a los prelados, correspondiéndole al Vaticano la parte simbólica de aprobar a los candidatos. Pero, como se puede apreciar al leer en detalle el acuerdo, el texto no reconoce abiertamente el papel de la Santa Sede.
Consagraciones secretas
En estos últimos días se ha visto la imposibilidad de proseguir el debate sobre la eficacia del acuerdo, pues un prelado clandestino dio a conocer que la Iglesia no oficial está consagrando obispos en secreto.
En una entrevista concedida a Catholic World Report, el anónimo prelado afirmó que a fin de garantizar la supervivencia de la Iglesia en China, la Iglesia clandestina consagra de incógnito obispos para la Iglesia fiel a Roma.
Si bien afirma no estar seguro, o quizás no quiso dar cantidades exactas, expresó que al menos diez nuevos mitrados se habían consagrado nada más en la provincia en que él reside. Per Mariam ha tenido noticia de que la mayoría de dichas consagraciones ha tenido lugar de un año para acá.
Añadió también que el acuerdo ha originado un estado de emergencia en la Iglesia de su país, así como que sus paisanos católicos todavía se sienten dolidos, aparte la persecución activa, y ponen en duda la sinceridad de la preocupación de Roma por su bienestar espiritual cuando la Santa Sede aprueba obispos seleccionados por el Estado que gozan de sospechosa confianza para éste. Se preguntan quién será el Papa, Xi Jinping o León XIV?
La Oficina de Prensa de la Santa Sede sigue sin responder las preguntas del corresponsal que esto escribe sobre si el Sumo Pontífice tenía noticia de las consagraciones, si las aprueba o si el Vaticano no hace caso. Ahora que han salido a la luz las consagraciones, es importante que la Iglesia sepa si la Santa Sede las aprobó y cuánto sabía.

El cardenal Parolin, artífice principal del acuerdo
A pesar de no haber recibido respuesta, la Iglesia clandestina ha demostrado que la política vaticana en cuanto a China está viciada de raíz. Políticos y activistas llevan años diciéndolo, y la Iglesia clandestina lo demuestra ahora en su vida diaria.
Recién firmado el acuerdo en 2018, la agencia Asia News reveló que los católicos clandestinos se sentían traicionados por Roma. Y parece ser que ese sentimiento se ha incrementado.
Es más, la Iglesia clandestina teme por la integridad de la Fe. De ahí que se hable de un estado de emergencia, con los prelados más preocupados por la transmisión de la Fe católica en vez del credo contaminado de comunismo que impone Pekín.
En 2018 el papa Francisco afirmó que el acuerdo tenía por objeto «llevar a cabo los fines espirituales y pastorales que le son propios; es decir, sostener y promover el anuncio del Evangelio, así como el de alcanzar y mantener la plena y visible unidad de la comunidad católica en China». Los católicos clandestinos son la prueba del rotundo fracaso del acuerdo.
Volviendo a la cuestión de si el Vaticano tenía noticia de las consagraciones secretas, la respuesta que más pondría en evidencia a la Santa Sede es que ésta no sabía nada. Parecería extraño que esta fuera la opción más favorable, pero hay que tener presente la realidad.
Los organismo de control de la libertad religiosa informan constantemente de que la persecución se ha agravado en China precisamente por culpa del acuerdo. Si resulta que Roma sabía del fracaso del acuerdo, hasta el punto de que los prelados clandestinos se han visto obligados a consagrar a otros de incógnito a fin de preservar la Fe, y a pesar de todo la Santa Sede sigue renovando el acuerdo, sería cómplice de la persecución de su propia grey.
Por raro que parezca, los católicos deberían esperar por tanto que se haya enterado de las consagraciones clandestinas al mismo tiempo que todo el mundo.
En cuanto al futuro, está claro que la Iglesia clandestina ama a Roma pero no se fía de ella. Ama lo bastante a la Santa Sede para arriesgarse a ser perseguida por ser fiel a la Iglesia, pero desconfía de los criterios del Vaticano y de su aprobación de obispos. Los católicos clandestinos saben lo que ha hecho desde el primer momento la Santa Sede: no es posible llegar a un trato con Pekín y salir ganando.
Hasta 2028 no toca renovar el acuerdo con China. En ese momento, León se verá obligado a tomar una decisión de peso: o se planta firme y lo rescinde, o los católicos chinos padecerán más persecución. Si no se hace nada, los chinos seguirán imponiendo su voluntad y la Iglesia será cómplice de su persecución.
El destino de los católicos chinos y la integridad moral del Vaticano dependen de que éste revoque el fatídico acuerdo.





























