Homilía en Santa Marta
“Dios nos libre del espíritu mundano y del pensamiento único”
El Pueblo de Dios prefiere alejarse del Señor ante una propuesta de mundanidad. Acabamos de leer en la primera lectura1, del Libro de los Macabeos, la raíz perversa de la mundanidad. Los jefes del pueblo ya no quieren que Israel se quede aislado de las demás naciones, y abandonan sus propias tradiciones para ir a tratar con el rey. Van a negociar, y lo hacen con entusiasmo. Es como si dijeran: “Somos progresistas y vamos con el progreso donde va toda la gente”. Se trata del espíritu del progresismo adolescente que se cree que cambiar todo es mejor que permanecer en la costumbre de la fidelidad. Y esa gente negocia con el rey la fidelidad al Dios siempre fiel. Eso se llama apostasía, adulterio. Porque no están negociando unos valores, sino lo esencial de su ser: la fidelidad al Señor. Y eso es una contradicción: no negociar los valores sino la fidelidad. Es el fruto del demonio, del príncipe de este mundo, que nos manipula con el espíritu de mundanidad. Y luego vienen las consecuencias. Primero, asumen las costumbres de los paganos; luego, el rey prescribe en todo su reino que formen un solo pueblo y que cada uno abandone sus propias costumbres. No es la bonita globalización de la unidad de todas las Naciones, cada una con sus propias costumbres pero unidas, sino la globalización de la uniformidad hegemónica: el pensamiento único. Y el pensamiento único es fruto de la mundanidad. Después, todos los pueblos obedecen las órdenes del rey, aceptan su culto, sacrifican a los ídolos y profanan el sábado. Paso a paso, se meten por ese camino. Y, al final, el rey alzó sobre el altar la abominación de la desolación.
¡Pues eso pasa hoy también! Sí. Porque el espíritu de la mundanidad sigue estando, y nos arrastra, con ese deseo de ser progresistas, al pensamiento único. Si a alguno le encontraban el Libro de la Alianza y seguía la Ley, la sentencia del rey lo condenaba a muerte: y esto lo hemos leído en los periódicos, en estos meses. Esa gente negocia la fidelidad a su Señor. Movida por el espíritu del mundo, negocia su propia identidad, su pertenencia al pueblo al que Dios quiere tanto, al que Dios ama como pueblo suyo. Me viene a la cabeza la novela, de comienzos del 900, “El amo del mundo” que habla del espíritu de mundanidad que nos lleva a la apostasía. Hoy, con ese progresismo adolescente, se piensa que debemos ser como todos, que tenemos que ser más normales, hacer lo que hacen todos. Pero luego sigue la historia: las condenas a muerte, los sacrificios humanos. ¿Vosotros pensáis que hoy no se hacen sacrificios humanos? ¡Se hacen muchos! ¡Y hay leyes que los protegen!
Nos consuela que, ante el camino del espíritu del mundo, del príncipe de este mundo, ese camino de infidelidad, el Señor siempre permanece, ya que no puede renegar de sí mismo: es el Fiel. Siempre nos espera, nos quiere mucho y nos perdona cuando, arrepentidos de cualquier pequeño paso dado en el espíritu de mundanidad, acudimos a Él, al Dios fiel ante su pueblo infiel.Con el espíritu de hijos de la Iglesia, pidamos al Señor que, con su bondad y su fidelidad, nos libre de ese espíritu mundano que todo lo negocia; que nos proteja y nos haga avanzar, como hizo con su pueblo en el desierto, llevándolo de la mano, como un padre lleva a su hijo. De la mano del Señor estaremos seguros.

1 El Papa ha tomado las lecturas continuadas, no las del propio de hoy.
Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".