Informe de situación de la FIUV

La Federación Internacional Una Voce (FIUV), entidad que agrupa internacionalmente a organizaciones seglares vinculadas con la Misa Tradicional, publica desde 2012 breves informes de situación sobre aspectos concretos del Misal de 1962, en particular aquellos que podrían resultar confusos y requerir una explicación para quienes no estén familiarizados con el Rito Extraordinario, así como sobre aquellos que pudieran considerarse objeto de reforma dentro de la constante evolución del Rito Extraordinario prevista en el motu proprio Summorum Pontificum de 2007. La colección completa se puede consultar aquí.

Tras una pausa durante el verano (el último informe trató sobre el Beso de la Paz), tengo el placer de presentar un nuevo informe de situación, el número 20. En esta ocasión trata de algunos aspectos del calendario del Rito Extraordinario: Septuagésima, vigilias y octavas. Como todos sabemos, la Septuagésima, la temporada de tres domingos que preceden al Miércoles de Ceniza, no existe en el Rito Ordinario, siendo éste uno de los conflictos que más destacan entre ambos calendarios en las parroquias donde se celebran ambos ritos. La Septuagésima siguió observándose entre los anglicanos después de la Reforma, y forma parte del calendario del ordinariato. En este enlace he añadido algunos comentarios sobre los temas en cuestión.

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Misa del Domingo de Septuagésima en Reading (Inglaterra) en la capilla de la Fraternidad de San Pedro, celebrada por el P. Ángel Alfaro, FSSP, que reside habitualmente en Colombia.

La versión pdf del documento se puede consultar aquí.

A mediados de noviembre, espero publicar el próximo informe.

FIUV – INFORME DE SITUACIÓN Nº20 DE LA FIUV:

SEPTUAGÉSIMA, VIGILIAS Y OCTAVAS EN EL RITO EXTRAORDINARIO

La Septuagésima, las vigilias y las octavas constituían una parte importante de la antigua tradición litúrgica latina. Continúan en el calendario de 1962, si bien con bastante menos vigilias y octavas que en el de 1956.[1] En el presente informe nos proponemos explicar la misión de dichos aspectos en los calendarios históricos. Muchos de los puntos que tratamos en el presente informe se podrían aplicar también a los días de Témporas y Rogaciones, pero por falta de espacio no nos es posible hablar de ellos ahora.

Historia de la Septuagésima

Abarca los domingos (y las subsiguientes semanas) de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima, y sirve de preparación para la Cuaresma. Durante este tiempo, si bien no rigen las normas de ayuno de Cuaresma, el color litúrgico es el morado de penitencia, y se excluyen el gozoso Alleluia y el Gloria in Excelsis.[2] De esa forma, junto con las rúbricas adecuadas a la ocasión, se expresa el carácter penitencial del momento.

En tiempos del papa Gregorio Magno (†604) ya se empezaba a establecer un periodo de preparación a la Cuaresma en la liturgia romana. En el siglo VI se extendió al Domingo de Sexagésima, y más tarde se amplió una semana más para incluir la Septuagésima.[3] Las lecturas del Evangelio sobre todo preparan a los fieles para Cuaresma, Semana Santa y Pascua.[4]

La importancia de dichos domingos queda señalada por el lugar donde se celebra la misa pontificia en esas fechas, que son las tres basílicas extramuros de Roma: San Lorenzo, San Pablo y San Pedro. El oficio comienza por el libro del Génesis en Septuagésima, y se continúa durante los domingos de Cuaresma.

Los nombres por los que se conocen dichos domingos indican aproximadamente el tiempo que falta para la Semana Santa, en paralelo con la Cuadragésima o primer Domingo de Cuaresma. La Septuagésima conmemora los setenta años de exilio en Babilonia, como señaló el comentarista medieval Amalario.[5]

Los ritos orientales tienen también su periodo de preparación para la Cuaresma, que datan igualmente de tiempos muy remotos: El Domingo de Carnestolendas, que inicia la abstinencia de carne, y otro domingo a partir del cual se inicia la abstinencia de huevos y productos lácteos.

La Septuagésima aparece también en el Book of Common Prayer or libro de oración común de la Iglesia Anglicana y en la práctica histórica de numerosas iglesias luteranas.

La Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, se refirió en los siguientes términos al año litúrgico:

Revísese el año litúrgico de manera que, conservadas o restablecidas las costumbres e instituciones tradicionales de los tiempos sagrados de acuerdo con las circunstancias de nuestra época, se mantenga su índole primitiva para alimentar debidamente la piedad de los fieles en la celebración de los misterios de la redención cristiana, muy especialmente del misterio pascual.[6]

Por consiguiente, causa estupor que el Consilium posterior al Concilio decidiera abolir la Septuagésima, y más teniendo en cuenta que forma parte de la preparación para la Pascua. El arzobispo Annibale Bugnini evocó el debate en una nota a pie de página:

Hubo desacuerdo en cuanto a la supresión de la Septuagésima. Algunos vieron en estas semanas una aproximación a la Pascua. En una ocasión, el papa Pablo VI comparó el conjunto de la Septuagésima, la Cuaresma, la Semana Santa y la el Triduo Pascual con las campanas que convocan a los fieles a la Misa dominical. Los toques que tienen lugar una hora, media hora, un cuarto de hora y cinco minutos antes de la Misa producen un efecto psicológico que prepara a los fieles física y espiritualmente para la celebración litúrgica. Sin embargo, más tarde se impuso la idea de que debía hacerse una simplificación: no era posible restablecer la plena importancia de la Cuaresma sin sacrificar la Septuagésima, que es una ampliación de la Cuaresma.[7]

Razón de ser de los calendarios antiguos

La lógica tras los motivos de la innovación parece haber sido que el carácter penitencial de la Septuagésima, con el color morado y la supresión del Aleluya y el Gloria, confundía a los fieles y les apartaba los ojos de la Cuaresma. El liturgista Lauren Pristas comenta al respecto:

Por necesidad, un periodo de preparación aumenta en lugar de disminuir la importancia de aquello que se prepara. Además, la preparación en general garantiza una participación mejor o más plena en el acto en sí.

La especial importancia de la época penitencial de Cuaresma exige una minuciosa preparación: al omitirla se corre el peligro de que los fieles se vean tratando de hacer ajustes y hasta de decidir cómo observarán la Cuaresma durante la propia Cuaresma. No sólo eso: esta temporada posee una liturgia particularmente rica y ancestral. El liturgista László Dobszay, junto con otros propulsores de la “Reforma de la Reforma”, ha propuesto restablecer la Septuagésima en el Rito Ordinario [8] Actualmente, la Septuagésima se encuentra en el Ordinariato de Nuestra Señora de Walsingham.

Historia y razón de ser de las vigilias y octavas

Las vigilias tienen mucha antigüedad en el calendario romano. En su origen, se suele distinguir el la costumbre del antiguo rito romano de una noche de vigilia o vela, con unas lecturas y oraciones que precedían a la celebración de la Misa al amanecer. Hay pruebas documentales de ello en Roma y en los ritos latinos a partir del siglo IV [9], así como la costumbre griega de las prefiestas o preparaciones de las festividades. La fiesta de la Natividad de Nuestro Señor tiene vigilias de las dos clases: la Misa de Gallo a media noche y una vigilia aparte en Nochebuena. El comentarista litúrgico beato Ildefonso Schuster planteó que cuando se volvió dificultosa la celebración de las misas al alba estas misas se emplearon para la vigilia y se crearon unas nuevas rúbricas para la fiesta propiamente dicha.[10]

Se siguieron creando viglias que se celebraban la mañana previa de la víspera de la fiesta. El objeto de dichas vigilias era, como dice Parsch, tener un día de preparación espiritual y purificación interna.[11] La liturgia es, en general, penitencial, y con frecuencia explora un aspecto concreto de la fiesta que podría quedar descuidado en la celebración principal.

Los periodos de preparación penitencial para un acto de particular importancia espiritual tienen su origen en lasa Escrituras, y encuentran su máxima expresión litúrgica en Adviento y Cuaresma.[12] Las vigilias del calendario antiguo cumplen esta misión en las fiestas más importantes del resto del año.

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento aparecen octavas de festividades relacionadas con el culto del Templo.[13] En los Maitines de la octava de la dedicación de una iglesia se leía hasta 1956 la explicación del simbolismo que dio Juan de Ivry (†1079):

Las fiestas principales son celebradas a lo largo de ocho días, debido a que el mundo evoluciona a través de seis edades. La séptima edad es el descanso de las santas almas hasta la resurrección final. La octava es el reino de Dios después de la resurrección eterna. Y por esta razón el octavo día es observado con mayor solemnidad especialmente debido a que la gloria de Cristo será eterna en ese reino y el júbilo será inenarrable. Así que mientras celebramos nuevamente las fiestas de los santos, compartimos en el júbilo del descanso de esas almas en su solemnidad y de su gloria en su resurrección en el octavo día.[15]

La relación entre la celebración de la octava y la vida celestial se refleja en el propio de algunas octavas.

Pius Parsch da una explicación práctica:

La Santa Madre Iglesia es buena psicóloga; entiende a la perfección la naturaleza humana. Cuando llega una festividad, el alma, llena de asombro, no está preparada del todo para meditar su misterio en profundidad. Sin embargo, en los días que siguen la mente está en situación de considerar con facilidad el misterio desde todos los ángulos, a fondo y por simpatía. Y una octava brinda una oportunidad ideal de sintetizar todos los puntos tratados.[16]

Es evidente que tiene que haber un límite entre la cantidad de vigilias y fiestas que se puedan incluir en el calendario sin crear impedimentos entre sí y con otras festividades. Este problema se ha debatido en sucesivas reformas del calendario, en particular la de 1910.[17] La de 1955 hizo eliminaciones mucho más radicales que en fechas previas o posteriores, y hay motivos de peso para restablecer muchas vigilias y octavas antiguas. El propio Rito Ordinario contiene una Misa para la Vigilia de Epifanía que se encontraba entre las abolidas en la reforma de 1955.[18]

Conclusión

Especial importancia tiene en el año litúrgico el equilibrio entre los aspectos gozosos y penitenciales. Uno de ellos es la disciplina del ayuno, de la que no tratamos en este informe;[19] otro es el aspecto meramente litúrgico, en el que se amplía y estudia la alegría de las grandes festividades, si bien contrastado con un día o una temporada de, como dice Parsch, purificación interior. En estos casos las vestiduras son de color morado y la liturgia nos recuerda la necesidad del perdón y la gracia.

En líneas generales es cierto que la disciplina de la Iglesia era mucho más exigente en cuanto a penitencia en sus primeros tiempos, lo cual se refleja en los aspectos penitenciales de la liturgia. A pesar de ello, se podría decir con mucha más precisión que el calendario del Misal de 1962, y mucho más todavía el anterior a 1956, presentan en comparación con el de 1970 una serie de constrastes más acusados en cuanto a penitencia y celebración. En parte se debe a que se pone más el acento en el ciclo santoral en general.[20] Sin embargo, es igual de importante ampliar la celebración de las fiestas con octavas, equilibrando los periodos más frecuentes o prolongados de preparación con vigilias y con la celebración de la Septuagésima. Se podría considerar parte del genio de la antigua tradición litúrgica latina según se ha desarrollado en sus aspectos similares a la liturgia bizantina. Ofrece a los fieles una abundante variedad, nos saca de nosotros mismos y nos lleva a identificarnos con los temas del año litúrgico.

Anexo A: Vigilias y Octavas en las Reformas de 1955 y 1970

Festividades con Vigilias y/o Octavas antes de la reforma de 1955, efectiva desde 1956. Aquellas que no fueron abolidas por esa reforma y por lo tanto existentes en el Calendario de 1962, en negrita

Fiestas fijas

6 de Enero: Epifanía del Señor: vigilia y octava

(21 de Enero: Santa Inés, Virgen y Mártir: octava)[21]

24 de Feberero: San Matías, Apóstol: vigilia

24 de Junio: Natividad de S. Juan Bautista: vigilia y octava

29 de Junio: San Pedro y San Pablo, Apóstoles: vigilia[22] y octava

25 de Julio: Santiago Apóstol: vigilia

10 de Agosto: San Lorenzo, Diácono y Mártir: vigilia[23] y octava

15 de Agosto: Asunción de la Ssma. Virgen: vigilia[23] y octava

24 de Agosto: San Bartolomé, Apóstol: vigilia[24]

8 de Septiembre: La Natividad de Ntra. Señora: octava

21 de Septiembre: San Mateo, Apóstol y Evangelista: vigilia[25]

28 de Octubre: Santos Simón y Judas, Apóstoles: vigilia

1 de Noviembre: Fiesta de Todos los Santos: vigilia y octava

30 de Noviembre: San Andrés, Apóstol: vigilia

8 de Diciembre: Inmaculada Concepción de María: vigilia y octava

21 de Diciembre: Santo Tomás, Apóstol: vigilia

25 de Diciembre: Natividad de Nuestro Señor: vigilia y octava

26 de Diciembre: San Esteban, Protomártir: octava

27 de Diciembre: San Juan, Apóstol y Evangelista: octava

28 de Diciembre: Santos Inocentes: octava

Fiestas móviles

Pascua: vigilia[26] y octava

Solemnidad de San José: octava[27]

Ascensión del Señor: vigilia y octava

Pentecostés: vigilia y octava

Corpus Christi: octava

Sagrado Corazón de Jesús: octava

Fiestas Locales

Titular de la iglesia: octava

Dedicación de la iglesia: octava

Titular de la catedral: octava

Dedicación de la catedral: octava

Santo Patrono:[28] octava

Todas las vigilias celebradas antes de 1956 exigían el uso de vestimentas moradas, excepto las vigilias de Epifanía y Ascensión, a las que les correspondía el color blanco. El Código Canónico de 1917 (can.1252) demandaba ayuno y abstinencia en cuatro de ellas: las de Pentecostés, Asunción, Todos los Santos y la Natividad de Nuestro Señor.[29]

Entre 1910 y 1955 las octavas tenían diferentes rangos como Privilegiadas (de Primera, Segunda o Tercera Clase), Comunes o Sencillas: en el grado más alto ninguna otra fiesta era celebrada durante la octava; en el más bajo, la festividad sólo era marcada en el octavo día. En cada caso, el octavo día contempla una celebración relacionada con la festividad, ya sea con una repetición de la Misa correspondiente a ésta, o con una Misa correspondiente a la octava.

De las 15 festividades que tenían vigilias antes de 1956, cuatro vigilias coincidían con alguna otra fiesta importante, tal como se refiere en las notas al pie de página de la lista mencionada más arriba. En estos casos la vigilia podía celebrarse en Misas privadas y en las iglesias colegiales (Colegiata) ambas festividades se celebrarían en diferentes Misas públicas. Las festividades que hubieran podido superponerse con las cinco vigilias mantenidas luego de 1956 fueron movidas. Esfuerzos similares se hicieron con el fin de reducir el número de festividades que se celebraban dentro de las octavas subsistentes.[30]

En el Calendario de 1970, el concepto de Misa de Vigilia como liturgia del día precedente a una festividad no existe, en su lugar encontramos una “Misa propia de vigilia” “para la tarde de la víspera, si se celebra la Misa vespertina”[31]

Con referencia al Missale Romanum de 2008, la lista de Misas Propias de vigilia es la que sigue:

Fiestas fijas

6 de Enero: Epifanía del Señor

24 de Junio: Natividad de San Juan Bautista

29 de Junio: Santos Pedro y Pablo

15 de Agosto: Asunción de la Viren María

25 de Diciembre: Natividad del Señor

Fiestas móviles

Ascensión del Señor

Pentecostés

Esto difiere de la lista de vigilias del Misal de 1962 al excluir la fiesta de San Lorenzo e incluir la Epifanía. La Vigilia de Epifanía había sido abolida en 1955.

La vigilia en el sentido de una Misa celebrada durante la noche anterior antes del amanecer del día de la festividad, que muchas veces en la práctica se celebra la tarde anterior, también existe para la Pascua y la Natividad de Nuestro Señor (en este último caso, sumada a la “Misa propia de vigilia”)

En el Calendario de 1970 las octavas existen para Pascua y para la Natividad de Nuestro Señor, a diferencia del Calendario de 1962 al excluir Pentecostés.

Anexo B: Pérdidas del Repertorio de Cánticos en la Reforma de 1955

La mayoría de los cánticos usados para las vigilias y octavas propias abolidas en 1955 se encuentran en diferentes lugares a lo largo del Calendario de la Iglesia y de ese modo continúan formando parte del Repertorio usado en la Forma Extraordinaria pero otros no, salvo que eventualmente sean usados para festividades locales o de órdenes religiosas. Son los siguientes:

Común para las Vigilias de los Apóstoles

(usado para los Apóstoles San Mateo, Santiago, San Bartolomé y Santo Tomás)

Introito: Ego autem sicut oliva

Vigilia de Todos los Santos

Introito: Iudicant sancti

Gradual: Exsultabunt sancti in gloria

Vigilia de San Andrés

Introito: Dominus secus mare

Comunión: Dicit Andreas Simoni

Vigilia de Ss. Simón y Judas

Gradual: Vindica Domine sanguinem

Octava de San Pedro y San Pablo

Aleluya: V. Vos estis qui permansistis

Vigilia de la Inmaculada Concepción

Introito: Venite, audite, et narrabo

Gradual: Sapientia aedificavit

Ofertorio: Ego dilecto meo

Comunión: Quae est ista

Los cantos para la festividad de la Inmaculada Concepción son de una composición relativamente reciente, pero otros de los listados pertenecen al estrato identificable más antiguo del Repertorio, anterior al año 800[32] Dom Dominic Johner en su comentario al Gradual Romano (que desafortunadamente no trata directamente acerca de las vigilias y las octavas), llama a la Antífona de Comunión de la Vigilia de San Andrés Dicit Andreas Simoni “una de las gemas del Gradual”.[33]

Cinco de estos cánticos han sido restaurados en su uso en el Graduale Romanum [34], un ejemplo de la restauración de elementos de la liturgia para el restablecimiento del vigor que poseían “de acuerdo con la primitiva norma de los Santos Padres” [35] evocada por el Concilio Vaticano II. Su ausencia de los libros…

[1] El decreto de la Sagrada Congregación de Ritos de reformación de vigilias y octavas, Cum nostra, se promulgó en 1955 y entró en vigor en 1956. Véase también el Apéndice A.

[2] El Aleluya se sustituye, como para la Cuaresma, con uno de los Himnos

[3] Lauren Pristas “Lanzado en paracaídas en la Cuaresma” Usus Antiquior Vol 1 n.2, 2010, pp 95-109, p96, citando Camille Callewaert y San Gregorio Magno: cf. Homilías sobre Evangelia XIX.1 _ Callewaert, Obra Litúrgica de San Gregorio: la Septuagésima y El aleluya (Lovaina: Universidad Católica de Lovaina, 1937) _ P648 n.46.

[4] Las lecturas del Evangelio para los tres domingos son, respectivamente, la Parábola de los obreros de la Viña (Mateo 20: 1-16), la parábola del sembrador (Mateo 13:1-23), y Jesús yendo a Jerusalén, la cura del ciego Bartimeo (Lucas 18: 31-43).

[5] Ecclesiasticis Officiis de Amalario: I.1, PL 105.993ff

[6] Sacrosanctum Concilium 107: ‘Annus liturgicus ita recognoscatur ut, servatis aut restitutis sacrorum temporum traditis consuetudinibus et disciplinis iuxta nostrae aetatis condiciones, ipsorum indoles nativa retineatur ad fidelium pietatem debite alendam in celebrandis mysteriis Redemptionis christianae, maxime vero mysterio paschali.’

[7] Annibale Bugnini: La Reforma de la Liturgia 1948-1975 ( Edición en Inglés : Collegeville MN: Litúrgica Press, 1990) n6 P307. En el texto principal, hablando de las decisiones del Concilio en 1965, escribe que “en general los textos actuales se mantendrán en su lugar ‘. Esto, sin embargo, aunque favorecido por los consultores cuyos puntos de vista se había buscado, resultó imposible. El plan de una serie continua de domingos de “tiempo ordinario” antes y después de la Cuaresma y en el tiempo de Pascua, significaba que el domingo que cae en un año, inmediatamente antes de la Cuaresma, en otro año cae después de Pentecostés, o bien varias semanas antes de la Cuaresma. Después de haber decidido abolir la Septuagésima como un tiempo litúrgico separado, la programación de la Misa no podía mantenerse debidamente, perdiéndose debido a ello. El proceso de discusión y los resultados son abordados en detalle por Pristas op. cit ..

[8] László Dobszay, La Restauración y Desarrollo Orgánico del Rito Romano (Londres: T & T Clark, 2010) P133

[9] La celebración de la Vigilia de San Lorenzo se menciona en la Vida de Santa Melania la Joven, que de niña no se le permitió asistir pues era demasiado joven (véase Pío Parsch Año de Gracia de la Iglesia Edición en Inglés : Collegeville, MN: Liturgical Press, 1962 Vol 4 P304).. Ildefonso Schuster El Sacramentario ( Edición en Inglés :

Londres, Burns Oates & Washbourne, 1929) Vol. IV P2: “Así que sabemos por Poncio, diácono adjunto a San Cipriano, que en Cartago el aniversario de un mártir era precedido por una vigilia en la noche …, y encontramos en el Acta de San Saturnino de Toulouse que su nacimiento era celebrado no sólo por una vigilia de la noche, pero también con el canto de himnos y la ofrenda del Santo Sacrificio al amanecer ‘.

[10] Véase la obra citada de Schuster Vol. IV P 263. Un proceso como éste sin duda se llevó a cabo durante los sábados de témpora: la misa de hoy (en la forma extraordinaria) celebrada el sábado antes, era un servicio de vigilia, lecturas y oraciones, seguida de una misa que era celebrada en la madrugada; hoy día la Misa del Domingo comparte el mismo Evangelio y es de más tarde constitución

[11] Parsch, Obra citada . Vol. p318 IV

[12] Notas de Prosper Guéranger: ‘Moisés ayunó durante cuarenta días en preparación para recibir los Diez Mandamientos (Ex 34:28). El profeta Daniel ayunó durante tres semanas antes de recibir su visión (Daniel 10: 2-6). El profeta Elías ayunó cuarenta días antes de que Dios le hablara (1 Reyes 19: 8). Y todos sabemos que Cristo nuestro Salvador ayunó durante cuarenta días en preparación para la tentación del diablo y para el comienzo de su ministerio (Mt 4: 1-11, Lucas 4: 1-13) “El año litúrgico ( Edition en Inglés. Great Falls, MT: Publicaciones San Buenaventura, 2000) Vol. I p 469.

[13] Levítico 23:36 en la Fiesta de los Tabernáculos ordena que : “El octavo día también será cosa muy solemne y muy santa, celebrarán asamblea y deberán ofrecer holocaustos al Señor.” (“dies quoque octavus erit celeberrimus atque sanctissimus et offeretis holocaustum Domino ‘). Este patrón fue seguido en la dedicación del templo de Salomón (I Reyes 8: 65-66, 2 Crónicas 7: 8-9), y Nuestro Señor tomó parte de la fiesta durante su ministerio activo. Juan 7:37:Y en el último gran día de la fiesta, Jesús se puso de pie y clamando dijo :. “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (“‘In novissimo autem die magno festivitatis stabat Jesus, et clamabat dicens: Si quis sitit, veniat ad me et bibat ‘) Estos precedentes fueron reconocidos por Guéranger, op. cit. Vol. I p 469.

[14] En el Segundo Nocturno este se atribuye al papa Félix IV (d.530), De consecratione, dist. 1, cc. 2 _ 17.

[15] Juan de Ivry, De Officiis ecclesiasticis, PL 147, col. 42C:: ‘Ideo praecipuae festivitates octo diebus coluntur, quia sex aetatibus vergitur mundus; septima aetas est usque ad universalem resurrectionem requies animarum sanctarum; octava, regnum Dei post resurrectionem sempiternam: et ideo octava dies agitur celebrior, quia in ipso regno Christi gloria erit sempiterna, et ineffabilis exsultatio. Et iterum dum sanctorum festa celebramus, in die solemnitatis eorum animarum requiei congaudemus, in octavo eorum in gloria resurrectioni.’

[16] Op Parsch. cit. Vol.I P 244

[17] La forma de más alto rango de octava impide que se celebre cualquier otra fiesta durante la octava; incluso aquellas de menor rango el propio día de la octava, como una vigilia, pueden entrar en conflicto con otras fiestas. Véase el Apéndice A para ejemplos de este tipo de oposición..

[18] En el contexto de la forma ordinaria, una vigilia de esta Misa sólo puede ser celebrada en la tarde del día anterior a la fiesta: véase el Apéndice A.

[19] Sin embargo ver a continuación el Apéndice A.

[20] Véase la Positio 15: ‘El Leccionario de la forma extraordinaria’, 9

[21] La segunda fiesta de Santa Inés, el 29 de enero no es generalmente llamada una octava, pero sin duda se parece a una. Las dos fiestas, de gran antigüedad, se describen, respectivamente, de su “pasión” y de su (celestial) ‘Natividad’ en el sacramentario Gelasiano y en la lista de evangelio del manuscrito Würzburg; su designación como “primera” y “segunda”, utilizados en el calendario de 1962, viene de la Sacramental Gregoriana, donde también se encuentran las fiestas. Ver W.H. Estudios Frere en Romano Temprano Liturgia Vol. I: El Kalendar (Oxford: Oxford University Press, 1930), p. 89

[22] El mismo día de la fiesta de San Ireneo.

[23] El mismo día de la fiesta de San Juan María Vianney.

[24] El mismo día de la fiesta de San Felipe Benicio.

[25] El mismo día de la fiesta de San Eustaquio y acompañantes .

[26] En 1955, la Vigilia de Pascua fue trasladada del día antes del Domingo de Pascua para la medianoche (a menos que previsto) del propio Domingo de Pascua.

[27] Esta se celebraba el tercer miércoles después de Pascua; Fue abolida, en favor de la fiesta de San José Obrero el 1 de mayo, en 1955; San José Obrero no tiene una octava.

[28]como explica el liturgista JB O’Connell (en su Glosario de términos litúrgicos): ‘El santo elegido por un lugar (país, provincia, diócesis, ciudad, pueblo) o por una persona moral (una sociedad), y constituido mediante la aprobación de la Santa Sede, como un objeto de honor especial, y defensor particular de la persona ante Dios’ JB O’Connell la Celebración de la misa del lugar o:. un estudio de las rúbricas del Misal Romano (Milwaukee WI: The Bruce Publishing Company, 1964). Cf. 1917 Código de Derecho Canónico 1268.

[29] Además, este canon ordena el ayuno y la abstinencia el Miércoles de Ceniza, todos los Viernes y Sábados de Cuaresma, y los días de Témpora. La abstinencia sin ayuno se requiere todos los viernes que no son de Cuaresma, y el ayuno sin abstinencia, todos los otros días de la Cuaresma, salvo los días de precepto. En caso de una fiesta que caiga en lunes, la vigilia se celebra el sábado, pero sin ayuno.

[30] Cfr Pío Parsch op. cit. Vol. 1 P 232 ‘Solía ser bastante inquietante celebrar las fiestas de Santo Tomás y San Silvestre durante la octava de Navidad; ya que no tienen relación alguna con la fiesta. Sin embargo, con la reforma de 1960, han sido reducidas a conmemoraciones, lo cual permite una meditación más prolongada sobre el misterio de la Navidad. “

[31] Instrucciones Generales del Misal Romano: Normas Universales sobre el Año Litúrgico y el Calendario general romano, 11

[32] La excepción es el Aleluya V. Vos estis. Sin embargo, esto se encuentra en los quince libros de canto que datan de antes de finales del siglo XI: véase Karl-Heinz Schlager Thematischer Katalog der ältesten Aleluya-Melodien (Munich: W. Ricke, 1965) pp 217-8.

[33] Dom Dominic Johner, Cantos del Gradual Vaticano, traducido del alemán por los monjes de la Abadía de San Juan ( Collegeville MN: St John University Press, 1940) P356.

[34] A saber los introitus ‘Ego autem’, ‘Iudicant sancti’, y ‘Dominus secus mare’, el Gradual ‘Exsultabunt sancti’, y el de la Comunión ‘Dicit Andreas Simoni “.

[35] Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium 50: ” los elementos que han sufrido lesiones por accidentes de la historia se han de restaurar ahora con el vigor que tenían en los días de los Santos Padres, como parezca justo útil y necesario . “(” ‘restituantur vero ad pristinam sanctorum Patrum normam nonnulla quae temporum iniuria deciderunt, prout opportuna vel necessaria videantur.. “)

Traduccion por: [J.E.F, Juan Campos Carlés, Zela Fabbri]

ARTÍCULO ORIGINAL