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Homilía para no católicos

Domingo IV de Adviento
(Lc 3: 1-6)

Esta homilía está especialmente dirigida a aquellos que no son católicos. Este grupo está a su vez dividido en:

1. Aquellos que han sido siempre ateos y aquellos que fueron católicos, pero apostataron de su fe.

2. Aquellos que se llaman a sí mismos católicos pero que están fuera de la verdadera Iglesia fundada por Jesucristo, pues han preferido seguir una doctrina que es diferente a la enseñada por Él.

A los del primer grupo yo les diría que consideraran su modo de vivir y pensar. Es imposible demostrar que Dios no existe. ¿En qué se basan para decir que Dios no existe? ¿En el evolucionismo? Cristo demostró con dichos y hechos quién era. Cristo nos enseñó el valor de la verdad… Lo que tenemos que hacer es reconocer nuestra pequeñez y nuestra deficiencia y poner nuestra confianza en Dios.

A los del segundo grupo, aquellos que se creen católicos pero que no lo son, pues están siguiendo una Iglesia y unas enseñanzas que son diferentes a las de Cristo; han rechazado a Cristo, sus enseñanzas…, para inventarse una nueva que no procede de Él. A ellos yo les diría que se esfuercen en buscar la verdad, pues se juegan su salvación. Hoy se dice que la conciencia de cada individuo es autónoma y que cada uno ha de decidir según su conciencia. A lo que yo les diría que ese modo de pensar es erróneo, pues somos criaturas de Dios, y es Dios quien nos dijo lo que era bueno o malo. Cuando le preguntaron a Cristo qué es lo que debían hacer para alcanzar la vida eterna, Cristo les respondió: “cumplir los mandamientos”. Hemos de atenernos a las palabras de Cristo y no a las de los falsos profetas.

La Iglesia moderna ha eliminado el sentido del pecado, y con ello, se ha ocasionado la degradación de la humanidad con la consiguiente exaltación y legitimación del vicio. Recordemos lo que nos dijo S. Pablo: “¿Es que no sabéis que los inicuos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis, fornicarios, idólatras, adúlteros, afeminados, sodomitas… no heredarán el reino de los cielos”….

Ya el mismo San Pablo nos previno: “Si alguno os anunciara un evangelio diferente del que habéis recibido, sea anatema…”

Así pues, ¿qué hemos de hacer en este difícil momento de la historia? Amar a Jesucristo. Eso es lo que a mí me da fuerzas y alegría. El amor a Cristo nos dará criterio para entender lo que pasa y no permitir que seamos engañados.




Padre Alfonso Gálvez
Padre Alfonso Gálvezhttp://www.alfonsogalvez.org/
Nació en 1932. Licenciado en Derecho. Se ordenó de sacerdote en Murcia en 1956. Entre otros destinos ha estado en Cuenca (Ecuador), Barquisimeto (Venezuela) y Murcia. Es Fundador de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, aprobada en 1980. Desde 1982 reside en El Pedregal (Mazarrón-Murcia). A lo largo de su vida ha alternado las labores pastorales con un importante trabajo redaccional. Ha publicado Comentarios al Cantar de los Cantares (dos volúmenes), La Fiesta del hombre y la Fiesta de Dios, La oración, El Amigo Inoportuno, Apuntes sobre la espiritualidad de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, Esperando a Don Quijote, Homilías, Siete Cartas a Siete Obispos, El Invierno Eclesial, Los Cantos Perdidos y El Misterio de la Oración. Para información adicional visite su web http://www.alfonsogalvez.com

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